2 de enero de 2015

¿Qué Nos Trajo el 2014?

¡Feliz Año Nuevo a todos!
Pues un poco atrasado, pero sin falta. Bueno, antes de ir al tema principal, confieso que tenía pensado publicar esta entrada antes del nuevo año, pero debido a una serie de contratiempos, me vi obligado a aplazarla y postearla como la primera entrada del 2015. Dicho esto, como lo indica el título, en este post pretendo contestar la pregunta  "¿Qué nos trajo el 2014?" haciendo un resumen de los hallazgos y descubrimientos más relevantes del año pasado en lo que se refiere al estudio de los terópodos. Tengan en cuenta sin embargo que sólo cubro algunos de los descubrimientos (no todos) que destacaron en los medios durante el pasado año y otros que no lo hicieron tanto, pero que no por seo dejan de ser interesantes o valiosos para el progreso de la paleontología como ciencia.

Para comenzar, tenemos un hallazgo sin precedentes hecho a principios de enero del año pasado. Se trata de los primeros dinosaurios identificados en Arabia Saudita, territorio que durante gran parte de la Era Mesozoica estaba situado varios metros bajo el agua. La zona de donde fueron extraídos los fósiles y éstos en sí datan de 72 millones de años, tratándose de una época cercana al final de la Era Mesozoica. Uno de los dinosaurios identificados aquí por el equipo de investigación dirigido por el Dr. Benjamin Kear es un abelisáurido, tratándose de un grupo exitoso del cretácico tardío, pero muy poco común en la zona. Se cree que el animal pudo haber alcanzado 6 metros de largo y aún no ha recibido un nombre genérico.

Pero este abelisáurido no es la única sorpresa que emergió de un territorio casi inexplorado paleontológicamente. Poco más de un mes más tarde, un equipo de paleontólogos japoneses y malayos, descubrió en Malasia lo que parece ser un conjunto de dientes de dinosaurio. Uno de ellos fue identificado al instante. Éste medía 23 milímetros de largo y 10 milímetros de ancho, era cónico y afilado y presentaba pequeños dentículos en los bordes. Con sólo observar su forma, se hizo evidente que se trataba de un diente de espinosáurido. Estos son los primeros restos de dinosaurio encontrados en la zona, por lo que los científicos están tomando medidas para la aprobación de leyes que protejan la misma y limiten su acceso exclusivamente a investigadores certificados y esperan realizar estudios más detallados sobre la paleobiota de la misma en futuras expediciones.

Diente de espinosáurido descubierto en Malasia
(Fotógrafo no identificado)

Pocas semanas después, a inicios de marzo, se publicó la reclasificación de la especie de Torvosaurio encontrada en la Formación Lourinha de Portugal, a la que se le dio el nombre de Torvosaurus gurneyi. Inicialmente, los paleontólogos lo habían clasificado como un nuevo ejemplar de Torvosaurus tanneri, pero tras estudios más detallados y la recuperación de más material, se identificaron diferencias en la forma de las mandíbulas y el tamaño y la cantidad de los dientes en proporción, además de las diferencias previamente conocidas, como lo es el tamaño de la especie norteamericana con respecto al de la europea. Pero el nuevo estudio, dirigido por paleontólogos Christophe Hendrickx y Octavio Mateus, dice aún más. Mientras las estimaciones de longitud situaban a los ejemplares portugueses entre los 11 y los 12 metros de largo, según esta investigación, el Torvosaurio gurneyi no superaba por mucho los 10 metros de longitud. No obstante, aún es considerado el mayor terópodo descubierto en Europa.

Torvosaurio gurneyi
Ilustración de Sergey Krasovskiy

Por otro lado, el Torvosaurio no fue el único objeto de estudio que llevó a una la conclusión de que una especie de terópodo resultó ser otra distinta. Más tarde, ese mes, se publicó un caso aún más interesante. Varios fósiles de tiranosáurido previamente descubiertos en Alaska fueron estudiados con precisión por paleontólogos del Perot Museum of Nature and Science de Texas, Estados Unidos. La clasificación de estos fósiles fue muy controversial durante varios años, pero tras este estudio se determinó que se trataban de una especie desconocida hasta entonces. Los investigadores la llamaron Nanuqsaurio hoglundi, el cual estaba más estrechamente relacionado con los tiranosaurinos, como el T-rex y el Tarbosaurio, que con los albertosaurinos, como el Albertosaurio y el Gorgosaurio. Sin embargo, presentaba una característica poco común en este grupo. Su longitud no era superior a los 6 metros, mientras que sus parientes más cercanos tendían a superar los 10 metros de largo. Su cráneo sólo medía 63.5 centímetros, lo cual es pequeño con relación al de la mayoría de sus relativos. No obstante, lo más interesante de esta especie es el propio lugar donde fue encontrado, ya que los huesos de tiranosáuridos en las cercanías del polo son muy raros, por lo que se había sugerido que este grupo particular no estaba del todo adaptado al ecosistema ártico. De hecho, los autores del estudio sugieren que este tiranosáurido relativamente pequeño estaba perfectamente acoplado a dicho ecosistema y que su propio tamaño es indicio de ello, ya que al ser más pequeño que sus parientes más cercanos, requerirá menos alimento y probablemente, sería más activo, lo cual es una ventaja en un ambiente inestable como probablemente lo tuvo lo que hoy es el estado alasqueño a finales del Cretáceo.

