18 de diciembre de 2015

5 Curiosidades sobre los Terópodos de las que NO Quiere Enterarse

Saludos a todos.

En esta ocasión, hablaremos de algunos datos curiosos sobre los terópodos que usualmente, no se mencionan en los medios o bien, éstos presentan de forma errónea o hasta contradictoria. Pues es de tener en cuenta que en las películas, videojuegos e incluso, en algunos documentales, se suele mostrar una imagen errónea sobre estos animales de modo que ésta resulte ser más cautivadora para el público, llevando a percepciones que a menudo son inconsistentes con lo que nos revela la ciencia. Y antes de comenzar, avisamos que algunos de estos puntos pueden parecer desconcertantes para algunas personas (de ahí, el título de la entrada) y por esta razón, advertimos que proceda con precaución y moderación al leer el resto de la misma. Dicho esto, continúe bajo su discreción.

Muy bien, comencemos:

1) Muchos terópodos poseen plumas

Si está familiarizado con este grupo de dinosaurios, este dato no le resultará nada sorprendente. Y es que durante años, se han descubierto pruebas de que numerosas especies de terópodos poseían algún u otro tipo de plumaje en su cuerpo. Generalmente, las especies en las que se ha encontrado evidencia de plumaje pertenecen a un grupo de terópodos conocido como los coelurosaurios (Coelurosauria), el cual incluye, por mencionar algunos ejemplos, al linaje del Velociraptor (los deinonycosaurios), al del Tiranosaurio (los tiranosauroides) e incluso, al de las aves (Avialae). Así es, las aves también son terópodos.

Esto nos dice que el ancestro común de estos dinosaurios probablemente también poseía algún tipo de plumaje, ya que desde la perspectiva evolutiva, es muy poco probable que este tipo de estructura se haya desarrollado de forma independiente en múltiples animales paralelamente. Teniendo eso en cuenta, es necesario considerar que dado que también se han encontrado dinosaurios ornitísquios con cierto tipo de plumaje, es probable que esta característica estuviese presente en los dinosaurios más primitivos y quizá, incluso en el ancestro común de todos los dinosaurios, lo que da lugar a la posibilidad de que todos los dinosaurios (y como tal, todo tipo de terópodos y no exclusivamente, los coelurosaurios) pudiesen haber presentado esta característica. No obstante, algunas muestras de piel recuperadas sugieren que este no necesariamente fue el caso, aunque tampoco lleva a desconsiderar ni a descartar esta posibilidad.

Velociraptor como lo conocemos hoy.
Ilustración de Matthew Martyniuk

2) El intelecto de los terópodos extintos más listos NO era superior al de un ave

En un principio, se creía que los dinosaurios eran animales torpes y poco complejos con una capacidad muy limitada para interactuar entre sí y desempeñarse en su cambiante entorno. Hoy, sin embargo, ocurre lo opuesto. Existe la creencia popular de que ciertos dinosaurios y específicamente, algunos tipos de terópodos, como los dromaeosaurios poseían un nivel de inteligencia extremadamente desarrollado. Dicha creencia normalmente se asocia con la errónea representación de los Velociraptores de la saga "Jurassic Park", donde se muestran con un nivel intelectual exagerado y comparable al de varios mamíferos. Si bien es cierto que se ha determinado que muchos terópodos avanzados tenían un intelecto superior al de otros tipos de dinosaurios y que probablemente eran capaces de interactuar coordinadamente unos con otros e incluso, de elaborar estrategias de caza eficaces, es de tener en cuenta que éstos probablemente no eran más listos que algunas aves actuales. Comparando el tamaño del cerebro de los dinosaurios con relación al de su cuerpo, los científicos estiman que la inteligencia de algunos terópodos era similar a la de los cocodrilos (los cuales responden de forma impulsiva a su entorno) y el algunos casos, a la de muchas aves actuales (que pueden responder a su entorno de una forma más calculadora, aunque no de un modo tan complejo como se ve en muchos mamíferos), no siendo tan listos como para desarrollar un señalado sentido del honor, realizar hazañas determinadas para superar ciertos tipos de obstáculos como abrir puertas o efectuar estrategias altamente complejas como tender trampas mediante la utilización de cebos, aunque también es cierto que tampoco eran tan torpes como se creía con anterioridad. Y es que los terópodos, como todo animal, sólo tenían que ser lo suficientemente listos para desempeñarse eficazmente en su ecosistema (por ejemplo, en el caso de los terópodos carnívoros, éstos sólo debían ser marginalmente más listos que sus presas para poder atraparlas).

Jinfengopteryx utilizando una herramienta para atrapar insectos, imagen con alto contenido especulativo, pero dentro de los límites de lo plausible.
 Ilustración de H. Esdaile

3) Los terópodos NO podrían abrir puertas

Aún si los terópodos contaran con la inteligencia suficiente para superar ciertos obstáculos como puertas cerradas, éstos probablemente no serían capaces de abrir puertas como lo hacían los ya mencionados Velociraptores de "Jurassic Park". Esto se debe a que el movimiento de sus manos era relativamente limitado. Además, contrario a la forma en que se presentan en los medios, los terópodos no podían colocar sus manos en pronación, sino qué éstas estaban posicionadas en supinación. Es decir, sus manos no podían posicionarse de modo que las palmas apuntaran hacia el suelo o hacia atrás, sino de tal manera que una apuntaba en la dirección de la otra. En los primates, la pronación es realizable por el movimiento del radio con respecto al cúbito (los dos huesos del antebrazo). En los terópodos, sin embargo, el extremo del radio más cercano al codo estaba sujeto al cúbito, limitando la movilidad. El movimiento en la muñeca también fue limitado en muchas especies, obligando a todo el antebrazo y a la mano a moverse como una sola cosa, dándole poca flexibilidad y haciendo que el único modo para que las manos pudiesen ser posicionadas en pronación fuese ensanchando lateralmente las extremidades, como hacen las aves al elevar sus alas. No obstante, es sabido que los terópodos más primitivos presentaban un mayor grado de movilidad en las patas delanteras y hay pruebas de que algunas especies más avanzadas retuvieron una estructura más flexible. Aún así, esto no los dotaba de capacidades que requerirían una rotación prominente de las extremidades (como lo sería abrir puertas, por ejemplo), ya que no necesitaban realizar ese tipo actividad y por consiguiente, no debían contar con ese tipo de adaptación. En su lugar, los brazos de los terópodos estaban perfectamente diseñados para el agarre y la manipulación de alimento y en algunos casos, para trepar árboles y quizá, para cavar, actividades necesarias para su supervivencia.

Comparación entre una versión errónea de un tiranosáurido con sus manos en pronación y una versión correcta con manos en supinación
Ilustración de Christopher DiPiazza

4) Los terópodos quizá NO rugían como se suele pensar

Durante años, los medios han alimentado nuestra imaginación y nuestros temores mostrándonos a los dinosaurios carnívoros emitiendo aterradores rugidos con efectos de sonido muy bien trabajados para ese propósito y hoy, estamos tan acostumbrados a eso que hasta se suele pensar que es natural que estos animales hayan rugido de forma similar. La realidad, sin embargo, pudo haber sido distinta. Hoy, los mamíferos emiten toda clase de sonidos (incluyendo rugidos en algunos casos) gracias a un órgano conocido como la laringe, el cual contiene las cuerdas vocales. No obstante, en los parientes vivos de los dinosaurios, conocidos como los arcosaurios (grupo que contiene a los pterosaurios, a los cocodrilianos y a los propios dinosaurios, incluyendo a las aves), este órgano no contiene cuerdas vocales. En su lugar, las aves en este caso, emiten sonidos gracias a otro tipo de órgano conocido como la siringe, el cual depende de un sistema de sacos aéreos. Es sabido que los terópodos no avianos también poseían un sistema de sacos aéreos, mas es de tener en cuenta que éste, a diferencia del de las aves, no parece estar asociado a la vocalización debido a que no hay registro de una siringe ni de un saco clavicular, sin el cual, la siringe (en el poco probable caso de que la poseyeran) no funcionaría para emitir sonidos como en el caso de las aves. Sin embargo, es de tener en cuenta que los dinosaurios han sido uno de los grupos de animales más exitosos del planeta, lo cual está interconectado con una capacidad de comunicación efectiva. En adición, se sabe que los dinosaurios tienen un sistema auditivo desarrollado y que en algunos terópodos, éste es bastante sofisticado. Además, es de considerar el hecho de que algunas aves, como los buitres, no poseen siringe y de que en los cocodrilianos, la laringe tampoco contiene cuerdas vocales y aún así, tanto los buitres como los cocodrilianos pueden emitir sonidos controlando el flujo de aire en sus sacos aéreos. Teniendo esto en cuenta, no es descabellado pensar que al menos, algunos terópodos pudieran haber emitido alguna clase de sonido, pero aún si este fuera el caso, el mismo no consistiría en rugidos, sino tal vez en ronquidos o siseos de forma similar a los cocodrilianos, en graznidos semejantes al de los buitres o en otros tipos de sonido que sólo requieran flujo de aire en lugar de vocalización. No obstante, también está la posibilidad de que los terópodos (y los dinosaurios no avianos en general) contaran con un saco clavicular que simplemente, no se ha encontrado o que no se preservó durante la fosilización o de que poseyeran algún otro tipo de órgano fónico o bien, de que su laringe fuese más sofisticada y contara con la presencia de cuerdas vocales, pasando eventualmente a ser una característica vestigial, pero al no haber suficientes pruebas de que alguno de éstos haya sido el caso, esta línea de pensamiento es difícil de confirmar y enfrenta oposición. Si bien es cierto que en películas como "Jurassic Park III" se alude a la comunicación de los dinosaurios e incluso, se menciona el hallazgo de una cámara de resonancia de Velociraptor, el problema en realidad consiste en que no hay pruebas directas que ofrezcan pistas sólidas sobre cómo se comunicaban los dinosaurios.

