6 de noviembre de 2015

Según el Lector: Función de las Espinas Neurales del Espinosaurio

¡Saludos! Hoy, 6 de noviembre de 2015, celebramos por primera vez en el blog una fiestividad en honor al enigmático y fascinante Espinosaurio. Y es que hoy, el terópodo más grande del que tenemos conocimiento cumple 100 años desde que fue oficialmente presentado en la Academia de Ciencias de Baviera por Ernst Stromer von Reichenbach, haciéndose público al mundo. Esto, desde luego, amerita un homenaje. De modo que justo un mes después de haberles deseado un "Happy Rex Day", Mundo Terópodo les desea un...


Como dice el título de la entrada, el homenaje de hoy se centra en discutir más a fondo un tema del que ya hemos hablado en otras entradas, la característica más peculiar del Espinosaurio: Sus prominentes y distintivas espinas neurales.

Desde que fue descubierto en 1912, el Espinosaurio captó la atención de todos por su tamaño, su misteriosa apariencia y sobre todo, por sus sobresalientes espinas neurales nunca antes vistas en un terópodo. Durante años, ha habido controversia sobre la función de estas prolongaciones y aún hoy, este sigue siendo un misterio que intriga a la comunidad científica.

Varias teorías se han propuesto. Una línea teórica actualmente muy refutada sugiere que las elevaciones vistas en el lomo del Espinosaurio pudo haber sostenido una especie de joroba que le permitía a la criatura almacenar grasa, proveyéndolo de la capacidad de acumular grandes cantidades de energía aún cuando no dispusiera de mucho alimento. Esto le permitiría al animal desempeñarse de forma eficiente aún en las condiciones más hostiles. Sin embargo, esta teoría estaba principalmente fundamentada en la premisa de que el Espinosaurio vivía en un hábitat árido y seco, lo cual sería desmentido en estudios posteriores, los cuales revelaron que el Espinosaurio habitaba en un mundo muy húmedo, exuberante y rebosante de vida, por lo que la idea de una joroba que proporcionara un suministro energético comenzó a perder vigor. Aún así, se cree que este ecosistema era azotado por intensas y largas sequías, lo que si bien no necesariamente valida la idea de que este terópodo contara con una joroba, tampoco lleva a desconsiderarla. Además, teniendo en cuenta la premisa de que el Espinosaurio haya un animal semiacuático, algunos especulan la posibilidad de que una joroba le haya proveído control sobre la flotabilidad y la sumersión.

Ilustración de Rodrigo Vega

No obstante, la teoría más aceptada hasta el momento es que las espinas neurales estaban bordeadas por tejidos sanguíneos y unidas por una capa de piel fina y membranosa, formando una especie de vela. Algunos sugieren que esta llamada "vela dorsal" pudo haber funcionado como un termorregulador biológico que liberaba o absorbía calor gracias a la presencia de vasos sanguíneos que distribuían la sangre hacia y desde la estructura (haciendo un uso eficaz del sistema circulatorio para exponer la sangre más directamente a los rayos del sol para de esta forma calentarse o al viento para refrescarse). Sin embargo, esta teoría es más plausible bajo la premisa de que el Espinosaurio era un animal de sangre fría, mas estudios recientes sugieren que este no era el caso de los dinosaurios. Además, esta línea de pensamiento en algún momento estaba fortalecida por el hallazgo de otros dinosaurios encontrados en el norte de África en los que se ha visto una estructura similar. No obstante, el hecho de que no todas estas especies compartieron el mismo entorno y los hábitos de conducta del Espinosaurio y de que éstos en son hasta ahora poco comunes, no facilita llegar a conclusiones precisas. Aún así, algunos no descartan la idea de que la vela era utilizada para termorregulación teorizando que el cuerpo del Espinosaurio no necesariamente funcionara igual al de muchos animales de sangre caliente de la actualidad. En adición, dado que nuevos estudios que sugieren que este terópodo asumía un estilo de vida semiacuático, hay quien considera la posibilidad de que el Espinosaurio mantuviera la vela expuesta al sol mientras mantenía el resto de su cuerpo bajo el agua, lo que le permitiría mantenerse cálido y activo a pesar de pasar mucho tiempo sumergido, por lo que la posibilidad de que la vela haya actuado como aparato termorregulador aún es considerada en cierto sentido.

