2 de enero de 2015

¿Qué Nos Trajo el 2014?

¡Feliz Año Nuevo a todos!
Pues un poco atrasado, pero sin falta. Bueno, antes de ir al tema principal, confieso que tenía pensado publicar esta entrada antes del nuevo año, pero debido a una serie de contratiempos, me vi obligado a aplazarla y postearla como la primera entrada del 2015. Dicho esto, como lo indica el título, en este post pretendo contestar la pregunta  "¿Qué nos trajo el 2014?" haciendo un resumen de los hallazgos y descubrimientos más relevantes del año pasado en lo que se refiere al estudio de los terópodos. Tengan en cuenta sin embargo que sólo cubro algunos de los descubrimientos (no todos) que destacaron en los medios durante el pasado año y otros que no lo hicieron tanto, pero que no por seo dejan de ser interesantes o valiosos para el progreso de la paleontología como ciencia.

Para comenzar, tenemos un hallazgo sin precedentes hecho a principios de enero del año pasado. Se trata de los primeros dinosaurios identificados en Arabia Saudita, territorio que durante gran parte de la Era Mesozoica estaba situado varios metros bajo el agua. La zona de donde fueron extraídos los fósiles y éstos en sí datan de 72 millones de años, tratándose de una época cercana al final de la Era Mesozoica. Uno de los dinosaurios identificados aquí por el equipo de investigación dirigido por el Dr. Benjamin Kear es un abelisáurido, tratándose de un grupo exitoso del cretácico tardío, pero muy poco común en la zona. Se cree que el animal pudo haber alcanzado 6 metros de largo y aún no ha recibido un nombre genérico.

Pero este abelisáurido no es la única sorpresa que emergió de un territorio casi inexplorado paleontológicamente. Poco más de un mes más tarde, un equipo de paleontólogos japoneses y malayos, descubrió en Malasia lo que parece ser un conjunto de dientes de dinosaurio. Uno de ellos fue identificado al instante. Éste medía 23 milímetros de largo y 10 milímetros de ancho, era cónico y afilado y presentaba pequeños dentículos en los bordes. Con sólo observar su forma, se hizo evidente que se trataba de un diente de espinosáurido. Estos son los primeros restos de dinosaurio encontrados en la zona, por lo que los científicos están tomando medidas para la aprobación de leyes que protejan la misma y limiten su acceso exclusivamente a investigadores certificados y esperan realizar estudios más detallados sobre la paleobiota de la misma en futuras expediciones.

Diente de espinosáurido descubierto en Malasia
(Fotógrafo no identificado)

Pocas semanas después, a inicios de marzo, se publicó la reclasificación de la especie de Torvosaurio encontrada en la Formación Lourinha de Portugal, a la que se le dio el nombre de Torvosaurus gurneyi. Inicialmente, los paleontólogos lo habían clasificado como un nuevo ejemplar de Torvosaurus tanneri, pero tras estudios más detallados y la recuperación de más material, se identificaron diferencias en la forma de las mandíbulas y el tamaño y la cantidad de los dientes en proporción, además de las diferencias previamente conocidas, como lo es el tamaño de la especie norteamericana con respecto al de la europea. Pero el nuevo estudio, dirigido por paleontólogos Christophe Hendrickx y Octavio Mateus, dice aún más. Mientras las estimaciones de longitud situaban a los ejemplares portugueses entre los 11 y los 12 metros de largo, según esta investigación, el Torvosaurio gurneyi no superaba por mucho los 10 metros de longitud. No obstante, aún es considerado el mayor terópodo descubierto en Europa.