Es posible que el icónico rugido del Tiranosaurio de Jurassic Park no haya sido nada cercano al sonido que hacía el animal real.
Imagen de Universal Pictures

5) Es muy poco lo que sabemos a ciencia cierta sobre los terópodos extintos

A cada rato, los terópodos nos sorprenden, mostrando ser un grupo cada vez más complejo con cada descubrimiento. Y es que la paleontología, como ciencia, con poca frecuencia ofrece respuestas certeras que puedan considerarse como hechos irrefutables, abriendo así paso a múltiples posibilidades y alternativas a considerar, sustituyendo conocimientos previos al actualizarse con nuevos y revisando percepciones que antes se consideraban correctas, pero que hoy resultan no serlo. Por esta razón, los paleontólogos constantemente dan a conocer información muy distinta a lo que creíamos saber. Ejemplo de esto es el aspecto de dinosaurios de los que no poseíamos demasiado material para estudiar (como ocurrió recientemente con el Espinosaurio y el Deinocheirus) y como éstos, puede haber muchos casos, pues la realidad es que el estudio de fragmentos de huesos, huellas y otros tipos de fósiles no es muy revelador sobre cómo fue, por ejemplo, el comportamiento, las estrategias de caza, los patrones de reproducción y en una gran mayoría de los casos, ni siquiera sobre aspectos tan básicos como la apariencia física de criaturas que han estado extintas durante millones de años. Gran parte de eso consiste mayormente en deducciones y es producto de la especulación.

 Las múltiples transformaciones que ha sufrido la imagen del Espinosaurio con el tiempo refleja la forma en que nuevos descubrimientos y conocimientos cambian nuestra visión sobre estos animales.
Ilustración de prehistoric-wildlife.com

Sin embargo, algo que sabemos con seguridad es que los terópodos no son asesinos sádicos y siempre hambrientos, como se los tiende a presentar en los medios. En la naturaleza, todo organismo hace lo que es necesario para su supervivencia y sabemos que los terópodos no son la excepción. Éstos han habitado el planeta durante más de 160 millones de años, lo que significa que son un grupo sumamente exitoso, indicando a su vez que son más complejos de lo que se suele pensar y que en lugar de ser criaturas irracionales interesadas sólo en cazar y pelear con todo lo que se cruzara en su camino, la ciencia indica que, como todo animal, han sido capaces de desempeñarse eficazmente en su entorno, adaptándose para cumplir roles determinados en su ecosistema y siendo cada especie eficiente y exitosa a su manera y capaz de actuar en pro de su supervivencia, cosa que han hecho desde hace más de 225 millones de años y así lo sigue demostrando el único linaje de terópodos que ha prevalecido hasta hoy, las aves.

6 de noviembre de 2015

Según el Lector: Función de las Espinas Neurales del Espinosaurio

¡Saludos! Hoy, 6 de noviembre de 2015, celebramos por primera vez en el blog una fiestividad en honor al enigmático y fascinante Espinosaurio. Y es que hoy, el terópodo más grande del que tenemos conocimiento cumple 100 años desde que fue oficialmente presentado en la Academia de Ciencias de Baviera por Ernst Stromer von Reichenbach, haciéndose público al mundo. Esto, desde luego, amerita un homenaje. De modo que justo un mes después de haberles deseado un "Happy Rex Day", Mundo Terópodo les desea un...


Como dice el título de la entrada, el homenaje de hoy se centra en discutir más a fondo un tema del que ya hemos hablado en otras entradas, la característica más peculiar del Espinosaurio: Sus prominentes y distintivas espinas neurales.

Desde que fue descubierto en 1912, el Espinosaurio captó la atención de todos por su tamaño, su misteriosa apariencia y sobre todo, por sus sobresalientes espinas neurales nunca antes vistas en un terópodo. Durante años, ha habido controversia sobre la función de estas prolongaciones y aún hoy, este sigue siendo un misterio que intriga a la comunidad científica.

Varias teorías se han propuesto. Una línea teórica actualmente muy refutada sugiere que las elevaciones vistas en el lomo del Espinosaurio pudo haber sostenido una especie de joroba que le permitía a la criatura almacenar grasa, proveyéndolo de la capacidad de acumular grandes cantidades de energía aún cuando no dispusiera de mucho alimento. Esto le permitiría al animal desempeñarse de forma eficiente aún en las condiciones más hostiles. Sin embargo, esta teoría estaba principalmente fundamentada en la premisa de que el Espinosaurio vivía en un hábitat árido y seco, lo cual sería desmentido en estudios posteriores, los cuales revelaron que el Espinosaurio habitaba en un mundo muy húmedo, exuberante y rebosante de vida, por lo que la idea de una joroba que proporcionara un suministro energético comenzó a perder vigor. Aún así, se cree que este ecosistema era azotado por intensas y largas sequías, lo que si bien no necesariamente valida la idea de que este terópodo contara con una joroba, tampoco lleva a desconsiderarla. Además, teniendo en cuenta la premisa de que el Espinosaurio haya un animal semiacuático, algunos especulan la posibilidad de que una joroba le haya proveído control sobre la flotabilidad y la sumersión.

Ilustración de Rodrigo Vega

No obstante, la teoría más aceptada hasta el momento es que las espinas neurales estaban bordeadas por tejidos sanguíneos y unidas por una capa de piel fina y membranosa, formando una especie de vela. Algunos sugieren que esta llamada "vela dorsal" pudo haber funcionado como un termorregulador biológico que liberaba o absorbía calor gracias a la presencia de vasos sanguíneos que distribuían la sangre hacia y desde la estructura (haciendo un uso eficaz del sistema circulatorio para exponer la sangre más directamente a los rayos del sol para de esta forma calentarse o al viento para refrescarse). Sin embargo, esta teoría es más plausible bajo la premisa de que el Espinosaurio era un animal de sangre fría, mas estudios recientes sugieren que este no era el caso de los dinosaurios. Además, esta línea de pensamiento en algún momento estaba fortalecida por el hallazgo de otros dinosaurios encontrados en el norte de África en los que se ha visto una estructura similar. No obstante, el hecho de que no todas estas especies compartieron el mismo entorno y los hábitos de conducta del Espinosaurio y de que éstos en son hasta ahora poco comunes, no facilita llegar a conclusiones precisas. Aún así, algunos no descartan la idea de que la vela era utilizada para termorregulación teorizando que el cuerpo del Espinosaurio no necesariamente funcionara igual al de muchos animales de sangre caliente de la actualidad. En adición, dado que nuevos estudios que sugieren que este terópodo asumía un estilo de vida semiacuático, hay quien considera la posibilidad de que el Espinosaurio mantuviera la vela expuesta al sol mientras mantenía el resto de su cuerpo bajo el agua, lo que le permitiría mantenerse cálido y activo a pesar de pasar mucho tiempo sumergido, por lo que la posibilidad de que la vela haya actuado como aparato termorregulador aún es considerada en cierto sentido.

Ilustración de Davide Bonadonna

Una de las teorías más aceptadas actualmente es que ésta servía para comunicación corporal. Se especula que la vela de los machos pudo haber sido más grande y de coloración más brillante, de modo que sería más vistoso.  También se teoriza que el Espinosaurio pudo haber tenido la capacidad de bombear sangre hacia la vela mediante los vasos sanguíneos presentes en la estructura, permitiendo que ésta cambiara de color para atraer la atención del sexo opuesto o bien, para intimidar a sus rivales, aparentando ser más grande de lo que es. La identificación de líneas rojizas en los huesos que la conforman sugieren la presencia de los vasos sanguíneos en la estructura anteriormente mencionados y de los que durante mucho tiempo, sólo se había especulado, lo que parece ser un buen indicio de que las espinas neurales sostenían más bien una vela que una joroba.

Tras la reciente reconstrucción sugerida por Nizar Ibrahim, Paul Sereno y sus colaboradores en 2014, se han discutido otras posibles funciones, como la posibilidad de que la estructura formada por las espinas neurales fuese más útil para el balanceo corporal de la criatura mientras se movía, contribuyendo a distribuir su peso mientras se desplazaba sobre tierra y proporcionando un peso extra para mantenerse sumergido por más tiempo mientras se movía en el agua en busca de su presa.

¿Cuál o cuáles cree usted que fue la función o las funciones de las espinas neurales del Espinosaurio? ¿Piensa que pudieron haber sostenido una vela o una joroba? ¿Tiene una hipótesis propia sobre la estructura? No dude en compartirlo en los comentarios.

6 de octubre de 2015

Top 10: Especímenes de Tiranosaurio rex

Saludos a todos.

