27 de septiembre de 2013

Dinoficha: Megalosaurio

Saludos, estimados lectores de Mundo Terópodo. Me complace anunciar que hoy este, su blog, celebra su cuarto aniversario y lo festeja con la publicación de la dinoficha de un terópodo muy especial, pues no se trata de un dinosaurio cualquiera, sino del dinosaurio que lo empezó todo. Así es. Estamos hablando del Megalosaurio, prácticamente el primer dinosaurio descubierto por la comunidad científica, siendo a su vez, una de las bases sobre las que se cimentaría la paleontología moderna. Por eso hoy, en su cuarto año de actividad, Mundo Terópodo celebra a la criatura que hizo posible el estudio de los dinosaurios. No sólo por el hecho de ser el primer dinosaurio del cual se tiene registro científico, sino también por el hecho de que fue un terópodo el que dio luz verde a la humanidad para el estudio de la vida prehistórica.

Megalosaurio
Ilustración de Raúl Martín

Localización: Europa
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Megalosáurido
Significado del nombre: “Lagarto Grande”
Tamaño: 9 metros de largo
Período: Jurásico
Dieta: Carnívoro

Características
Los fósiles encontrados hasta el momento muestran que el Megalosaurio era un depredador de mediano tamaño, midiendo alrededor de 9 metros de largo, además de que presentaba la típica estructura de un terópodo tetanuro. Contaba con un cráneo grande, tenía forma cuadriforme y presentaba mandíbulas alargadas repletas de afilados dientes en forma de cuchilla, ideales para sostener presas en movimiento y para desgarrar carne. Este terópodo contaba con un cuello corto, pero a su vez, fuerte y flexible que le permitía mover su cabeza con agilidad. Sus brazos eran pequeños con relación a los de otros dinosaurios carnívoros y terminaban en  tres dedos provistos de afiladas garras, las cueles eran eficientes no a la hora de manipular comida, sino también a la hora de utilizarlas como armas de defensa, de combate y quizá, hasta de caza. A pesar de que su cuerpo era robusto, su peso no era superior a 1.5 toneladas y sus patas traseras eran largas y fuertes, permitiéndole moverse a velocidades considerables para un animal de su tamaño. Su larga cola era robusta, pero estaba achatada a los lados, una característica no muy usual en muchos terópodos. Se cree que este diseño pudo haberle ayudado a movilizarse por agua. Es decir, que lo hiciera capaz de nadar.

Historia
El Megalosaurio fue el primer dinosaurio descubierto por la comunidad científica y también, el primero en ser estudiado, descrito y nombrado. No es de sorprender entonces que en sus inicios, fuera un total misterio y que incluso, los detalles más básicos sobre su entidad, tales como su apariencia y hasta su propia existencia fueran objeto de debate. El primer hueso de Megalosaurio fue descubierto por unos excavadores en 1676 en una cantera de Cornwell en Oxfordshire, Inglaterra desde donde fue enviado al químico y naturalista, Robert Plot de la Universidad de Oxford, quien rápidamente se percató que se trataba de un fémur perteneciente a un vertebrado incluso más grande que cualquier especie conocida hasta entonces y así lo publicó en 1677 con una ilustración del fósil. Dado que este era el primer hueso de dinosaurio que la comunidad científica había visto, Plot y científicos subsiguientes no estaban seguros de lo que era y sugirieron que el fémur pertenecía a una criatura que murió ahogada durante el Diluvio Universal narrado en el Libro del Génesis, en la Biblia. Incluso se llegó a pensar que el hueso pertenecía a un humanoide gigante que murió en dicho suceso. Pasaría más de un siglo para que nuevos descubrimientos e investigaciones arrojaran nueva luz sobre la identidad de la criatura y para entonces, el fósil se habría perdido, dejando como único registro de su existencia la publicación de Plot en el libro "Historia Natural de Oxfordshire". Pero a partir de finales del Siglo XVIII, más huesos serían recuperados en las canteras de Stonesfield en Oxfordshire, Inglaterra, entre los que resalta un dentario parcial, algunas vértebras, una pelvis fragmentaria, un omóplato y parte de las patas traseras. Para entonces, había más avances en los conocimientos sobre geología y anatomía que permitirían tener una nueva visión de la criatura. En esta época estaban ganando auge las teorías de Georges Cuvier, anatomista francés que sugeriría que una especie o un grupo de especies podría enfrentar un evento catastrófico con el potencial de poner fin a su existencia (es decir, una extinción). Cuvier examinó los fósiles en 1818, durante una visita al entonces director del Museo de Ashmolean, William Buckland, a quien fueron enviados los huesos recuperados en Stonesfield y juntos llegaron a la conclusión de que pertenecían a un reptil más grande que cualquier otro antes visto, llegando a medir quizá hasta 12 metros de largo. En 1824, Buckland publica la existencia de esta criatura bajo el nombre de "Megalosaurio" que en griego significa "lagarto grande", tratándose ésta de la primera descripción hecha de un dinosaurio, siendo 18 años anterior a la introducción de la palabra "dinosauria" por Sir Richard Owen. Posteriormente en 1827, Gideon Mantell asignaría el binomial "bucklandii" al género, dándole así el nombre que hoy conserva la especie (Megalosaurus bucklandii). Sin embargo, la visión científica aún no era capaz de concebir al Megalosaurio de Buckland con una apariencia muy diferente a la de los reptiles actuales, por lo que muchos lo visualizaban como un enorme lagarto, ganando así el apodo de "El Varano de Stonesfield". No sería hasta finales del Siglo XIX que nuevos hallazgos revelarían que, al igual que otros dinosaurios posteriormente descubiertos, el Megalosaurio caminaba sobre dos patas. Mas no sería hasta la segunda mitad del Siglo XX que sería representado con una postura más realista, siendo un animal bípedo que mantenía su cuerpo horizontal con respecto al suelo y que no superaba los 9 metros de longitud. Después de este proceso de cambio de apariencia, en 1995, más fósiles fueron encontrados y asignados al género, mas no a la misma especie. Este nuevo hallazgo consta de una tibia y tres metatarsos más robustos que los vistos en el material anterior y fueron clasificados como una nueva especie de Megalosaurio, conocida como "Megalosaurus phillipsi". No obstante, actualmente ésta es considerada como una especie dudosa.