Ilustración de Davide Bonadonna

Una de las teorías más aceptadas actualmente es que ésta servía para comunicación corporal. Se especula que la vela de los machos pudo haber sido más grande y de coloración más brillante, de modo que sería más vistoso.  También se teoriza que el Espinosaurio pudo haber tenido la capacidad de bombear sangre hacia la vela mediante los vasos sanguíneos presentes en la estructura, permitiendo que ésta cambiara de color para atraer la atención del sexo opuesto o bien, para intimidar a sus rivales, aparentando ser más grande de lo que es. La identificación de líneas rojizas en los huesos que la conforman sugieren la presencia de los vasos sanguíneos en la estructura anteriormente mencionados y de los que durante mucho tiempo, sólo se había especulado, lo que parece ser un buen indicio de que las espinas neurales sostenían más bien una vela que una joroba.

Tras la reciente reconstrucción sugerida por Nizar Ibrahim, Paul Sereno y sus colaboradores en 2014, se han discutido otras posibles funciones, como la posibilidad de que la estructura formada por las espinas neurales fuese más útil para el balanceo corporal de la criatura mientras se movía, contribuyendo a distribuir su peso mientras se desplazaba sobre tierra y proporcionando un peso extra para mantenerse sumergido por más tiempo mientras se movía en el agua en busca de su presa.

¿Cuál o cuáles cree usted que fue la función o las funciones de las espinas neurales del Espinosaurio? ¿Piensa que pudieron haber sostenido una vela o una joroba? ¿Tiene una hipótesis propia sobre la estructura? No dude en compartirlo en los comentarios.

6 de octubre de 2015

Top 10: Especímenes de Tiranosaurio rex

Saludos a todos.

Como sabrán, hoy es 6 de octubre de 2015, un día especial, pues estamos celebrando el Aniversario 110 de la criatura a la que muchos llaman "el rey de los dinosaurios", el legendario Tiranosaurio rex. Por eso, como de costumbre, este blog se complace en publicar una entrada dedicada a este terópodo y el homenaje de este año consiste en un Top 10 de destacados especímenes de T-rex que han influenciado en nuestra percepción sobre esta fascinante criatura. Hasta la fecha, se han descubierto más de 30 especímenes de Tiranosaurio, pero algunos de ellos son simplemente intrigantes y esta entrada se centra precisamente en algunos de esos ejemplares que de alguna u otra forma han dejado marca, mas dicho esto, tenga en cuenta que esto lo hacemos reconociendo la naturaleza subjetiva de este tipo de entradas, de modo que lo que se expresa en esta lista no refleja que un ejemplar sea más valioso que el otro ni que su importancia para la ciencia deba ser considerada según se presenta en este listado. El objetivo de esta entrada es meramente exponer cómo cada ejemplar contribuye a nuestro conocimiento sobre esta criatura en un contexto determinado de una forma dinámica e interesante. Por otra parte, notarán que algunos de los títulos están en forma de pregunta. La razón de esto es que éstos son polémicos en su respectiva categoría, ya sea porque el material fósil es muy fragmentario o porque requiere de estudios más minuciosos. Pero dejando eso claro...

Ahora, ¡comencemos con nuestro Top 10!

10) BMRP 2002.4.1 (Jane): ¿El T-rex joven mejor preservado?


El primero de nuestra lista es BMRP 2002.4.1, apodado "Jane". Este ejemplar fue descubierto en 2001 y tiene la particularidad de ser el fósil mejor preservado de un tiranosáurido juvenil. De hecho, muy pocos ejemplares juveniles de tiranosaurio han sido encontrados, siendo éstos extremadamente raros.  Este ejemplar, junto con otro recientemente hallado apodado "Bloody Mary", no sólo representa uno de los especímenes más completos de esta categoría, sino que también es uno de los que más información pueden aportar sobre el crecimiento de estos dinosaurios. Sin embargo, la razón por la que  ocupa el décimo puesto de nuestra cuenta regresiva y no uno más adelantado es que no hay seguridad de que este ejemplar pertenezca a un T-rex. Dada su rareza, no es de extrañarse que exista controversia sobre su validez y hay quien piensa que  en realidad, no se trata de un T-rex, sino de una especie distinta y quizá, más pequeña de tiranosáurido.