Como sabrán, hoy es 6 de octubre de 2015, un día especial, pues estamos celebrando el Aniversario 110 de la criatura a la que muchos llaman "el rey de los dinosaurios", el legendario Tiranosaurio rex. Por eso, como de costumbre, este blog se complace en publicar una entrada dedicada a este terópodo y el homenaje de este año consiste en un Top 10 de destacados especímenes de T-rex que han influenciado en nuestra percepción sobre esta fascinante criatura. Hasta la fecha, se han descubierto más de 30 especímenes de Tiranosaurio, pero algunos de ellos son simplemente intrigantes y esta entrada se centra precisamente en algunos de esos ejemplares que de alguna u otra forma han dejado marca, mas dicho esto, tenga en cuenta que esto lo hacemos reconociendo la naturaleza subjetiva de este tipo de entradas, de modo que lo que se expresa en esta lista no refleja que un ejemplar sea más valioso que el otro ni que su importancia para la ciencia deba ser considerada según se presenta en este listado. El objetivo de esta entrada es meramente exponer cómo cada ejemplar contribuye a nuestro conocimiento sobre esta criatura en un contexto determinado de una forma dinámica e interesante. Por otra parte, notarán que algunos de los títulos están en forma de pregunta. La razón de esto es que éstos son polémicos en su respectiva categoría, ya sea porque el material fósil es muy fragmentario o porque requiere de estudios más minuciosos. Pero dejando eso claro...

Ahora, ¡comencemos con nuestro Top 10!

10) BMRP 2002.4.1 (Jane): ¿El T-rex joven mejor preservado?


El primero de nuestra lista es BMRP 2002.4.1, apodado "Jane". Este ejemplar fue descubierto en 2001 y tiene la particularidad de ser el fósil mejor preservado de un tiranosáurido juvenil. De hecho, muy pocos ejemplares juveniles de tiranosaurio han sido encontrados, siendo éstos extremadamente raros.  Este ejemplar, junto con otro recientemente hallado apodado "Bloody Mary", no sólo representa uno de los especímenes más completos de esta categoría, sino que también es uno de los que más información pueden aportar sobre el crecimiento de estos dinosaurios. Sin embargo, la razón por la que  ocupa el décimo puesto de nuestra cuenta regresiva y no uno más adelantado es que no hay seguridad de que este ejemplar pertenezca a un T-rex. Dada su rareza, no es de extrañarse que exista controversia sobre su validez y hay quien piensa que  en realidad, no se trata de un T-rex, sino de una especie distinta y quizá, más pequeña de tiranosáurido.

9) MOR 008: ¿El cráneo más grande?


El segundo en la lista es MOR 008, conocido por un cráneo parcial fragmentado, pero 80% completo. Este cráneo tiene la particularidad de ser uno de los más grandes encontrados, sino el más grande, llegando a medir 1.5 metros de largo, aunque actualmente, existe controversia sobre las dimensiones del cráneo y hay quien propone que la longitud del mismo es un poco superior a los 1.3 metros. De cualquier forma, MOR 008 presenta uno de los cráneos de Tiranosaurio más largos conocidos y quizá, el más grande encontrado hasta el momento, lo que es probable que guarde relación con el tamaño corporal del animal, lo que lo haría a su vez, uno de los especímenes más grandes.

8) MOR 1126 (C-rex): ¿El T-rex más largo del que se tiene evidencia fósil?

Excavado en 2000, este ejemplar no se menciona con mucha frecuencia, pero es uno de los fósiles de Tiranosaurio más impactantes descubiertos. El material encontrado consiste en diversas partes del cráneo, 3 vértebras dorsales, 20 costillas, algunos huesos de las patas traseras y un chevrón, conformando un escaso 9% del esqueleto, pero dicho material tiene la particularidad de presentar dimensiones que exceden el tamaño de un individuo promedio aproximadamente, en un 10%, siendo el espécimen de Tiranosaurio más grande del que se tiene evidencia razonable hasta ahora. Se estima que este individuo pudo alcanzar una longitud aproximada a los 14 o a los 15 metros. No obstante, la cantidad y calidad del material recuperado no facilita la estipulación de estimaciones precisas. Sin embargo, este ejemplar nos dice que el T-rex pudo haber sido más grande de lo pensado, aunque bien el tamaño es un factor que podría variar según el individuo.

7) MOR 1128 (G-rex): El T-rex más antiguo

Descubierto en Montana por Greg Wilson en 2001, este ejemplar es el fósil de Tiranosaurio geológicamente más antiguo que se conoce hasta ahora, datando de 68 millones de años. Los fósiles, consistentes en un dentario parcial, 7 costillas, 5 vértebras, 3 chevrones, parte de una escápula y varios huesos de las patas y de las caderas, no sólo nos revelaron que el Tiranosaurio es más antiguo de lo que sugerían otros especímenes, sino que también nos ofrecen pistas de cómo fue evolucionando este gigante desde su aparición como especie.

6) BHI 6230 (Wyrex): El primer T-rex en el que se encuentran impresiones de piel


Uno de los aspectos más controversiales sobre el Tiranosaurio rex es si su piel era escamosa o si estaba cubierta de plumas. Durante todo un siglo de excavar fósiles de este terópodo, nadie había encontrado ningún espécimen de T-rex con impresiones de piel. Eso cambió en 2002, cuando un par de coleccionistas de fósiles independientes encontraron en Montana un fósil que junto a un equipo de Black Hills Institute, terminarían de excavar en 2004. Identificado como BHI 6230 y apodado "Wyrex" en honor a uno de sus descubridores (Don Wyrick), se trata de uno de los ejemplares mejores preservados y uno que muestra algunas de las patologías más impactantes, ya que le resta cerca de un 70% de la cola, la cual presenta signos de cicatrización en el último hueso presente, lo que indica que ésta le fue arrancada mientras el animal aún vivía. No obstante, quizá la razón por la que Wyrex es más conocido es porque muestra las primeras y hasta ahora, únicas impresiones de piel en un Tiranosaurio. Dichas impresiones muestran indicios de escamas y no de estructuras filamentosas, mas esto no necesariamente implica ausencia de plumas o de protoplumas en el animal, tratándose posiblemente de una parte del cuerpo donde no habían filamentos presentes o bien, en la que éstos no se conservaron durante la fosilización, por lo que el debate continúa. Aún así, las impresiones de piel encontradas en Wyrex son un hallazgo de suma importancia y a pesar de que aún no han sido formalmente descritas, a medida que se examinen, podrán proveer información valiosa sobre la apariencia y sobre muchos otros aspectos de la biología del T-rex.

5) MOR 1125 (B-rex): El primer dinosaurio en el que se encuentra tejido blando


En marzo de 2005, se publicó un artículo sin precedentes: el primer registro de tejido blando encontrado en un dinosaurio. Dicho tejido se encontraba en el fémur de un T-rex casi tan antiguo como el G-rex, descubierto en Montana en el año 2000 y apodado "B-rex". Este fósil arrojó nueva luz sobre la biología no sólo de esta especie, sino sobre la de los terópodos y de los dinosaurios en general. El estudio de este ejemplar permitió identificar vasos sanguíneos y lo que parecen ser células sanguíneas y proteínas, algo muy poco usual de encontrar en un fósil de dinosaurio. Tras varias observaciones, los científicos estipulan que el patrón observado en las muestras de tejido blando del B-rex se asemejan en cierta forma a la de algunas aves actuales. No obstante, estudios más minuciosos son necesarios para recopilar información más certera que permita, entre otras cosas y por ejemplo, analizar los aspectos genéticos de la biología del animal. De momento, sin embargo, este fósil, junto con otros que se descubrieron posteriormente, continúa proveyendo información útil y respondiendo a varias interrogantes. Por ejemplo, el hallazgo de estas estructuras en el B-rex también han permitido que sea el primer y hasta ahora, único ejemplar en determinársele el sexo, revelando que se trataba de una hembra madura, según sugiere el tipo de tejido medular encontrado en los fósiles, el cual está asociado a la ovulación, aunque esto también requiere de análisis más minuciosos.

4) BHI 3033 (Stan): El T-rex con el cráneo mejor preservado


Descubierto en 1987 en Dakota del Sur por Stan Sacrison, el sexto en la lista es un ejemplar bastante popular. Conocido por el apodo de "Stan" en honor a su descubridor, este espécimen es famoso no sólo por ser uno de los más completos, sino también por presentar el cráneo mejor preservado del que se tiene registro entre los ejemplares de T-rex. De hecho, el cráneo de Stan se conservó en condiciones prístinas y muchos de los huesos del mismo estaban desarticulados cuando fueron encontrados. Esto es importante, ya que el cráneo es una pieza crucial a la hora de estudiar y de entender la anatomía y la biología del dinosaurio, siendo quizá la pieza que más información provee sobre el animal. Stan también muestra múltiples heridas con signos de cicatrización, proveyendo también información sobre la sorprendente capacidad de supervivencia y de recuperación que tenía este enorme terópodo. No es de extrañarse entonces que Stan sea uno de los ejemplares más estudiados y uno de los que más datos han proporcionado sobre el Tiranosaurio rex.

3) AMNH 3982 (Manospondylus gigas): El verdadero primer fósil de T-rex descubierto


Por paradójico que parezca, antes de que se descubriera el Tiranosaurio rex, ya se había encontrado un fósil de la aún desconocida especie. Ese fósil es el actualmente llamado AMNH 3982, hallado por Edward Drinker Cope en 1892, quien en aquel entonces sólo recuperó un par de vértebras incompletas a las que asignó a un ceratopsiano emparentado con su mítico Agathaumas sylvestris al que llamó "Manospondylus gigas". Sin embargo, en 2000, el Instituto de Black Hills desenterró más huesos que tras una serie de observaciones, resultarían pertenecer al mismo ejemplar descubierto por Cope más de un siglo antes y lo sorprendente fue que ese ejemplar no era precisamente lo que su descubridor imaginó, sino un fósil de Tiranosaurio rex. De esta forma, los fósiles de Cope fueron atribuidos a la especie de Osborn, pasando el AMNH 3982 a ser el primer fósil de T-rex descubierto, aunque erróneamente identificado al inicio. Esto traería unas consecuencias que de no ser por el ejemplar que ocupa el primer lugar en la lista, pudieron haber cambiado la forma en que nos referimos al T-rex.