Una madre Nanuqsaurio y sus crías
Ilstración de FabrizioDeRossi de Deviantart

Semanas más tarde, un equipo de paleontólogos estadounidenses dirigido por el Dr. Matthew Lamanna describió un nuevo terópodo perteneciente a un linaje poco común en Norteamérica. Se trataba de un caenagnátido, una familia perteneciente al grupo de los oviraptorosaurios. El nuevo dinosaurio fue llamado Anzu wyliei y se conoce por restos de tres esqueletos parciales descubiertos en Dakota del Sur que, en conjunto, forman un esqueleto casi completo. Dos de éstos muestran señales de heridas cicatrizadas cuyas causas aún no se con certeza, aunque se ha especulado que pudieron haber sido producidas durante una confrontación entre individuos de la misma especie. Con el material recuperado, los investigadores estimaron su longitud en aproximadamente, 3.35 metros, convirtiéndolo en el oviraptorosaurio más grande encontrado en Norteamérica. Es de reconocer que también es uno de los últimos, datando de aproximadamente 66 millones de años, siendo 4 millones de años posterior a su pariente más cercano, el Chirostenotes y compartiendo su entorno con dinosaurios más conocidos, como el Triceratops y el T-rex. Los científicos sugieren que el Anzu era omnívoro y que su dieta consistía principalmente en plantas, aunque es probable que también se alimentara de insectos, reptiles pequeños, mamíferos primitivos y huevos de otros dinosaurios, por nombrar algunos ejemplos. No obstante, el Anzu no sólo ofreció respuestas sobre su especie. Tras una serie de observaciones, el equipo de investigación determinó que el Gigantoraptor, el oviraptorosaurio más grande conocido hasta la fecha, estaba más emparentado con el Anzu y con otros caenagnátidos que con los oviraptóridos, contrario a lo que se había sugerido anteriormente.

Anzu wyliei
Representación de Masato Hattori

Pero cuando el Anzu arrojó nueva luz sobre un grupo de terópodos común en Asia, pero raro en el hemisferio occidental, una historia invirtió los papeles. Mientras que los tiranosáuridos son frecuentemente hallados en Norteamérica, a principios de mayo se hizo público el descubrimiento de una nueva especie de tiranosáurido asiático y éste era muy distinto a la mayoría de los miembros de la familia conocidos hasta entonces. Esta criatura tenía mandíbulas alargadas y un morro puntiagudo y sus dientes eran considerablemente finos en comparación con los de sus parientes más cercanos. Estas características son normalmente vistas en ejemplares jóvenes del grupo, pero al examinar los fósiles de este nuevo ejemplar, el equipo de investigación a cargo del estudio, conformado por científicos de la Academia China de Ciencias Geológicas y de la Universidad de Edimburgo, notaron la peculiaridad de que éste era un animal casi adulto o bien, alcanzando la adultez temprana, alcanzando una longitud aproximada a los 9 metros. Los investigadores lo llamaron Qianzhousaurio sinensis y basándose en sus características, sugieren que pudo haber empleado un nicho diferente al de sus relativos. Sus fósiles datan de 66 millones de años, aproximadamente, por lo que se ha determinado que fue contemporáneo y probablemente, presa de su primo mayor, el Tarbosaurio. El descubrimiento del Qianzhousaurio llevó a la definición de una nueva rama dentro de la familia de los tiranosáuridos llamada Alioramini, que hasta ahora incluye a los géneros Alioramus y Qianzhousaurus.