Un Cajón de Dinosaurios
Durante un tiempo, el Megalosaurio fue considerado como lo que los científicos llaman un "cajón de desperdicios genérico", término utilizado para referirse a un género de organismos particulares que funciona como recipiente para muchos otros. Esto se debe a que el nombre "Megalosaurio" fue utilizado durante décadas para clasificar a cerca de 50 especies (hoy, considerados géneros separados) de dinosaurios, pues a lo largo de la historia, muchos científicos han mencionado hallar nuevas especies de Megalosaurio cuando estudios posteriores revelan que en realidad se tratan de otros tipos de dinosaurio. Algunos de estos dinosaurios alguna vez considerados como "Megalosaurio" son: el Dilophosaurio, el Carcharodontosaurio, el Eustreptospóndylus, el Metriacanthosaurio, el Dryptosaurio, el Proceratosaurio, el Majungasaurio e incluso, el Plateosaurio (a pesar de ni siquiera ser un terópodo). De hecho, hoy algunos paleontólogos no descartan la posibilidad de que varios de los huesos estudiados por William Buckland en 1824 (actualmente clasificados como Megalosaurio bucklandii) pertenecieran en realidad a diferentes especies de terópodos.

Hábitat
El Megalosaurio habitó en lo que actualmente es Inglaterra desde hace 170 millones de años hasta hace 155 millones de años, a mediados del período Jurásico. Durante ese tiempo, Europa consistía en una serie de islas divididas del continente por un mar poco profundo conocido como el Mar de Tetis. La geografía en ese entonces era similar a la del Caribe actual, dotando a este archipiélago y a la región continental de un clima tropical, abundante en diversos tipos de coníferas y múltiples especies de arecáceas y helechos. Irónicamente, el Reino Unido, junto con la Península Ibérica y el área continental, en ese entonces constituía una de las expansiones territoriales de mayor extensión, pero su entorno no variaba demasiado con respecto a las islas más pequeñas. En este mundo húmedo y exuberante, el Megalosaurio competía con otros terópodos similares como el Eustreptospóndylus por presas como el Cetiosaurio y el Lexovisaurio.