2) FMNH PR2081 (Sue): El esqueleto de T-rex más completo


Tratándose quizá del ejemplar de T-rex más famoso, el FMNH PR2081, mejor conocido como "Sue", apodado así en honor a su descubridora, Susan Hendrickson, fue hallado en 1990 en Dakota del Sur por un equipo del Black Hills Institute liderado por el paleontólogo, Peter Larson. No tardó mucho en convertirse en uno de los ejemplares de mayor interés para el público (hasta el punto de originar un escándalo legal involucrando no sólo a científicos, sino también a sociedades indígenas y al gobierno estadounidense), pero ese es sólo uno de los muchos títulos que tiene este espécimen. Sue es quizá también el que más se usa de referencia y con 12.3 metros de largo, no sólo es uno de los más grandes, sino el esqueleto completo más grande encontrado. Pero la razón por la que es tan conocido es porque Sue es el ejemplar más completo y mejor preservado hallado hasta el día de hoy, contando con cerca de un 90% del esqueleto. Por eso, probablemente es también el más estudiado y por consiguiente, uno de los que más información provee sobre la especie, si no el que más lo hace.

1) CM 9380: El espécimen que lo empezó todo


Y por último, el primer lugar de este Top 10 se lo lleva un fósil al que pocos aluden y al que pocos conocen, el CM 9380. Este ejemplar desenterrado por Barnum Brown en 1902 no fue verdaderamente el primero en ser descubierto, ni el más completo, ni el más grande. Entonces, ¿Por qué ocupa el 1er lugar en la lista? ¿Qué lo hace tan especial? La respuesta es simple. El CM 9380 es el espécimen tipo. Es decir, aquel por el cual la especie fue descrita y recibió su nombre. Consistiendo en un cráneo parcial, algunas vértebras, costillas, huesos de las caderas y de la pelvis y material fragmentario de las cuatro extremidades, este es el ejemplar que lo empezó todo, el primero de la especie en ser identificado y al que Henry Fairfield Osborn le dio el nombre de "Tyrannosaurus rex" el 6 de octubre de 1905, 13 años después de la descripción del Manospondylus gigas de Cope, sobre el cual prevalecería. Eso significa que mucho antes de que el Manospondylus fuese clasificado como un ejemplar de T-rex, para Osborn y la comunidad científica en general, CM 9380 (en aquel entonces, AMNH 973) representaron los primeros fósiles recuperados de esta especie. Pero, ¿por qué este nombre se sobrepuso al original? Pues ese era un tema que incluso los paleontólogos intentaban evitar por una sencilla razón, la cual no pudo haber sido mejor expresada que de la forma en que lo hizo Robert T. Bakker cuando admitió que un nombre como "Tyrannosaurus rex" es irresistible a la lengua. El Código Internacional de Nomenclatura Zoológica (ICNZ, por sus siglas en inglés) indica que el primer ejemplar descrito y nombrado tiene prioridad a la hora de asignársele el nombre a la especie, pero al mismo borde del Siglo XX, el propio CINZ indicaría que si un nombre se ha considerado válido por más de 50 años, no podría ser reemplazado por otro que se había considerado inválido (por desuso en artículos científicos). Así, el Tiranosaurio rex mantuvo el nombre que muchos amamos pronunciar y escribir y de no ser por este "otro primer T-rex" en ser descubierto, es posible que la historia hubiese sido muy distinta y que tanto el nombre como el propio dinosaurio jamás hubiesen sido tan destacados. Pero este ejemplar hizo más que otorgarle al Tiranosaurio su resonante nombre. El CM 9380 fue el espécimen que en su tiempo, sorprendió al mundo por su tamaño y por su temible apariencia, inspiró a los científicos de la época y de generaciones posteriores y aún más importante que eso, este fue el espécimen que hizo posible la descripción anatómica del T-rex como lo conocemos en la actualidad, descripción que hasta el día de hoy nos ha permitido identificar casi automáticamente a la especie.

Y así concluye nuestra lista de especímenes destacados de T-rex. ¿Qué opinan de este Top 10? ¿Hay algún otro ejemplar que no se haya mencionado en este listado y que deseen destacar? ¿Les gustaría presentarnos su propio Top 10? Siéntanse libres de compartir esto y todo lo que deseen sobre el tema en la sección de comentarios.

27 de septiembre de 2015

Documental "Más Grande que el T-Rex"

¡Muy buenas a todos!

Es un placer anunciar que hoy, Mundo Terópodo celebra 6 años desde su apertura. Por eso, deseamos agradecer a todos los lectores que con su interés mantienen nuestro deseo de seguir creciendo y ampliando nuestro contenido con más información, curiosidades, y otros recursos sobre las fascinantes criaturas que son los terópodos. Todo esto es por ustedes y para ustedes. De modo que encarecidamente, les decimos: ¡Muchas gracias!


Con eso dicho, los que han estado siguiendo el blog recordarán que el año pasado para estas fechas, tratábamos un tema que le dio la vuelta al mundo y aún hoy sigue dando de qué hablar. Es el tema de lo que algunos llamamos "La Revolución del Espinosaurio" y como indica el título, en la entrada de hoy presentamos un documental reciente sobre cómo comenzó ese evento, que en realidad no es algo que surgió hace apenas un año, sino que ha estado tomando forma desde hace más de un siglo, cuando esta criatura fue descubierta. Y aunque en este blog hemos estado atentos a los nuevos descubrimientos que han marcado dicha revolución, nada como un medio audiovisual que nos brinde un acercamiento más directo a los hechos y a las personas que hicieron posible la misma. Con esto, les dejamos el documental, "Más Grande que El T-Rex":

 Esperamos haya sido de su interés. Hasta la próxima.

15 de agosto de 2015

Dinoficha: Giganotosaurio

¡Saludos! Pues hoy retomamos la sección de las dinofichas con uno de los terópodos más controversiales conocidos. Con ésta, deseo también aprovechar para saludar a los lectores que visitan el blog desde Argentina, hogar de quien hoy es la estrella del blog, un enorme carnívoro que se ha inculcado en la imaginación de muchos y que conocemos por el nombre de Giganotosaurio carolinii.

Giganotosaurio

Localización: Sudamérica
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Carcharodontosáurido
Significado del nombre: Lagarto Gigante del Sur
Tamaño: 13 a 15 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Carnívoro

Características
El Giganotosaurio es uno de los terópodos más grandes conocidos, llegando a medir más de 13 metros de largo y 4 de alto y llegando a pesar entre 4 y 8 toneladas, aproximadamente. Su diseño corporal poco robusto, característica distintiva entre los carcharodontosáuridos. Su cráneo es amplio, profundo y de estructura triangular, mas las aperturas en el mismo lo hacen más liviano. En éste presentaba unas mandíbulas compuestas por cerca de 60 dientes afilados y serrados. Éstos eran finos y curvados hacia atrás, estando perfectamente diseñados para desgarrar carne, mas no eran aptos para triturar huesos. En adición a esto, se sugiere que sus mandíbulas, pese a ser relativamente fuertes, no estaban hechas para el forcejeo, llevando a los expertos a teorizar que este depredador mataba a sus presas infringiendo heridas serias y luego esperaba hasta que éstas murieran exhaustas por la pérdida de sangre. Su cráneo, como el de todo allosauroide, presenta ornamentaciones en frente de las órbitas oculares y que se extendían casi hasta las fosas nasales. Éstas no parecen ser demasiado prominentes, pero se piensa que en vida pudieron haber servido como un mecanismo de comunicación entre miembros de la misma especie, siendo quizá de un color llamativo que tendría utilidad a la hora de atraer pareja o de ahuyentar rivales. Sus patas traseras eran relativamente cortas con relación a las de otros allosauroides, pero a su vez, eran fuertes y presentaban un fémur levemente más largo que la tibia, proveyendo al animal de buen sostén para su macizo cuerpo mientras se movía. Por otra parte, hay quien sugiere que su constitución corporal lo hacía poco más ligero que otros terópodos de tamaño similar y que es posible que esto lo ayudara a moverse con agilidad. También es de tener en cuenta que sus patas delanteras, a pesar de ser comparativamente cortas con relación a las de otros terópodos, eran relativamente fuertes y estando provistas de tres dedos equipados con largas garras, es probable que fuesen un arma formidable a la hora de cazar o de combatir con potenciales competidores por el alimento, el territorio o el derecho a reproducirse.

Descubrimiento e Historia
Descubiertos por Rubén Carolini en 1993 en la provincia del Neuquén, Argentina, los primeros fósiles de Giganotosaurio ya indicaban que se trataba de algo grande e importante. Los mismos fueron descritos en 1995 por Rodolfo Coria y Leonardo Salgado, causando revuelo. Este primer ejemplar consistía un 70% del esqueleto, el cual incluía parte del cráneo, la pelvis, parte del hombro, una de las patas traseras y parte de la columna vertebral. Esto permitió a los autores estimar una longitud aproximada a los 13 metros, mas eso sólo fue el principio. Tres años más tarde, en 1998, tras una serie de estudios y comparaciones, se descubrió que un dentario parcial hallado en 1987 parecía encajar con perfil del género descrito por Coria y Salgado, pero éste claramente pertenecía a un ejemplar de mayor tamaño. Desde entonces, se han propuesto estimaciones aún superiores a las propuestas por Coria y Salgado y el Giganotosaurio ha pasado a ser uno de los terópodos más grandes conocidos. Con estos hallazgos, se reveló la presencia de un nuevo tipo de terópodos que demostraría que la fauna cretácica de Sudamérica era más diversa y compleja de lo previsto.