Cabeza del Qianzhousaurio sinensis
Ilustración de MALvit de Deviantart

No obstante, China aún tenía más por ofrecer. Aproximadamente un mes más tarde, se anunciaría el hallazgo del microraptorino más grande encontrado hasta hoy. Su descubrimiento fue publicado por el Dr. Luis Chiappe, del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, California, quien dirigió la investigación. El dinosaurio recibió el nombre de Changyuraptor yangi y es anatómicamente muy similar al Microraptor, pero casi medio metro más largo, llegando a medir 1.3 metros de longitud y 4 veces más pesado, pesando cerca de 4.1 kilogramos. Una característica resaltante de esta criatura son las inusualmente largas plumas de la cola, que llegaban a medir casi 33 centímetros, lo cual según los investigadores, pudo haber sido una herramienta útil para controlar sus movimientos mientras planeaba de árbol en árbol.

Changyuraptor yangi comparado con un ser humano
Ilustración de Stephanie Abramowicz

Luego de unos meses, otro descubrimiento poco usual tuvo lugar. Mientras la mayor parte de los yacimientos de fósiles de dinosaurios en Sudamérica se centran en Argentina y Brasil, una zona poco explorada del continente está comenzando a revelar sus misterios: la formación La Quinta en Táchira, Venezuela. A principios de octubre se describieron unos huesos descubiertos en febrero de 2013. Éstos consistían en una tibia y una pelvis fragmentaria que por su forma, sólo podían pertenecer a un terópodo, siendo el primero hallado en el país. Su descubridor, Ascanio Rincón, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas lo nombró Tachiraraptor admirabilis. Los fósiles datan de 200 millones de años, antigüedad que alude a las etapas iniciales del Período Jurásico, por lo que no es de extrañarse que el Tachiraraptor muestre características de dinosaurios primitivos, como los neoterópodos basales (como los coelophysoides y los dilophosáuridos), que constituían el grupo de terópodos más común de la época y al cual probablemente pertenecía esta recién descubierta especie. La tibia muestra un buen estado de preservación y se afirma que mide cerca de 25 cm, por lo que comparándolo con dinosaurios similares, se calcula que el animal entero mediría aproximadamente, 1.5 metros de largo. Además de los datos que se obtienen sobre el dinosaurio en sí, el hallazgo del Tachiraptor arroja nueva luz no sólo sobre el paleoambiente de la zona ecuatorial, sino también sobre el papel que jugó la ruptura del supercontinente Pangea en el desarrollo de los primeros dinosaurios y su distribución.

Tachiraraptor cazando un grupo de Laquintasauras
Ilustración de Maurílio Oliveira

Menos de una semana después, se publicó una noticia que estremeció al mundo. Tras un siglo de misterio y controversia, un equipo de la Universidad de Chicago dio a reveló el hallazgo de nuevos restos del enigmático Espinosaurio aegyptiacus. Los nuevos fósiles dieron a conocer que esta criatura estaba mejor adaptada a un estilo de vida acuático de lo que se había imaginado previamente y proporcionaron  pruebas de que este dinosaurio no sólo estaba perfectamente diseñado para la natación, sino también de que probablemente pasaba más tiempo y se desempeñaba mejor en agua que en tierra. Los investigadores propusieron algunos cambios en la anatomía del animal que revolucionaron por completo nuestra visión sobre el mismo. Entre ellas, una nueva disposición de las espinas neurales que forman una estructura sinusoidal en lugar de la forma semicircular sugerida previamente, un cuerpo más esbelto, unas dimensiones no muy superiores a los 15 metros, un cuello y una cola más largos y flexibles y lo más sorprendente, unas patas traseras considerablemente cortas con relación a la mayoría de los terópodos, las cuales muestran adaptaciones perfectas para trasladarse en un entorno húmedo y para movilizarse en el agua, convirtiéndose en el primer dinosaurio semiacuático del que se tiene registro. Puede leer más al respecto aquí.

Espinosaurio nadando
Representación de Masato Hattori

Sin embargo, el Espinosaurio no fue el único terópodo afectado por una revolución. Un mes después, se le uniría el Deinocheirus mirificus, del cual se habían estado revelando nuevos detalles desde el pasado verano tras la recuperación de nuevos especímenes. Ahora sabemos que esta criatura fue más rara de lo previamente supuesto. Su tamaño, anteriormente objeto de polémica, se estimó en unos 11 metros de largo y a pesar de ser un ornithomimosaurio, tenía una constitución notablemente robusta y contaba con características que nunca se hubieran sospechado de no haber sido descubierto el nuevo material. Entre ellas, una joroba que recorría su lomo y un cráneo más similar al de un hadrosaurio que al de un ornithomimosaurio. Además, se encontraron gastrolitos entre las costillas de unos ejemplares y junto a éstos, vértebras de peces, lo que sugiere una dieta variada que incluía plantas blandas y fauna acuática. Puede leer más sobre este tema aquí y aquí.