Torvosaurio gurneyi
Ilustración de Sergey Krasovskiy

Por otro lado, el Torvosaurio no fue el único objeto de estudio que llevó a una la conclusión de que una especie de terópodo resultó ser otra distinta. Más tarde, ese mes, se publicó un caso aún más interesante. Varios fósiles de tiranosáurido previamente descubiertos en Alaska fueron estudiados con precisión por paleontólogos del Perot Museum of Nature and Science de Texas, Estados Unidos. La clasificación de estos fósiles fue muy controversial durante varios años, pero tras este estudio se determinó que se trataban de una especie desconocida hasta entonces. Los investigadores la llamaron Nanuqsaurio hoglundi, el cual estaba más estrechamente relacionado con los tiranosaurinos, como el T-rex y el Tarbosaurio, que con los albertosaurinos, como el Albertosaurio y el Gorgosaurio. Sin embargo, presentaba una característica poco común en este grupo. Su longitud no era superior a los 6 metros, mientras que sus parientes más cercanos tendían a superar los 10 metros de largo. Su cráneo sólo medía 63.5 centímetros, lo cual es pequeño con relación al de la mayoría de sus relativos. No obstante, lo más interesante de esta especie es el propio lugar donde fue encontrado, ya que los huesos de tiranosáuridos en las cercanías del polo son muy raros, por lo que se había sugerido que este grupo particular no estaba del todo adaptado al ecosistema ártico. De hecho, los autores del estudio sugieren que este tiranosáurido relativamente pequeño estaba perfectamente acoplado a dicho ecosistema y que su propio tamaño es indicio de ello, ya que al ser más pequeño que sus parientes más cercanos, requerirá menos alimento y probablemente, sería más activo, lo cual es una ventaja en un ambiente inestable como probablemente lo tuvo lo que hoy es el estado alasqueño a finales del Cretáceo.

Una madre Nanuqsaurio y sus crías
Ilstración de FabrizioDeRossi de Deviantart

Semanas más tarde, un equipo de paleontólogos estadounidenses dirigido por el Dr. Matthew Lamanna describió un nuevo terópodo perteneciente a un linaje poco común en Norteamérica. Se trataba de un caenagnátido, una familia perteneciente al grupo de los oviraptorosaurios. El nuevo dinosaurio fue llamado Anzu wyliei y se conoce por restos de tres esqueletos parciales descubiertos en Dakota del Sur que, en conjunto, forman un esqueleto casi completo. Dos de éstos muestran señales de heridas cicatrizadas cuyas causas aún no se con certeza, aunque se ha especulado que pudieron haber sido producidas durante una confrontación entre individuos de la misma especie. Con el material recuperado, los investigadores estimaron su longitud en aproximadamente, 3.35 metros, convirtiéndolo en el oviraptorosaurio más grande encontrado en Norteamérica. Es de reconocer que también es uno de los últimos, datando de aproximadamente 66 millones de años, siendo 4 millones de años posterior a su pariente más cercano, el Chirostenotes y compartiendo su entorno con dinosaurios más conocidos, como el Triceratops y el T-rex. Los científicos sugieren que el Anzu era omnívoro y que su dieta consistía principalmente en plantas, aunque es probable que también se alimentara de insectos, reptiles pequeños, mamíferos primitivos y huevos de otros dinosaurios, por nombrar algunos ejemplos. No obstante, el Anzu no sólo ofreció respuestas sobre su especie. Tras una serie de observaciones, el equipo de investigación determinó que el Gigantoraptor, el oviraptorosaurio más grande conocido hasta la fecha, estaba más emparentado con el Anzu y con otros caenagnátidos que con los oviraptóridos, contrario a lo que se había sugerido anteriormente.

Anzu wyliei
Representación de Masato Hattori

Pero cuando el Anzu arrojó nueva luz sobre un grupo de terópodos común en Asia, pero raro en el hemisferio occidental, una historia invirtió los papeles. Mientras que los tiranosáuridos son frecuentemente hallados en Norteamérica, a principios de mayo se hizo público el descubrimiento de una nueva especie de tiranosáurido asiático y éste era muy distinto a la mayoría de los miembros de la familia conocidos hasta entonces. Esta criatura tenía mandíbulas alargadas y un morro puntiagudo y sus dientes eran considerablemente finos en comparación con los de sus parientes más cercanos. Estas características son normalmente vistas en ejemplares jóvenes del grupo, pero al examinar los fósiles de este nuevo ejemplar, el equipo de investigación a cargo del estudio, conformado por científicos de la Academia China de Ciencias Geológicas y de la Universidad de Edimburgo, notaron la peculiaridad de que éste era un animal casi adulto o bien, alcanzando la adultez temprana, alcanzando una longitud aproximada a los 9 metros. Los investigadores lo llamaron Qianzhousaurio sinensis y basándose en sus características, sugieren que pudo haber empleado un nicho diferente al de sus relativos. Sus fósiles datan de 66 millones de años, aproximadamente, por lo que se ha determinado que fue contemporáneo y probablemente, presa de su primo mayor, el Tarbosaurio. El descubrimiento del Qianzhousaurio llevó a la definición de una nueva rama dentro de la familia de los tiranosáuridos llamada Alioramini, que hasta ahora incluye a los géneros Alioramus y Qianzhousaurus.