Grande, pero no el más Grande
El Giganotosaurio es hasta ahora el terópodo más grande conocido de América del Sur. De hecho, cuando su hallazgo fue revelado públicamente en 1995, el Giganotosaurio ganó fama como el primer terópodo en superar en tamaño al legendario Tiranosaurio rex y durante cerca de una década, mantuvo el título del dinosaurio carnívoro más grande conocido. Sin embargo, estudios posteriores revelarían que este titánico terópodo tiene una fuerte competencia. Una revisión del holotipo llevaría a reestimar las dimensiones poco superiores a los 13 metros inicialmente propuestas, revelando una longitud menor y aproximada a los 12.5 metros. No obstante, el segundo ejemplar parece ser un individuo un 6% u 8% más grande, para el cual se propone una longitud de entre 13 y 15 metros. Aún así, actualmente se conocen otros terópodos que rivalizan en tamaño con el Giganotosaurio, como el Espinosaurio, el Carcharodontosaurio y el propio Tiranosaurio rex, cada uno de los cuales se conoce por material que permite realizar estimaciones hipotéticas, pero razonables, siendo el Espinosaurio para el que actualmente se proponen las mayores medidas en términos de longitud y el Tiranosaurio para el que se proponen las mayores estimaciones en cuanto a altura, siendo levemente superiores a las del Giganotosaurio. Sin embargo, no hay duda de que el Giganotosaurio es uno de los terópodos de mayor tamaño conocidos y es una prueba contundente de lo inmensos que podían llegar a ser los terópodos en el Mesozoico.

Hábitat
Desde hace 100 a 94 millones de años, lo que hoy es Argentina estaba compuesto por una variedad de panoramas que incluían desde grandes zonas boscosas hasta amplios terrenos abiertos ocasionalmente afectados por actividad volcánica. En estos paisajes diversos cercanos al océano, el Giganotosaurio compartía su entorno con otros dinosaurios de gran tamaño y daba caza una amplia gama de presas, incluyendo enormes saurópodos tinanosáuridos como el Argentinosaurio, diversidad de ornitópodos como el pequeño Loncosaurio e incluso, otros terópodos más pequeños como los unenlagíinos, además de que probablemente competiría con la gran variedad de abelisáuridos que predominaban entonces en aquellas tierras como el Ekrixinatosaurio e incluso, con otros carcarodontosáuridos como el Mapusaurio.

Comportamiento
No se conoce mucho sobre el comportamiento del Giganotosaurio, pero al contar con pruebas fósiles que permiten sugerir que su pariente cercano, el Mapusaurio y que muchas de sus presas potenciales eran saurópodos de tamaño considerable, se teoriza que este gran depredador se convivía en grupos. De esta forma, tendría mayores probabilidades de derribar presas arduas y de gran tamaño, además de que facilitaría la vigilancia y cuidado de las crías para así garantizar su supervivencia. Sin embargo, dada la falta de pruebas directas, la posibilidad de que haya sido un animal territorial y de conducta solitaria no es del todo descartada.

22 de junio de 2015

Documentales "Lucha a Muerte de Dinosaurios" y "T-Rex: El Superviviente"

Un saludo a todos.

En esta ocasión, no tenemos una entrada convencional. Hoy, compartiremos información de una forma distinta y es a través de un par de documentales recientemente lanzados por la cadena National Geographic relacionados con el tema principal del blog.

El primero es "Lucha a Muerte de Dinosaurios", el cual explora un nuevo e inusual fósil que ofrece nuevas pistas sobre el misterio de la controversial identidad del tiranosáurido pigmeo de Norteamérica, al que algunos identifican como un Tiranosaurio joven y otros, como una especie distinta a la que se conoce como Nanotyrannus lancensis.


El segundo documental es "T-Rex: El Superviviente", programa que trata sobre los aspectos biológicos y etológicos detrás de la sorprendente capacidad del T-rex y otros tiranosáuridos de sobrevivir a los múltiples daños a los que estaban expuestos en su vida como depredadores.

Actualizado: En vista a que el video de "T-Rex: El Superviviente" ha sido eliminado de YouTube, a continuación se provee un enlace alternativo donde podrá disfrutar del documental. Perdone los inconvenientes y gracias por su comprensión:

Próximamente, se publicarán más entradas como esta y esperamos que sean de su agrado e interés.

22 de mayo de 2015

Dinoficha: Baryonyx

Un cordial saludo a todos.

Tras más de un mes sin novedades en el blog, hoy éste se actualiza con la dinoficha de un terópodo muy peculiar e interesante. Es pariente del famoso Espinosaurio, siendo quizás uno de los miembros más conocidos de esa enigmática familia. Se trata del Baryonyx walkeri.

Baryonyx
 
Imagen del Museo de Historia Natural de Londres

Localización: Europa
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Espinosáurido
Significado del nombre: Garra Pesada
Tamaño: 9 a 10 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Combinación de Piscívora y Carnívora

Características
El Baryonyx fue un terópodo relativamente grande, el cual alcanzaba una longitud probablemente cercana a los 10 metros, una altura de aproximadamente, 2.7 metros y un peso oscilante entre las 1.5 y las 2.7 toneladas. Una de sus características más sobresalientes es su cráneo alargado y de forma tubular en el que poseía mandíbulas parecidas a las de los cocodrilos, las cuales contaban con cerca de 96 dientes, según sugieren algunos expertos, contando con 32 en las mandíbulas superiores y con 64 en las inferiores. Estos dientes son más lisos, ampliados y proporcionalmente más pequeños que los que se aprecian en la mayoría de los terópodos y adoptan una forma cónica. Los más largos se encuentran al borde del morro, tras el cual se observa una diastema similar a la que poseen los cocodrilos. Estas características indican que sus mandíbulas estaban mejor adaptadas para la captura de presas escurridizas que para el desgarre de carne, ya que estas herramientas son útiles a la hora de atraparlas sin que éstas escapen. Otro rasgo inusual es el hecho de que las fosas nasales se ubican a casi 10 cm de la punta del hocico, estando más atrás que en el resto de los terópodos. Según algunos investigadores, es probable que el Baryonyx tuviese una pequeña cresta en la parte superior del cráneo, como la que se aprecia en varios de sus relativos. Su cuello era moderadamente largo y poco robusto con relación al de otros terópodos de gran tamaño y estaba posicionado casi paralelamente al suelo. Otra característica resaltante en este dinosaurio son las garras de 25 cm que se ubicaban en el primer dedo de sus patas delanteras. Cada una de éstas tenía una forma curva muy resaltada, asimilándose a un garfio. Si bien su uso es objeto de debate, es sabido que tenían una función importante en el estilo de vida del dinosaurio, idea que es reforzada por el hecho de que sus brazos también eran relativamente largos y fuertes. Las patas traseras eran largas y estaban compuestas por un fémur y una tibia moderadamente anchos y similares en longitud. Algunos paleontólogos especulan que éstas eran considerablemente fuertes y que pudieron haber sido útiles para nadar, valiéndose también de su cola para propulsarse en el agua.

Descubrimiento e Historia
Los primeros restos de Baryonyx fueron descubiertos en 1983 por el coleccionista de fósiles inglés, William Walker en un pozo de arcilla cerca de Ockley en Surrey, Inglaterra. Lo primero que divisó fue una enorme garra que sobresalía del suelo. Tras este hallazgo, comenzó a excavar el lugar junto a un equipo y desenterró un esqueleto parcial que incluía una buena parte del cráneo de la criatura. Tras extraer los huesos, los llevó al entonces llamado Museo Británico (hoy, el Museo de Historia Natural de Londres), donde sería estudiado durante los posteriores tres años y algunos paleontólogos pensarían que se trataba de un cocodrilo prehistórico o incluso, un rauisúquido cretácico. No obstante, en 1986, el desafiante fósil sería formalmente descrito por Alan Charig y Angela Milner, quienes lo nombrarían "Baryonyx walkeri", que quiere decir "Garra Pesada de Walker", en honor a su descubridor. Tras exhaustivas observaciones, Charig y Milner descubrieron que se trataba de un terópodo, pero muy inusual al cual clasificaron en una nueva familia llamada "Baryonychidae" (baryoníquidos). No sería hasta 1998 que, tras varios hallazgos y estudios no sólo centrados en el Baryonyx, sino también en algunos de sus relativos, éste sería reclasificado como un espinosáurido, grupo que fue nombrado 74 años antes. Desde entonces, se han extraído varios fósiles en su mayoría, fragmentarios no sólo en Inglaterra, sino también en España y Portugal.