9) MOR 008: ¿El cráneo más grande?


El segundo en la lista es MOR 008, conocido por un cráneo parcial fragmentado, pero 80% completo. Este cráneo tiene la particularidad de ser uno de los más grandes encontrados, sino el más grande, llegando a medir 1.5 metros de largo, aunque actualmente, existe controversia sobre las dimensiones del cráneo y hay quien propone que la longitud del mismo es un poco superior a los 1.3 metros. De cualquier forma, MOR 008 presenta uno de los cráneos de Tiranosaurio más largos conocidos y quizá, el más grande encontrado hasta el momento, lo que es probable que guarde relación con el tamaño corporal del animal, lo que lo haría a su vez, uno de los especímenes más grandes.

8) MOR 1126 (C-rex): ¿El T-rex más largo del que se tiene evidencia fósil?

Excavado en 2000, este ejemplar no se menciona con mucha frecuencia, pero es uno de los fósiles de Tiranosaurio más impactantes descubiertos. El material encontrado consiste en diversas partes del cráneo, 3 vértebras dorsales, 20 costillas, algunos huesos de las patas traseras y un chevrón, conformando un escaso 9% del esqueleto, pero dicho material tiene la particularidad de presentar dimensiones que exceden el tamaño de un individuo promedio aproximadamente, en un 10%, siendo el espécimen de Tiranosaurio más grande del que se tiene evidencia razonable hasta ahora. Se estima que este individuo pudo alcanzar una longitud aproximada a los 14 o a los 15 metros. No obstante, la cantidad y calidad del material recuperado no facilita la estipulación de estimaciones precisas. Sin embargo, este ejemplar nos dice que el T-rex pudo haber sido más grande de lo pensado, aunque bien el tamaño es un factor que podría variar según el individuo.

7) MOR 1128 (G-rex): El T-rex más antiguo

Descubierto en Montana por Greg Wilson en 2001, este ejemplar es el fósil de Tiranosaurio geológicamente más antiguo que se conoce hasta ahora, datando de 68 millones de años. Los fósiles, consistentes en un dentario parcial, 7 costillas, 5 vértebras, 3 chevrones, parte de una escápula y varios huesos de las patas y de las caderas, no sólo nos revelaron que el Tiranosaurio es más antiguo de lo que sugerían otros especímenes, sino que también nos ofrecen pistas de cómo fue evolucionando este gigante desde su aparición como especie.

6) BHI 6230 (Wyrex): El primer T-rex en el que se encuentran impresiones de piel


Uno de los aspectos más controversiales sobre el Tiranosaurio rex es si su piel era escamosa o si estaba cubierta de plumas. Durante todo un siglo de excavar fósiles de este terópodo, nadie había encontrado ningún espécimen de T-rex con impresiones de piel. Eso cambió en 2002, cuando un par de coleccionistas de fósiles independientes encontraron en Montana un fósil que junto a un equipo de Black Hills Institute, terminarían de excavar en 2004. Identificado como BHI 6230 y apodado "Wyrex" en honor a uno de sus descubridores (Don Wyrick), se trata de uno de los ejemplares mejores preservados y uno que muestra algunas de las patologías más impactantes, ya que le resta cerca de un 70% de la cola, la cual presenta signos de cicatrización en el último hueso presente, lo que indica que ésta le fue arrancada mientras el animal aún vivía. No obstante, quizá la razón por la que Wyrex es más conocido es porque muestra las primeras y hasta ahora, únicas impresiones de piel en un Tiranosaurio. Dichas impresiones muestran indicios de escamas y no de estructuras filamentosas, mas esto no necesariamente implica ausencia de plumas o de protoplumas en el animal, tratándose posiblemente de una parte del cuerpo donde no habían filamentos presentes o bien, en la que éstos no se conservaron durante la fosilización, por lo que el debate continúa. Aún así, las impresiones de piel encontradas en Wyrex son un hallazgo de suma importancia y a pesar de que aún no han sido formalmente descritas, a medida que se examinen, podrán proveer información valiosa sobre la apariencia y sobre muchos otros aspectos de la biología del T-rex.