Comportamiento
Pese al antiguo registro fósil que se tiene del Megalosaurio, el material que se tiene de él no es suficiente para darnos una idea clara de cómo se comportaba, pero al compararlo con terópodos similares, los expertos especulan que éste era un animal altamente competitivo que prefería un estilo de vida solitario. Se cree que los megalosaurios preferían cazar presas con una diferencia en tamaño relativamente leve. Además, es de considerar que la mayoría de los herbívoros presentes en el ecosistema del Megalosaurio raramente alcanzaban el doble de su tamaño, un factor usual en espacios limitados, tales como islas. Esto indica que el Megalosaurio no necesitaría reunirse en grandes grupos para derribar a la mayoría de los herbívoros con los que compartía su entorno y en cambio, estaría más dispuesto a competir que a compartir a la hora de obtener alimento. Los fósiles sugieren que tenía brazos fuertes y garras diseñadas para desgarrar carne que, junto con sus mandíbulas profundas llenas de filosos dientes, le proporcionaban un arma formidable para cazar y que además, contaba con las características necesarias para un gran corredor, por lo cual, el Megalosaurio contaba con las herramientas necesarias para enfrentar presas que lo asemejaran en tamaño sin necesidad de refuerzos. Debido a la falta de material fósil de individuos jóvenes, se desconoce cómo era su interacción filo-paternal. Algunos creen que las crías quedaban bajo el cuidado exclusivo de la hembra durante un período de tiempo determinado.
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Y para concluir, cierro esta entrada agradeciendo a todos por sus visitas y participación en el blog y por promover el interés y la investigación sobre estas fabulosas criaturas que inspiran nuestro blog, los terópodos. 


11 de agosto de 2013

Dinoficha: Velociraptor

Bien, es hora de despertar las dinofichas con la adición de uno de los terópodos más conocidos y también uno de los depredadores más peligrosos del Cretáceo. La película "Jurassic Park" fue su lanzamiento a la fama y con ésta, cautivó a las audiencias como un lagarto bípedo sediento de sangre. Hoy, lo vemos más parecido a un ave de rapiña, mas no por eso deja de ser el sanguinario destripador que nos pone los pelos de punta. De hecho, se podría decir que con el pasar del tiempo, parece hacerse más letal el legendario... ¡Velociraptor!

Velociraptor

Localización: Mongolia y China, Asia
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Dromeosáuridos
Significado del nombre: “Ladrón veloz”
Tamaño: 1.5 a 2 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Carnívoro

Características
El Velociraptor fue un depredador pequeño y ágil que vivió en lo que hoy conocemos como Asia. Estaba dotado de largas patas traseras que le permitían correr a grandes velocidades y de brazos largos que le ayudaban a agarrar animales pequeños y manipular comida. También contaba con un cráneo de 25 cm de largo y con una boca equipada con 80 dientes afilados como navajas, los que utilizaba para morder a sus víctimas y desgarrar su carne a la hora de comer. Además de sus dientes, poseía también unas afiladas garras que utilizaba para atacar a cualquier presa u oponente que estuviera a disposición. Pero su característica más sobresaliente es la garra en forma de hoz del segundo dedo en cada pata trasera. Ésta llegaba a medir 9 centímetros de largo y era probablemente, su arma principal. Para evitar su desgaste, el Velociraptor, al igual que todos los dromeosáuridos, mantenía esta garra erguida mientras caminaba o corría, pero al momento de atacar, la apoyaba sobre sus víctimas para perforar su piel. Sin embargo, algunos estudios revelaron que contrario a la percepción popular, esta garra no estaba hecha para zarpar o rasgar a sus presas, sino para apuñalarlas en puntos vitales hasta que ésta muriera debilitada, durante una serie de ataques en los que combinaba todas sus armas, incluyendo también las garras de las patas delanteras y sus dientes. La cola del Velociraptor estaba dotada de largos huesos que se acomodaban entre sus vértebras, lo cual, la mantenía flexible y rígida. Esto le brindaba un buen balance al animal al momento de dar un giro fugaz mientras corría. Un descubrimiento realizado en septiembre del año 2007 reveló que el Velociraptor estaba cubierto por una capa de plumas, lo que finalmente confirmó que éste dinosaurio estaba estrechamente relacionado con las aves.

Descubrimiento y Hallazgos
Los primeros fósiles de Velociraptor se encontraron por primera vez en el año 1922 en la región de Djadokhta del Desierto de Gobi, Mongolia por el personal del Museo de Historia Natural Americano y fue nombrado un año más tarde (en 1924) por Henry Fairfield Osborn. Varios fósiles se han encontrado desde entonces, pero ninguno ha cautivado tanto a la comunidad científica como el apodado “The Fighting Dinosaurs” (Los dinosaurios Luchadores), descubierto en el Desierto de Gobi en 1971. Éste revela ciertamente una lucha a muerte entre un Velociraptor y un Protoceratops. El fósil demuestra que el Velociraptor apuñalaba al herbívoro con su garra mortal en la garganta, al mismo tiempo que lo agarraba por la boca por una de sus patas delanteras, mientras el Protoceratops mordía la otra con su fuerte pico. Debido a que ambos permanecieron en su posición de lucha y a su excelente estado de conservación, los expertos especulan que ambos hubiesen muerto enterrados por un deslizamiento de arena proveniente de una duna cercana. Durante casi un siglo, la especie “Velociraptor mongoliensis” fue la única inscrita en el registro fósil, pero en 2008 se describió una segunda especie encontrada en 1999, la cual fue nombrada “Velociraptor osmolskae”, en honor a la paleontóloga polaca, Halszka Osmolska. Además, hay quien piensa que el género Tsaagan, podría tratarse, en realidad, de una especie de Velociraptor, aunque hay polémica sobre esta aseveración.  