Alimentación Especializada
El Baryonyx cuenta con características poco comunes para los estándares de un terópodo. La estructura de sus mandíbulas alargadas y la forma de sus dientes sugieren que más que para derribar presas de gran tamaño, este terópodo estaba hecho para capturar presas escurridizas. Los paleontólogos rápidamente notaron que sus mandíbulas eran similares a las de algunos cocodrilos, como el actual gavial y que parecen estar perfectamente adaptadas para atrapar peces. Esta idea se reforzó con el hallazgo de escamas y dientes de peces en la cavidad estomacal de la criatura, lo cual reveló que éstos constituían una parte importante de su alimentación. Es de tener en cuenta además que su entorno era considerablemente húmedo y que restos de peces de hasta 3 metros de largo se han encontrado en las cercanías de sus fósiles, pudiendo haber sido una presa común para un piscívoro de gran tamaño, como probablemente lo fue el Baryonyx. Probablemente, el Baryonyx internaba la parte delantera de su hocico en el agua mientras sus fosas nasales sobresalían, permitiéndole respirar mientras atrapaba a su presa. La diastema en su morro era útil para incrustar cualquier pez en sus mandíbulas sin que éste escapara. No obstante, es sabido que la alimentación del Baryonyx no estaba restringida a la ictiofagia. Los huesos de lo que probablemente fue un ejemplar joven de Iguanodón fueron descubiertos entre las costillas del esqueleto de Baryonyx junto a los fósiles de peces. Si bien la mayoría de los paleontólogos sugiere que el Iguanodón ya estaba muerto cuando el Baryonyx comenzó a alimentarse de él, un estudio publicado en 2013 indicó que las mandíbulas del Baryonyx podían resistir más fuerza que la del gavial actual, siendo comparables a las del cocodrilo de hocico estrecho africano, por lo que es posible que el Baryonyx también pudiese cazar animales de tamaño medio.

Garras de Garfio
El Baryonyx tenía brazos relativamente fuertes en los que, como en la mayoría de los terópodos, contaba con manos provistas de tres dedos. En el primero de éstos poseía una garra de 25 cm de largo, la cual tenía forma de garfio. Algunos científicos han sugerido que ésta era útil para capturar presas potenciales, como por ejemplo, peces. No obstante, existe controversia en el asunto y actualmente es más aceptada la idea de que el Baryonyx usara sus garras, más que para capturar a su presa, para sujetarla y desgarrarla una vez el animal la capturaba con su hocico, de modo que las garras serían utilizadas para esquilar la carne de las mismas, pues sus dientes no parecían estar diseñados para este fin.

Hábitat
El Baryonyx habitó en lo que actualmente es Inglaterra y parte de la Península Ibérica desde hace cerca de 130 millones de años hasta hace aproximadamente, 125 millones de años, a principios del período cretácico. Durante ese tiempo, Europa estaba dividida en varias islas de diferente extensión, las cuales estaban separadas del continente en la región oriental por un mar poco profundo al que los geólogos conocen como el Mar de Tetis. Éste era un lugar predominantemente pantanoso que disfrutaba de un clima cálido durante todo el año y era abundante en diferentes tipos de coníferas, arecáceas y helechos. Lo que hoy es Inglaterra estaba unido a la actual Península Ibérica y en ese entonces su superficie consistía en el delta de una serie de ríos vinculados a un estuario conocido como el Lago Wealden. En este mundo húmedo y denso, el Baryonyx aprovechaba la abundante fauna acuática que allí se desarrollaba y coexistía con otros terópodos, como el Neovénator y el Eotyrannus, así como con ornitópodos, como el Iguanodón y el Hypsilophodon y con saurópodos, como el Pelorosaurio.

Comportamiento

Debido a la escasez de material, es poco lo que se sabe sobre el comportamiento del Baronyx. Sin embargo, al considerar que este terópodo, como todos los espinosáuridos, parece compartir varias características con los cocodrilos y que su dieta consistía mayormente en peces, los paleontólogos sugieren que éste pasaba la mayor parte de su vida cerca de los grandes cuerpos de agua, alimentándose de fauna acuática, de los restos de animales que morían allí y posiblemente, de otros dinosaurios de tamaño medio.  Existe duda sobre la conducta social del Baryonyx. Algunos opinan que como algunos cocodrilos, el Baryonyx pudo haber convivido en pequeños grupos. Otros opinan que, debido al tipo de presas que tendía a cazar, prefería optar por un estilo de vida solitario. Independientemente del comportamiento social que asumía habitualmente, es posible que como se ve en algunos cocodrilos actuales, en la época de reproducción, el Baryonyx se reuniera en grupos donde los machos se reproducirían con varias hembras y viceversa y que una vez finalizado el apareamiento, las hembras serían las que tendrían que velar por el desarrollo y cuidado de las crías durante un período de tiempo determinado después del cual incluso podría llegar a verlos como alimento.

8 de abril de 2015

Dinoficha: Ornithomimus

Muy buenas a todos. Hoy, tenemos una dinoficha un tanto especial, pues en muchas ocasiones, lo primero que nos viene a la mente cuando pensamos en terópodos tienden a ser los miembros más grandes y feroces de este grupo, como el famoso T-rex, el Espinosaurio o el Giganotosaurio o quizás, los pequeños, pero fieros dromaeosaurios, como el Velociraptor o el Deinonychus. Sin embargo, no todos los terópodos eran carnívoros estrictos y la dinoficha de hoy se centra en un terópodo muy peculiar que no era precisamente un mortífero depredador. Se trata de... ¡El Ornithomimus!

Ornithomimus
 
Ilustración de Andrey Atuchin

Localización: Norteamérica
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Ornitomímido
Significado del nombre: Imitador de Ave
Tamaño: 3.5 a 4 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Omnívoro
Especies: O. velox, O. edmontonicus

Características
El Ornithomimus es un dinosaurio bastante similar a las avestruces y emúes de la actualidad tanto en forma, como en tamaño. Los ejemplares de mayor tamaño alcanzan los entre los 3.5 y los 4 metros de largo, 2 de alto y un peso aproximado a los 200 kilogramos, aproximadamente. Este terópodo presentaba un cráneo pequeño en el que poseía un pico estrecho, alargado y desdentado. Su cuello era largo y su cuerpo, relativamente grácil. Sus brazos eran alargados y angostos y terminaban en tres largos dedos con garras afiladas, de los cuales, el primero era el más extenso, características que, junto con un torso más corto, lo diferenciaban de otros ornitomímidos. Sus patas traseras también eran considerablemente largas con relación al tamaño del cuerpo y en éstas se observaba que la tibia era cerca de un 20% más larga que el fémur. La longitud y estructura de las patas traseras del Ornithomimus y el diseño de su cuerpo permiten afirmar que éste era un animal muy veloz. De hecho, algunos científicos sugieren que podría alcanzar velocidades superiores a los 70 km/h. Su cola también era larga y se cree que le era útil a la hora de balancearse mientras corría. Como en la mayoría de los ornitomímidos, su cerebro era grande comparado con el de otros dinosaurios y muchos expertos coinciden en que las porciones cerebrales de mayor tamaño están dedicadas a la coordinación kinestésica (que está asociada al movimiento de los músculos, tendones y articulaciones). Descubrimientos recientes apuntan a que este dinosaurio estaba cubierto de plumas. Se recuperaron tres especímenes que mostraban impresiones de plumas filamentosas. Uno de ellos era un ejemplar juvenil, en el cual se aprecia una capa de plumaje que bordea su cuello, patas y espalda. Los otros dos especímenes aparentan tratarse de ejemplares adultos y parecen mostrar plumas penáceas (las que forman en ala de un ave) en los antebrazos, aunque estudios posteriores pusieron en duda que este fuera el caso.

Descubrimiento e Historia
El descubrimiento de los primeros fósiles de Ornithomimus se remonta al año 1889 y se le atribuye al cazador de fósiles, George Lyman Cannon, quien encontró los fósiles en el Cañón Lyman, cerca de Denver, Colorado. Éstos serían descritos el año siguiente por el famoso paleontólogo, Othniel Charles Marsh, quien los identificaría como una nueva especie a la que nombró Ornithomimus velox, aludiendo a las patas similares a las de un avestruz. Curiosamente, el género había sido previamente utilizado para otro dinosaurio descubierto en New Jersey en 1865, el cual fue posteriormente reclasificado, validando el nombre para la especie descrita por Marsh. Inicialmente, Marsh pensó que se trataba de un ornitópodo, como el Hypsilophodón, pero en 1892, tras estudiar un nuevo espécimen más completo descubierto en Wyoming por John Bell Hatcher, lo reclasificó en un nuevo grupo, distinto a todos los conocidos hasta entonces al que llamó Ornithomimosauria. Marsh había descrito cerca de cinco especies de Ornithomimus, algunas de las cuales actualmente son inválidas. En los años posteriores, nuevos ejemplares se extrajeron desde la parte oeste de Estados Unidos y del Sudoeste de Canadá. Eventualmente, muchos de los ejemplares inicialmente identificados como Ornithomimus resultaron pertenecer a otros géneros. Actualmente, sólo se reconocen dos especies, O. velox y O. edmontonicus, aunque hay quien opina que el Struthiomimus sedens, una especie nombrada en 1981 por el propio Marsh y posteriormente separada del género, también puede ser válida, aunque existe controversia sobre eso.

Dieta Variada
El Ornithomimus presentaba un pico largo y relativamente puntiagudo, similar al de algunas aves de la actualidad que se caracterizan por una alimentación generalizada. Se cree que al igual que éstas, el Ornithomimus, así como la mayoría de los miembros de su familia, estaba adaptado para explotar eficientemente una dieta omnívora consistente en diversas plantas, semillas y frutos, así como en insectos, crustáceos, pequeños reptiles, anfibios, mamíferos y peces. Algunos paleontólogos incluso sugieren que este terópodo picoteaba los nidos de otros dinosaurios para alimentarse de los huevos o de las crías recién nacidas.