5) MOR 1125 (B-rex): El primer dinosaurio en el que se encuentra tejido blando


En marzo de 2005, se publicó un artículo sin precedentes: el primer registro de tejido blando encontrado en un dinosaurio. Dicho tejido se encontraba en el fémur de un T-rex casi tan antiguo como el G-rex, descubierto en Montana en el año 2000 y apodado "B-rex". Este fósil arrojó nueva luz sobre la biología no sólo de esta especie, sino sobre la de los terópodos y de los dinosaurios en general. El estudio de este ejemplar permitió identificar vasos sanguíneos y lo que parecen ser células sanguíneas y proteínas, algo muy poco usual de encontrar en un fósil de dinosaurio. Tras varias observaciones, los científicos estipulan que el patrón observado en las muestras de tejido blando del B-rex se asemejan en cierta forma a la de algunas aves actuales. No obstante, estudios más minuciosos son necesarios para recopilar información más certera que permita, entre otras cosas y por ejemplo, analizar los aspectos genéticos de la biología del animal. De momento, sin embargo, este fósil, junto con otros que se descubrieron posteriormente, continúa proveyendo información útil y respondiendo a varias interrogantes. Por ejemplo, el hallazgo de estas estructuras en el B-rex también han permitido que sea el primer y hasta ahora, único ejemplar en determinársele el sexo, revelando que se trataba de una hembra madura, según sugiere el tipo de tejido medular encontrado en los fósiles, el cual está asociado a la ovulación, aunque esto también requiere de análisis más minuciosos.

4) BHI 3033 (Stan): El T-rex con el cráneo mejor preservado


Descubierto en 1987 en Dakota del Sur por Stan Sacrison, el sexto en la lista es un ejemplar bastante popular. Conocido por el apodo de "Stan" en honor a su descubridor, este espécimen es famoso no sólo por ser uno de los más completos, sino también por presentar el cráneo mejor preservado del que se tiene registro entre los ejemplares de T-rex. De hecho, el cráneo de Stan se conservó en condiciones prístinas y muchos de los huesos del mismo estaban desarticulados cuando fueron encontrados. Esto es importante, ya que el cráneo es una pieza crucial a la hora de estudiar y de entender la anatomía y la biología del dinosaurio, siendo quizá la pieza que más información provee sobre el animal. Stan también muestra múltiples heridas con signos de cicatrización, proveyendo también información sobre la sorprendente capacidad de supervivencia y de recuperación que tenía este enorme terópodo. No es de extrañarse entonces que Stan sea uno de los ejemplares más estudiados y uno de los que más datos han proporcionado sobre el Tiranosaurio rex.

3) AMNH 3982 (Manospondylus gigas): El verdadero primer fósil de T-rex descubierto


Por paradójico que parezca, antes de que se descubriera el Tiranosaurio rex, ya se había encontrado un fósil de la aún desconocida especie. Ese fósil es el actualmente llamado AMNH 3982, hallado por Edward Drinker Cope en 1892, quien en aquel entonces sólo recuperó un par de vértebras incompletas a las que asignó a un ceratopsiano emparentado con su mítico Agathaumas sylvestris al que llamó "Manospondylus gigas". Sin embargo, en 2000, el Instituto de Black Hills desenterró más huesos que tras una serie de observaciones, resultarían pertenecer al mismo ejemplar descubierto por Cope más de un siglo antes y lo sorprendente fue que ese ejemplar no era precisamente lo que su descubridor imaginó, sino un fósil de Tiranosaurio rex. De esta forma, los fósiles de Cope fueron atribuidos a la especie de Osborn, pasando el AMNH 3982 a ser el primer fósil de T-rex descubierto, aunque erróneamente identificado al inicio. Esto traería unas consecuencias que de no ser por el ejemplar que ocupa el primer lugar en la lista, pudieron haber cambiado la forma en que nos referimos al T-rex.