Hábitat
El Velociraptor fue encontrado en lo que llamamos hoy el Desierto de Gobi. Mientras el Velociraptor aún vagaba por aquellos lugares hace entre 75 y 65 millones de años, el desierto no era muy diferente al que conocemos hoy. Sin embargo, en este inmenso espacio árido era posible encontrar varias sabanas (en algunos casos, bastante extensas) que se encontraban distantes unas de otras entre las grandes dunas de arena que había en el enorme desierto. Algunos de estas sabanas contenían zonas de exuberante vegetación alimentadas por oasis y matorrales que se formaban durante la estación húmeda. En éste tipo de hábitat arenoso y poco frondoso, el Velociraptor cazaba cualquier cosa que estuviera a su alcance, incluyendo pequeños ceratópsidos, paquicefalosaurios, ornithomimosaurios, aves y mamíferos. Es probable que acechara escondiéndose tras las pocas plantas y arbustos resistentes a la sequía y entre la vegetación baja de las sabanas, en donde posiblemente era más fácil encontrar suministros de agua.

Velocidad
Debido a su estructura liviana, patas largas y al contar con una tibia más larga que el fémur, lo cual, le proveía un excelente impulso, los científicos coinciden en que el Velociraptor, como la mayoría de los dromeosáuridos, fue uno de los dinosaurios más veloces. Posiblemente capaz de alcanzar una velocidad estimada de 60-75 km/h durante un corto período de tiempo, lo que lo ubica entre los dinosaurios más rápidos y ágiles conocidos.

Comportamiento
Basándose en lo que muestran los fósiles y en el comportamiento de depredadores actuales, los expertos han podido coincidir en varios puntos sobre la conducta del Velociraptor. Muchos aseguran que gracias a su cantidad de armas, un solo Velociraptor podía ser letal, pero es muy probable que este dinosaurio conviviera en grupos. Esto le ayudaba a derribar presas incluso más grandes y fuertes que ellos mismos y probablemente, proveía una mejor protección para los individuos más jóvenes. Probablemente, estos grupos estaban organizados por un orden social dirigido por un macho o una hembra dominante que guiaba al resto del grupo en la búsqueda de alimento, agua y todo lo necesario para su supervivencia.

Además del comportamiento social, el hecho de que el Velociraptor tuviera plumas ha permitido a los paleontólogos teorizar que esto estuviese, de alguna manera, relacionado a las destrezas de reproducción de este dinosaurio como en muchos otros en los que se ha descubierto el mismo patrón, del mismo modo que sucede con muchas aves de la actualidad. Hay quien piensa que el macho poseía una coloración más brillante en su plumaje que utilizaba para atraer la atención de la hembra y ahuyentar rivales en la época de apareamiento. Del mismo modo, es posible que el color del plumaje le proveyera al Velociraptor la capacidad de camuflarse en su entorno para así facilitar la caza.

Un estudio llevado a cabo en 2011 llevó a los paleontólogos a sugerir que este animal era un eficiente cazador nocturno y que probablemente decidía esperar a la noche para emboscar a sus presas.

18 de julio de 2013

Evidencia Fósil de Comportamiento Predatorio en el T-rex

Gracias a nuestro amigo, Leo, hoy publico una entrada que seguro será de gran utilidad para aquellos interesados en el debate sobre el estilo alimenticio del Tiranosaurio rex.

La polémica sobre si el Tiranosaurio rex era depredador o carroñero ha sido muy intensa desde su comienzo. Durante años, el debate se ha llevado a cabo utilizando como argumento únicamente la especulación y la lógica para sustentar una teoría o la otra a falta de evidencia fósil. No obstante, luego de casi un siglo, eso cambió. En 1998, el paleontólogo Kenneth Carpenter publicó un artículo en el que resalta la descripción de un fósil de Edmontosaurio en el que enfatiza una marca de mordida en varias espinas neurales de la cola del espécimen. Según Carpenter, estas marcas, no sólo por su forma y tamaño, sino también por el tamaño del ejemplar, sólo pudieron haber sido producidas por un T-rex. Lo más intrigante sin embargo, es que la herida muestra señales de cicatrización, lo que indica que el Tiranosaurio atacó al Edmontosaurio en vida y que éste último sobrevivió al ataque, sugiriendo una relación depredador-presa.