Hábitat
El Ornihomimus vivió desde hace 70 millones de años, a finales  del Cretáceo hasta hace 65 millones de años, en la actual parte oeste de Norteamérica. Muestras geológicas revelan que éste era un lugar compuesto por inmensos bosques en los que predominaban las coníferas, helechos y cicadáceas, que eran alimentados por cuerpos de agua dulce que se formaban en zonas montañosas. Estos bosques bordeaban extensas praderas abundantes en vegetación baja. Aquí el Ornithomimus coexistía con grandes herbívoros, como los akylosaurios, ceratopsianos y hadrosaurios y también con otros terópodos más pequeños, como troodóntidos y oviraptorosaurios, los cuales pudieron haber representado una posible competencia por el alimento. También es muy probable que fuese una presa potencial de otros terópodos, como el famoso Tiranosaurio rex, el Nanotyrannus y el Dromaeosaurio. Es posible que el Ornithomimus se desarrollara en áreas densas o predominantes en arbustos, donde tendría ventaja sobre la mayoría de los depredadores a la hora de huir.

Comportamiento
Partiendo del descubrimiento de varios fósiles de Ornithomimus y del comportamiento de las actuales ratites, los paleontólogos piensan que tanto el Ornithomimus, como la mayoría de sus relativos se aglomeraba en grupos y que se desplazaba de esa forma probablemente, como medida de seguridad. De este modo, proveía protección para sus crías. De hecho, el hallazgo de dos crías encontradas en las cercanías de un ejemplar adulto sugiere que este terópodo proveía cuidado a los individuos jóvenes durante un período prolongado, pues se estima que los especímenes juveniles tenían cerca de un año de edad al momento de su muerte. Se cree que el Ornithomimus y la mayoría de sus parientes presentaban dimorfismo sexual, siendo el macho de algún modo más colorido que la hembra. También se ha sugerido que tanto el macho como la hembra participaban en el cuidado de las crías, siendo el macho quien ocasionalmente empollaba a los huevos mientras la hembra iba en busca de alimento, como ocurre con las avestruces en la actualidad.

4 de marzo de 2015

Según el Lector: Espinosaurio, ¿Bípedo o Cuadrúpedo?

Saludos, apreciados lectores.

Hoy, tenemos una nueva entrada para la sección "Según el Lector" y esta vez, trataremos una controversia que se ha ido intensificando durante los últimos meses sobre uno de los terópodos más enigmáticos. La misma se resume en la pregunta: ¿Era el Espinosaurio cuadrúpedo o bípedo? Antes de contestar a esta interrogante, veamos la información de la que disponemos.

Tras la publicación del nuevo estudio sobre el Espinosaurio publicado por Nizar Ibrahim y sus colegas el 12 de septiembre de 2014, se levantó una gran polémica sobre la locomoción de este terópodo.

Izquierda: Representación de Ibrahim y su equipo
Derecha: Versión propuesta por Andrea Cau
Ilustración de Randomdinos de Deviantart

En su estudio, Ibrahim y sus colaboradores enuncian que el Espinosaurio pudo haber sido el primer terópodo cuadrúpedo, siendo una excepción a la regla. Como es sabido, el estudio parte de la recuperación de un nuevo espécimen, el cual presenta huesos bien preservados de las patas traseras, revelando que éstas son proporcionalmente más cortas que las de cualquier otro terópodo. Además, los huesos de las caderas, incluyendo la pelvis, también eran bastante reducidos. En adición, los resultados de su estudio sugieren que el centro de masa del animal no estaría situado sobre sus caderas, como se ve normalmente en los terópodos, sino más adelante en su cuerpo. Esto, en conjunto con el diseño corporal del dinosaurio, el cual era de estructura cilíndrica, llevó a los investigadores a pensar que aunque las patas en realidad parecen ser bastante fuertes, no lo eran lo suficiente para permitirle a la criatura soportar todo su peso usando sólo sus patas traseras, llevándolos a concluir que el Espinosaurio se vería obligado a adoptar la postura cuadrúpeda para balancearse mientras se trasladaba en tierra, apoyándose sobre sus fuertes patas delanteras, como lo hacen otros dinosaurios como por ejemplo, los prosaurópodos, los hadrosaurios y los iguanodóntidos, siendo así un cuadrúpedo facultativo capaz de desplazarse ocasionalmente con dos patas y ocasionalmente, usando las cuatro.

Espinosaurio cuadrúpedo de Ibrahim y su equipo

Sin embargo, muchos paleontólogos no coinciden con esta idea, pues varios estudios han revelado que las patas delanteras de los terópodos no estaban diseñadas para la locomoción cuadrúpeda, pues no presentan adaptaciones en el arco escapular, el antebrazo y los huesos del carpo que les dotara de la fuerza y movilidad requerida para dicho tipo de desplazamiento, a diferencia del patrón que se ve en los prosaurópodos y ornitópodos. A esto se suma el hecho de que los pocos huesos encontrados de las patas delanteras del Espinosaurio (específicamente, los falanges) sugieren que la morfología de los brazos no era muy diferente a la de los de un terópodo convencional. No obstante, debido a que aún no se han identificado más huesos de los brazos del Espinosaurio, la controversia está lejos de concluir, pues si bien éste presentaba excepciones en las patas traseras, pudo o no haberlas presentado también en las delanteras, mas no hay suficiente material para determinarlo con exactitud.

Recientemente, el paleontólogo italiano, Andrea Cau publicó en su blog una hipótesis sobre la posibilidad de que el Espinosaurio pudiera haber asumido una postura trípode (casi erguido y utilizando su cola como apoyo). Esto lo hizo basándose en un estudio realizado el pasado año que explora la posibilidad de que algunos diplodócidos pudieran haber hecho lo mismo.

Según esta nueva hipótesis, las altas espinas neurales del Espinosaurio permitían una mayor inserción de los músculos epiaxiales (los que se extienden a lo largo de la columna vertebral), lo que fortalecería la columna vertebral. Su cuerpo no era tan robusto como el de otros terópodos y la parte frontal era relativamente grácil y por último, presentaba una cola considerablemente larga, proveyendo mayor espacio para los músculos epiaxiales de la parte trasera del cuerpo, que actuaría como una palanca que le permitiría al animal elevarse y mantener una posición trípode. Sin embargo, es de notar que este tipo de postura probablemente sólo podría ser mantenido de forma temporal debido al diseño corporal de la criatura, además de que el peso que ejercería la vela dorsal dificultaría asumir tal postura. Por otra parte, otros expertos, como Jaime A. Headden ya han expresado sus dudas ante este planteamiento, indicando que espinas neurales flexibles implicarían que el animal tuviese más dificultades para pasar de una posición horizontal a una casi vertical, ya que eso sólo se contrarrestaría con una musculatura epiaxial más corta y ancha con tal de que los músculos actúen sobre áreas más pequeñas y así ejerzan mayor fuerza en los huesos para poder mantener esta posición.

El Espinosaurio trípode de Andrea Cau
Ilustración de Michael Vall de Deviantart

No obstante, poco después de la publicación del estudio de Ibrahim, Andrea Cau ya había publicado una hipótesis sobre la posibilidad de que el Espinosaurio, como el resto de los terópodos, fuese capaz de desplazarse en dos patas. En ésta sugiere una posición parecida a la apreciable en los pelícanos y otras aves de pesca actuales, la cual ubicaría el centro de masa del animal en un punto no muy distinto al de otros terópodos, permitiéndole moverse en dos patas sin demasiado esfuerzo. Esta postura consiste en que el dinosaurio contraería sus brazos levemente y posicionaría su cuello de una forma casi perpendicular al cuerpo, el cual estaría sujeto a las largas espinas neurales mediante una serie de ligamentos que le ayudarían a sostener el peso de la cabeza. Estas adaptaciones en conjunto con su larga cola, le permitirían al animal asumir la postura bípeda de forma constante y en un estilo no muy distinto al visto comúnmente en los terópodos.

 Versión del Espinosaurio en "postura de pelícano" de Andrea Cau

Sin embargo, cabe destacar que aún existe controversia sobre las dimensiones de las patas traseras publicadas por Ibrahim y sus colegas, la cual iniciaría cuando Sott Hartman revisara las estimaciones de la región pélvica y las patas traseras en la reconstrucción de Ibrahim y Sereno y encontrara que éstas no parecían ser consistentes con las propuestas en el estudio, siendo reducidas en un 27% en el modelo, por lo que las patas traseras y la región pélvica pudieron haber sido un poco más grandes. De ser esto cierto, el centro de masa probablemente estaría localizado más cerca de las caderas, permitiendo al Espinosaurio asumir la posición bípeda sin problemas. No obstante, Hartman admitió que sus procesos de medición no eran del todo exactos poco antes de contactar a Ibrahim para aclarar sus dudas sobre el asunto, quien respondería que las medidas del equipo fueron tomadas con precisión, además de que su reconstrucción tampoco es 100% exacta y que actualmente está trabajando en una monografía más detallada sobre los datos obtenidos y los procesos implementados durante la investigación. Ibrahim también mencionó algunos detalles sobre los procesos de medición, con algunos de los cuales, Hartman estuvo de acuerdo y con otros de los cuales, no lo estuvo. Posteriormente, en respuesta a varias dudas presentadas por el paleontólogo Mark Witton sobre este asunto, Simone Maganuco, quien participó en el estudio, indicaría que la discordancia entre los valores publicados y los propuestos se debía posiblemente a la falta de una imagen que incluyera los puntos de referencia utilizados para tomar las medidas y para determinar la escala implementada, imagen que fue provista a Witton, quien tras probar las técnicas sugeridas, obtuvo resultados similares a de Ibrahim y sus colegas. A partir de entonces, la controversia sobre las proporciones de las patas traseras de esta criatura ha cesado, mas no ha culminado.