Deinocheirus alimentándose junto a un par de Saurólophus
Ilustración de Vitor Silva

Por otra parte, un tercer terópodo antiguamente descubierto sería parte de las revoluciones paleontológicas del 2014, el famoso Archaeopteryx lithographica. Tras la recuperación de un nuevo ejemplar en 2011, se ha estado realizando una serie de estudios sobre el mismo. El nuevo estudio, llevado a cabo por el Dr. Oliver Rauhut de la Ludwig Maximilians Universität de Munich, Alemania ofrece nueva información sobre el patrón del plumaje de esta criatura. El estudio da a conocer que inicialmente, los primeros terópodos emplumados habían desarrollado una capa de plumas para propósitos de termorregulación y exhibición y posteriormente, para levantar el vuelo. En el caso del Archaeopteryx, se conserva un patrón en el que se observan varios tipos de plumas que muestra esta transición. Del mismo modo, el estudio reveló nuevos detalles sobre la anatomía de este pequeño terópodo, como por ejemplo, el hecho de que tenía las patas traseras cubiertas por plumas que parecían formar un segundo par de alas, similar al que se ve en los microraptorinos, además de que presentaba una apertura en el abanico de plumas que recorre su cola, apreciable al final de la misma. Dicho estudio se realizó a principios de julio, pero la revolución del Archaeoteryx no termina aquí. El pasado mes de noviembre fue testigo de otra transformación de esta criatura, cuando el investigador, Ryan Carney de la Brown University, quien en 2012 había examinado un ejemplar de Archaeopyeryx, revelando que la coloración de las plumas presentaban un patrón mayormente blanco con pigmentos negros, realizó un nuevo estudio sobre los patrones de color del dinosaurio, revelando que los patrones oscuros fueron más difundidos de lo apreciado anteriormente.

Diseño más cercano al nuevo Archaeopteryx
Ilustración de Samantha Welker

Pero las sorpresas de 2014 no culminaron con la transformación del Archaeopyeryx. Curiosamente, abrimos el post con abelisáuridos y lo cerraremos con ellos. Y es que el pasado 20 de diciembre se publicó el hallazgo de restos de una nueva especie de abelisáurido en la Formación Anacleto de la Patagonia, Argentina durante una expedición italiano-argentina. El nuevo dinosaurio aún no ha sido nombrado y a pesar de ser fragmentarios, sus fósiles muestran pertenecer a un animal de tamaño medio y presentan diferencias con respecto a las especies encontradas en dicha formación, la cual data de 75 millones de años.

El 2014 nos trajo nuevos conocimientos que ayudaron a responder algunas interrogantes que nos desconcertaban sobre estas fascinantes bestias y a su vez, nos llevaron a plantearnos nuevas preguntas que nos permiten expandir nuestra búsqueda de información y abrir nuestras mentes a los misterios de los terópodos y del mundo en que éstos vivían. La interrogante ahora es ¿Qué nos depara el 2015? La respuesta será respondida eventualmente, durante el nuevo año, pero desde ya sabemos una cosa: Los terópodos seguirán sorprendiéndonos  con cada descubrimiento realizado. 

Fuentes:
  1. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/01/140107092829.htm
  2. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/02/140224204737.htm
  3. http://www.sci-news.com/paleontology/science-torvosaurus-gurneyi-giant-dinosaur-portugal-01794.html
  4. http://www.sci-news.com/paleontology/science-nanuqsaurus-hoglundi-tyrannosaur-alaska-01803.html
  5. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/03/140319195817.htm
  6. http://fundaciondinosaurioscyl.blogspot.com/2014/03/cientificos-descubren-restos-de-un.html
  7. http://news.nationalgeographic.com/news/2014/05/140507-pinocchio-rex-dinosaurs-tyrannosaurus-science-new-species/
  8. http://www.sci-news.com/paleontology/science-changyuraptor-yangi-feathered-dinosaur-china-02065.html
  9. http://www.lanacion.com.ve/regional/el-laquintasaura-y-el-tachiraptor-los-dos-tachirenses-prehistoricos/
  10. http://www.en.uni-muenchen.de/news/press-services/press-releases/2014/archaeopteryx.html
  11. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/11/141105084824.htm
  12. http://theropoda.blogspot.com/2014/12/un-nuovo-abelisauride-dalla-formazione.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FaJKG+%28Theropoda%29

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