2) FMNH PR2081 (Sue): El esqueleto de T-rex más completo


Tratándose quizá del ejemplar de T-rex más famoso, el FMNH PR2081, mejor conocido como "Sue", apodado así en honor a su descubridora, Susan Hendrickson, fue hallado en 1990 en Dakota del Sur por un equipo del Black Hills Institute liderado por el paleontólogo, Peter Larson. No tardó mucho en convertirse en uno de los ejemplares de mayor interés para el público (hasta el punto de originar un escándalo legal involucrando no sólo a científicos, sino también a sociedades indígenas y al gobierno estadounidense), pero ese es sólo uno de los muchos títulos que tiene este espécimen. Sue es quizá también el que más se usa de referencia y con 12.3 metros de largo, no sólo es uno de los más grandes, sino el esqueleto completo más grande encontrado. Pero la razón por la que es tan conocido es porque Sue es el ejemplar más completo y mejor preservado hallado hasta el día de hoy, contando con cerca de un 90% del esqueleto. Por eso, probablemente es también el más estudiado y por consiguiente, uno de los que más información provee sobre la especie, si no el que más lo hace.

1) CM 9380: El espécimen que lo empezó todo


Y por último, el primer lugar de este Top 10 se lo lleva un fósil al que pocos aluden y al que pocos conocen, el CM 9380. Este ejemplar desenterrado por Barnum Brown en 1902 no fue verdaderamente el primero en ser descubierto, ni el más completo, ni el más grande. Entonces, ¿Por qué ocupa el 1er lugar en la lista? ¿Qué lo hace tan especial? La respuesta es simple. El CM 9380 es el espécimen tipo. Es decir, aquel por el cual la especie fue descrita y recibió su nombre. Consistiendo en un cráneo parcial, algunas vértebras, costillas, huesos de las caderas y de la pelvis y material fragmentario de las cuatro extremidades, este es el ejemplar que lo empezó todo, el primero de la especie en ser identificado y al que Henry Fairfield Osborn le dio el nombre de "Tyrannosaurus rex" el 6 de octubre de 1905, 13 años después de la descripción del Manospondylus gigas de Cope, sobre el cual prevalecería. Eso significa que mucho antes de que el Manospondylus fuese clasificado como un ejemplar de T-rex, para Osborn y la comunidad científica en general, CM 9380 (en aquel entonces, AMNH 973) representaron los primeros fósiles recuperados de esta especie. Pero, ¿por qué este nombre se sobrepuso al original? Pues ese era un tema que incluso los paleontólogos intentaban evitar por una sencilla razón, la cual no pudo haber sido mejor expresada que de la forma en que lo hizo Robert T. Bakker cuando admitió que un nombre como "Tyrannosaurus rex" es irresistible a la lengua. El Código Internacional de Nomenclatura Zoológica (ICNZ, por sus siglas en inglés) indica que el primer ejemplar descrito y nombrado tiene prioridad a la hora de asignársele el nombre a la especie, pero al mismo borde del Siglo XX, el propio CINZ indicaría que si un nombre se ha considerado válido por más de 50 años, no podría ser reemplazado por otro que se había considerado inválido (por desuso en artículos científicos). Así, el Tiranosaurio rex mantuvo el nombre que muchos amamos pronunciar y escribir y de no ser por este "otro primer T-rex" en ser descubierto, es posible que la historia hubiese sido muy distinta y que tanto el nombre como el propio dinosaurio jamás hubiesen sido tan destacados. Pero este ejemplar hizo más que otorgarle al Tiranosaurio su resonante nombre. El CM 9380 fue el espécimen que en su tiempo, sorprendió al mundo por su tamaño y por su temible apariencia, inspiró a los científicos de la época y de generaciones posteriores y aún más importante que eso, este fue el espécimen que hizo posible la descripción anatómica del T-rex como lo conocemos en la actualidad, descripción que hasta el día de hoy nos ha permitido identificar casi automáticamente a la especie.

Y así concluye nuestra lista de especímenes destacados de T-rex. ¿Qué opinan de este Top 10? ¿Hay algún otro ejemplar que no se haya mencionado en este listado y que deseen destacar? ¿Les gustaría presentarnos su propio Top 10? Siéntanse libres de compartir esto y todo lo que deseen sobre el tema en la sección de comentarios.

27 de septiembre de 2015

Documental "Más Grande que el T-Rex"

¡Muy buenas a todos!