Versión del Espinosaurio de Scott Hartman

Desde que se hizo pública la nueva apariencia del Espinosaurio, la postura y locomoción de esta criatura ha sido objeto de polémica. En menos de un año, diferentes hipótesis se han formulado con el fin de explicar cómo se desplazaba este terópodo y es probable que muchas más sean presentadas eventualmente.

¿Cómo creen ustedes que se desplazaba el Espinosaurio en tierra? ¿Piensan que pudo haberse movido sólo sobre sus patas traseras sin problemas pese a las proporciones de éstas? ¿Creen que pudo haber presentado adaptaciones para la locomoción cuadrúpeda en las patas delanteras? ¿Opinan que hubo un error durante el proceso de medición en el nuevo estudio? ¿Tiene alguna idea distinta sobre cómo se movilizaba este animal en tierra firme? Denos su opinión en los comentarios.

13 de febrero de 2015

Dinoficha: Albertosaurio

Saludos a todos.

Pues hoy toca la primera dinoficha del año, que trata sobre un tiranosáurido bastante conocido, aunque a menudo opacado por dinosaurios más resaltantes en los medios, como su pariente más grande, el Tiranosaurio rex. Pero este es un dinosaurio que nos cuenta mucho sobre la diversidad, la apariencia y el posible comportamiento de esta familia y de alguna u otra forma, de los terópodos en general. Sin más preámbulos, la dinoficha del Albertosaurio.

Albertosaurio
Modelo de CM Studio

Localización: Norteamérica
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Tiranosáuridos
Significado del nombre: “Lagarto de Alberta”
Tamaño: 9 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Carnívoro

Características
El Albertosaurio era un tiranosáurido de tamaño moderadamente grande, alcanzando una longitud de 9 metros, una altura de 3 metros y un peso oscilante entre las 1.5 y 2 toneladas. Como en todo tiranosaurio, presentaba brazos relativamente cortos con relación al tamaño de su cuerpo, provistos de dos dedos. Sin embargo, en el Albertosaurio estos brazos eran proporcionalmente más largos que en otros miembros de la familia. No obstante, es muy poco probable que ésos fueran útiles a la hora de cazar o de competir contra otros depredadores. En cambio, su cabeza era considerablemente grande y su cuello, relativamente corto, indicando la presencia de grandes músculos en la parte posterior del cráneo. Esto es indicio de que poseía mandíbulas proporcionalmente fuertes con relación a otros terópodos de tamaño similar. Estudios indicaron que el Albertosaurio podía ejercer hasta 0.35 tonelada (3.4 kilonewtons) de fuerza al morder, lo cual es potente teniendo en cuenta sus dimensiones y la constitución del cráneo. La boca de este terópodo estaba provista de cerca de 70 largos y afilados dientes, que eran moderadamente robustos y estaban curvados hacia atrás, siendo perfectos para sujetar a sus presas aún si éstas forcejeaban en su intento por escapar. Estos dientes variaban de forma y tamaño dependiendo de su ubicación en las mandíbulas. El Albertosaurio presenta un cráneo más alargado que el visto en otros tiranosarios, en el que se puede apreciar una pequeña cresta frente a sus órbitas oculares, cuya función es desconocida, aunque hay quien sugiere que ésta pudo haber sido un medio de comunicación visual, siendo en los machos de color más llamativo para llamar la atención de las hembras y para alertar a sus rivales. Sus patas traseras eran considerablemente largas y sus huesos eran relativamente anchos, indicando la presencia de músculos poderosos que probablemente le permitían correr a gran velocidad. De hecho, se cree que pudo haber alcanzado velocidades de hasta 48 km/h, lo cual es bastante rápido considerando su tamaño.

Descubrimiento e Historia
Los primeros fósiles de Albertosaurio descubiertos son también los primeros restos de dinosaurio encontrados en Canadá. Éstos fueron recuperados en las cercanías del Río Red Deer, en la provincia de Alberta en el año 1884 por Joseph Burr Tyrrell, quien inspiraría el nombre del Royal Tyrrell Museum, localizado en la misma provincia. Este ejemplar consistía en partes del cráneo, pero en 1889, Thomas Chesmer Weston recuperó más partes del esqueleto, junto con otro cráneo más pequeño. En 1892, Edward Drinker Cope propone el nombre "Laelaps incrassatus" para los ejemplares ignorando que dicho nombre ya había sido asignado a un tipo de ácaro 15 años antes. Su rival, Othniel Charles Marsh aprovecha la ocasión para asignar la especie al género "Dryptosaurus", bajo el cual Lawrence Lambe describió los especímenes entre 1903 y 1904. No obstante, en 1905, al notar diferencias entre el Dryptosaurio y el material de Alberta, Henry Fairfield Osborn los asigna a una nueva especie a la que nombra como "Albertosaurus sarcophagus" en una breve nota en su descripción del Tiranosaurio rex, aludiendo al lugar donde los huesos fueron encontrados. Actualmente, estos primeros ejemplares se encuentran en el Museo Canadiense de la Naturaleza, Ottawa y se han encontrado más de 30 ejemplares adicionales desde que estos primeros fósiles fueron hallados. No sólo en Alberta, sino también en los estados de Alaska, Montana y Wyoming, Estados Unidos. Algunos de estos hallazgos consisten en especímenes de diversas edades diseminados en el mismo lugar, lo que ha dado paso a la idea de comportamiento gregario.

¿Vida en Sociedad?
En 1910, el paleontólogo Barnum Brown, del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York realizó una expedición al Río Red Deer en la que hizo un descubrimiento asombroso. Éste consistía en una cama de huesos que contenía numerosos huesos pertenecientes a diferentes especímenes de Albertosaurio. La cantidad de fósiles era tan grande, que Brown no pudo llevarse todos los huesos al museo y lamentablemente, la ubicación exacta de la cantera donde se realizó este hallazgo no quedó registrada en los documentos del museo. No obstante, se conservaban algunas fotos y en 1997, un equipo del Museo Real Tyrrell de Paleontología, guiados por el Dr. Philip J. Currie reencontró el sitio, el cual hoy se sabe está localizado en el Parque Provincial de Dry Island Buffalo Jump. Currie y sus colegas han estado continuando las excavaciones desde entonces y de ellas, han recuperado un gran número de especímenes de Albertosaurio. Lo más sorprendente sin embargo, es la presencia de restos de individuos de diversas edades y el hecho de que no se hayan encontrado restos de dinosaurios herbívoros en la zona. Según algunos paleontólogos, incluyendo al propio Currie, esto es indicio de comportamiento gregario. Ellos teorizan que estas agrupaciones pudieron haber consistido grupos familiares formados por individuos de varias generaciones que no solo cazaban en manadas, sino que se movían en ellas. Sin embargo, otros paleontólogos sostienen que la concentración de individuos puede deberse a que éstos fueron arrastrados por una inundación u otro fenómeno natural y que no necesariamente se trate de una manada.

Hábitat
El Albertosaurio habitó en lo que actualmente es América del Norte hace entre 73 y 70 millones de años. Entonces, amplias planicies se extendían alrededor de valles y terrenos montañosos en el oeste del continente. Al norte, el clima se hacía más templado, mientras que al sur era más cálido y húmedo. Este era un terreno cubierto por extensos bosques subtropicales, predominantes en diversos tipos de coníferas y helechos y gozaba de una amplia variedad de cuerpos de agua dulce que se formaban a medida que el clima se hacía más estable y se reducía el Mar Interior Occidental. En este mundo frondoso y exuberante, manadas de ceratopsianos, como el Styracosaurio y el Pachyrhinosaurio y hadrosaurios, como el Edmontosaurio, el Lambeosaurio y el Corythosaurio se movilizaban en busca de alimento. Junto a éstos prosperaban los ankylosaurios, como el Edmontonia y el Euplocephalus, los pachycephalosaurios, como el Stegoceras y varios terópodos de pequeño tamaño, incluyendo dromaeosaurios, ornithomimusaurios, troodóntidos y ovirraptóridos. Todos estos probablemente formaban parte del menú del Albertosaurio, siendo éste quizá el depredador ápice de su ecosistema.

Comportamiento
La cantidad de fósiles de Albertosaurio descubierta nos ofrecen una buena idea de cómo lucía en vida, pero determinar su comportamiento suele ser un asunto confuso. El hallazgo en Dry Island Buffalo Jump parece sugerir que el Albertosaurio cazaba y se movía en grupos familiares. De ser esto cierto, es posible que este terópodo se congregara para proporcionar protección a los individuos más jóvenes y para facilitar la caza. Algunos piensan que mientras un grupo permanecía al cuidado de las crías, otro se encargaría de buscar comida. También se ha sugerido que éstas tuviesen un orden y una conducta social relativamente compleja y que cada miembro de la manada desempeñara un papel determinado a la hora de cazar y de defender a la manada. Algunos científicos, como Philip Currie teorizan que los individuos jóvenes, al ser más rápidos, pudieron encargarse de perseguir a la presa y conducirla hacia los de mayor edad, los cuales al ser más fuertes, se encargarían de derribarla. Otros piensan que todos los miembros de la manada desempeñarían roles similares y que actuarían juntos para dispersar a las manadas de dinosaurios herbívoros en busca de los individuos más débiles o para acorralar a su presa luego de emboscarla. De esta forma, las crías aprenderían a cazar a una edad relativamente temprana. Sin embargo, también es de considerar que no todos opinan que el Albertosaurio necesariamente haya empleado una conducta gregaria. No obstante, la mayoría coincide en que los individuos jóvenes permanecían bajo el cuidado de uno o ambos padres durante un período considerable de tiempo, hasta que la competencia entre los miembros del grupo eventualmente los obligara a separarse y a valerse por sí mismos.