El artículo de Carpenter marcó un antes y un después en la historia del debate, ya que numerosos fósiles de dinosaurios con marcas de mordida de Tiranosaurio se habían encontrado hasta entonces, pero ninguno presentaba muestras de cicatrización y por tanto, no proporcionaban suficientes pruebas para determinar si éste los cazó en vida o si simplemente comenzó a alimentarse de ellos después de muertos.

Una década después de esta publicación (en 2008), el paleontólogo Peter Larson, publicó un libro en el que, junto con Carpenter, menciona el hallazgo de un cuerno y un escamosal de Triceratops, ambos mostrando marcas de mordida de un Tiranosaurio. El cuerno estaba roto, pero curiosamente, había desarrollado una nueva capa de hueso sobre la parte afectada. El escamosal también muestra indicios de cicatrización, lo que sólo sugiere una cosa: este Triceratops también había sobrevivido a un ataque de Tiranosaurio, proveyendo nueva evidencia de comportamiento predatorio en el Tiranosaurio rex.


Hallazgos como estos son, por increíble que parezca, la única evidencia fósil que nos revela un comportamiento predatorio en el famoso T-rex y al mismo tiempo, es de reconocer que son muy raros. Sin embargo, tan recientemente como 2013, Robert DePalma y algunos colegas realizaron un descubrimiento similar y aún más sorprendente. Se trata de un par de vértebras de la cola de un hadrosaurio fusionadas, indicando que en algún momento, mientras el animal estuvo vivo, sufrieron un tipo de infección que produjo un crecimiento deforme de las mismas, pero más curioso es lo que revelaron los rayos X: entre ambos huesos, hay un diente roto de Tiranosaurio incrustado. Esto significa que las vértebras fueron cubiertas por una capa de hueso nuevo y en el proceso, la nueva capa encerró esta parte del diente que se desprendió del atacante. Se trata de una corona dental de 3.75 cm de largo que coincide con la típica forma de los dientes del T-rex, lo que sólo puede significar que este hallazgo es una prueba más de que éste practicaba la caza activa.

A) Las vértebras fusionadas del hadrosaurio B) El diente de Tiranosaurio incustado


Estos hallazgos son cautivadores porque nos muestran que el T-rex, como cualquier otro depredador, no siempre tenía éxito a la hora de derribar a sus presas, sino que ocasionalmente fallaba en sus intentos de matar para ganarse la vida. Sin embargo, son aún más sorprendentes porque nos ofrecen pruebas de que cazaba animales vivos. De modo que para lo que el rey de los dinosaurios fue una frustración, para la comunidad científica es un éxito.

30 de junio de 2013

Adiós, Dilophosaurio sinensis. Hola, Sinosaurio triassicus

Muchos habrán leído sobre la existencia de una posible especie de Dilophosaurio asiática conocida como "Dilophosaurio sinensis". La misma ha sido objeto de polémica desde su descubrimiento, ya que difería de sus semejantes norteamericanos en algunas características físicas, como la estructura de las mandíbulas, la cantidad de dientes en la misma y en la forma y el tamaño del cráneo y de las crestas que caracterizan al género, además de estar geográficamente separada de las especies de Occidente. Durante años, se ha debatido la validez de su clasificación como una especie de Dilophosaurio y finalmente, este año el debate ha llegado a una conclusión.

El durante tanto tiempo llamado "Dilophosaurio sinensis" finalmente, fue reclasificado como un ejemplar juvenil de una especie de terópodo conocida como Sinosaurio triassicus (un dilophosáurido descrito por el paleontólogo Chung Chien Young en 1948), tras un reciente estudio en el que participó el paleontólogo canadiense Philip J. Currie junto con algunos colegas chinos. Este género comparte muchos rasgos con el Dilophosaurio y durante mucho tiempo se consideró como un relativo muy cercano de éste. No obstante, hoy se sabe que está más relacionado con miembros más avanzados de esa familia, tales como el Cryolophosaurio.

Ilustración del Sinosaurio triassicus (anteriormente, Dilophosaurio sinensis) de Cheung Chung Tat 

 Con este nuevo estudio, se llena un hueco que había intrigado a los paleontólogos durante años y se descarta la idea de una especie oriental de Dilophosaurio, convirtiéndolo en un dinosaurio endémico de Norteamérica.