Es un placer anunciar que hoy, Mundo Terópodo celebra 6 años desde su apertura. Por eso, deseamos agradecer a todos los lectores que con su interés mantienen nuestro deseo de seguir creciendo y ampliando nuestro contenido con más información, curiosidades, y otros recursos sobre las fascinantes criaturas que son los terópodos. Todo esto es por ustedes y para ustedes. De modo que encarecidamente, les decimos: ¡Muchas gracias!


Con eso dicho, los que han estado siguiendo el blog recordarán que el año pasado para estas fechas, tratábamos un tema que le dio la vuelta al mundo y aún hoy sigue dando de qué hablar. Es el tema de lo que algunos llamamos "La Revolución del Espinosaurio" y como indica el título, en la entrada de hoy presentamos un documental reciente sobre cómo comenzó ese evento, que en realidad no es algo que surgió hace apenas un año, sino que ha estado tomando forma desde hace más de un siglo, cuando esta criatura fue descubierta. Y aunque en este blog hemos estado atentos a los nuevos descubrimientos que han marcado dicha revolución, nada como un medio audiovisual que nos brinde un acercamiento más directo a los hechos y a las personas que hicieron posible la misma. Con esto, les dejamos el documental, "Más Grande que El T-Rex":

 Esperamos haya sido de su interés. Hasta la próxima.

15 de agosto de 2015

Dinoficha: Giganotosaurio

¡Saludos! Pues hoy retomamos la sección de las dinofichas con uno de los terópodos más controversiales conocidos. Con ésta, deseo también aprovechar para saludar a los lectores que visitan el blog desde Argentina, hogar de quien hoy es la estrella del blog, un enorme carnívoro que se ha inculcado en la imaginación de muchos y que conocemos por el nombre de Giganotosaurio carolinii.

Giganotosaurio

Localización: Sudamérica
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Carcharodontosáurido
Significado del nombre: Lagarto Gigante del Sur
Tamaño: 13 a 15 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Carnívoro

Características
El Giganotosaurio es uno de los terópodos más grandes conocidos, llegando a medir más de 13 metros de largo y 4 de alto y llegando a pesar entre 4 y 8 toneladas, aproximadamente. Su diseño corporal poco robusto, característica distintiva entre los carcharodontosáuridos. Su cráneo es amplio, profundo y de estructura triangular, mas las aperturas en el mismo lo hacen más liviano. En éste presentaba unas mandíbulas compuestas por cerca de 60 dientes afilados y serrados. Éstos eran finos y curvados hacia atrás, estando perfectamente diseñados para desgarrar carne, mas no eran aptos para triturar huesos. En adición a esto, se sugiere que sus mandíbulas, pese a ser relativamente fuertes, no estaban hechas para el forcejeo, llevando a los expertos a teorizar que este depredador mataba a sus presas infringiendo heridas serias y luego esperaba hasta que éstas murieran exhaustas por la pérdida de sangre. Su cráneo, como el de todo allosauroide, presenta ornamentaciones en frente de las órbitas oculares y que se extendían casi hasta las fosas nasales. Éstas no parecen ser demasiado prominentes, pero se piensa que en vida pudieron haber servido como un mecanismo de comunicación entre miembros de la misma especie, siendo quizá de un color llamativo que tendría utilidad a la hora de atraer pareja o de ahuyentar rivales. Sus patas traseras eran relativamente cortas con relación a las de otros allosauroides, pero a su vez, eran fuertes y presentaban un fémur levemente más largo que la tibia, proveyendo al animal de buen sostén para su macizo cuerpo mientras se movía. Por otra parte, hay quien sugiere que su constitución corporal lo hacía poco más ligero que otros terópodos de tamaño similar y que es posible que esto lo ayudara a moverse con agilidad. También es de tener en cuenta que sus patas delanteras, a pesar de ser comparativamente cortas con relación a las de otros terópodos, eran relativamente fuertes y estando provistas de tres dedos equipados con largas garras, es probable que fuesen un arma formidable a la hora de cazar o de combatir con potenciales competidores por el alimento, el territorio o el derecho a reproducirse.

Descubrimiento e Historia
Descubiertos por Rubén Carolini en 1993 en la provincia del Neuquén, Argentina, los primeros fósiles de Giganotosaurio ya indicaban que se trataba de algo grande e importante. Los mismos fueron descritos en 1995 por Rodolfo Coria y Leonardo Salgado, causando revuelo. Este primer ejemplar consistía un 70% del esqueleto, el cual incluía parte del cráneo, la pelvis, parte del hombro, una de las patas traseras y parte de la columna vertebral. Esto permitió a los autores estimar una longitud aproximada a los 13 metros, mas eso sólo fue el principio. Tres años más tarde, en 1998, tras una serie de estudios y comparaciones, se descubrió que un dentario parcial hallado en 1987 parecía encajar con perfil del género descrito por Coria y Salgado, pero éste claramente pertenecía a un ejemplar de mayor tamaño. Desde entonces, se han propuesto estimaciones aún superiores a las propuestas por Coria y Salgado y el Giganotosaurio ha pasado a ser uno de los terópodos más grandes conocidos. Con estos hallazgos, se reveló la presencia de un nuevo tipo de terópodos que demostraría que la fauna cretácica de Sudamérica era más diversa y compleja de lo previsto.

Grande, pero no el más Grande
El Giganotosaurio es hasta ahora el terópodo más grande conocido de América del Sur. De hecho, cuando su hallazgo fue revelado públicamente en 1995, el Giganotosaurio ganó fama como el primer terópodo en superar en tamaño al legendario Tiranosaurio rex y durante cerca de una década, mantuvo el título del dinosaurio carnívoro más grande conocido. Sin embargo, estudios posteriores revelarían que este titánico terópodo tiene una fuerte competencia. Una revisión del holotipo llevaría a reestimar las dimensiones poco superiores a los 13 metros inicialmente propuestas, revelando una longitud menor y aproximada a los 12.5 metros. No obstante, el segundo ejemplar parece ser un individuo un 6% u 8% más grande, para el cual se propone una longitud de entre 13 y 15 metros. Aún así, actualmente se conocen otros terópodos que rivalizan en tamaño con el Giganotosaurio, como el Espinosaurio, el Carcharodontosaurio y el propio Tiranosaurio rex, cada uno de los cuales se conoce por material que permite realizar estimaciones hipotéticas, pero razonables, siendo el Espinosaurio para el que actualmente se proponen las mayores medidas en términos de longitud y el Tiranosaurio para el que se proponen las mayores estimaciones en cuanto a altura, siendo levemente superiores a las del Giganotosaurio. Sin embargo, no hay duda de que el Giganotosaurio es uno de los terópodos de mayor tamaño conocidos y es una prueba contundente de lo inmensos que podían llegar a ser los terópodos en el Mesozoico.

Hábitat
Desde hace 100 a 94 millones de años, lo que hoy es Argentina estaba compuesto por una variedad de panoramas que incluían desde grandes zonas boscosas hasta amplios terrenos abiertos ocasionalmente afectados por actividad volcánica. En estos paisajes diversos cercanos al océano, el Giganotosaurio compartía su entorno con otros dinosaurios de gran tamaño y daba caza una amplia gama de presas, incluyendo enormes saurópodos tinanosáuridos como el Argentinosaurio, diversidad de ornitópodos como el pequeño Loncosaurio e incluso, otros terópodos más pequeños como los unenlagíinos, además de que probablemente competiría con la gran variedad de abelisáuridos que predominaban entonces en aquellas tierras como el Ekrixinatosaurio e incluso, con otros carcarodontosáuridos como el Mapusaurio.

Comportamiento
No se conoce mucho sobre el comportamiento del Giganotosaurio, pero al contar con pruebas fósiles que permiten sugerir que su pariente cercano, el Mapusaurio y que muchas de sus presas potenciales eran saurópodos de tamaño considerable, se teoriza que este gran depredador se convivía en grupos. De esta forma, tendría mayores probabilidades de derribar presas arduas y de gran tamaño, además de que facilitaría la vigilancia y cuidado de las crías para así garantizar su supervivencia. Sin embargo, dada la falta de pruebas directas, la posibilidad de que haya sido un animal territorial y de conducta solitaria no es del todo descartada.