Cabeza del Qianzhousaurio sinensis
Ilustración de MALvit de Deviantart

No obstante, China aún tenía más por ofrecer. Aproximadamente un mes más tarde, se anunciaría el hallazgo del microraptorino más grande encontrado hasta hoy. Su descubrimiento fue publicado por el Dr. Luis Chiappe, del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, California, quien dirigió la investigación. El dinosaurio recibió el nombre de Changyuraptor yangi y es anatómicamente muy similar al Microraptor, pero casi medio metro más largo, llegando a medir 1.3 metros de longitud y 4 veces más pesado, pesando cerca de 4.1 kilogramos. Una característica resaltante de esta criatura son las inusualmente largas plumas de la cola, que llegaban a medir casi 33 centímetros, lo cual según los investigadores, pudo haber sido una herramienta útil para controlar sus movimientos mientras planeaba de árbol en árbol.

Changyuraptor yangi comparado con un ser humano
Ilustración de Stephanie Abramowicz

Luego de unos meses, otro descubrimiento poco usual tuvo lugar. Mientras la mayor parte de los yacimientos de fósiles de dinosaurios en Sudamérica se centran en Argentina y Brasil, una zona poco explorada del continente está comenzando a revelar sus misterios: la formación La Quinta en Táchira, Venezuela. A principios de octubre se describieron unos huesos descubiertos en febrero de 2013. Éstos consistían en una tibia y una pelvis fragmentaria que por su forma, sólo podían pertenecer a un terópodo, siendo el primero hallado en el país. Su descubridor, Ascanio Rincón, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas lo nombró Tachiraraptor admirabilis. Los fósiles datan de 200 millones de años, antigüedad que alude a las etapas iniciales del Período Jurásico, por lo que no es de extrañarse que el Tachiraraptor muestre características de dinosaurios primitivos, como los neoterópodos basales (como los coelophysoides y los dilophosáuridos), que constituían el grupo de terópodos más común de la época y al cual probablemente pertenecía esta recién descubierta especie. La tibia muestra un buen estado de preservación y se afirma que mide cerca de 25 cm, por lo que comparándolo con dinosaurios similares, se calcula que el animal entero mediría aproximadamente, 1.5 metros de largo. Además de los datos que se obtienen sobre el dinosaurio en sí, el hallazgo del Tachiraptor arroja nueva luz no sólo sobre el paleoambiente de la zona ecuatorial, sino también sobre el papel que jugó la ruptura del supercontinente Pangea en el desarrollo de los primeros dinosaurios y su distribución.

Tachiraraptor cazando un grupo de Laquintasauras
Ilustración de Maurílio Oliveira

Menos de una semana después, se publicó una noticia que estremeció al mundo. Tras un siglo de misterio y controversia, un equipo de la Universidad de Chicago reveló el hallazgo de nuevos restos del enigmático Espinosaurio aegyptiacus. Los nuevos fósiles dieron a conocer que esta criatura estaba mejor adaptada a un estilo de vida acuático de lo que se había imaginado previamente y proporcionaron  pruebas de que este dinosaurio no sólo estaba perfectamente diseñado para la natación, sino también de que probablemente pasaba más tiempo y se desempeñaba mejor en agua que en tierra. Los investigadores propusieron algunos cambios en la anatomía del animal que revolucionaron por completo nuestra visión sobre el mismo. Entre ellas, una nueva disposición de las espinas neurales que forman una estructura sinusoidal en lugar de la forma semicircular sugerida previamente, un cuerpo más esbelto, unas dimensiones no muy superiores a los 15 metros, un cuello y una cola más largos y flexibles y lo más sorprendente, unas patas traseras considerablemente cortas con relación a la mayoría de los terópodos, las cuales muestran adaptaciones perfectas para trasladarse en un entorno húmedo y para movilizarse en el agua, convirtiéndose en el primer dinosaurio semiacuático del que se tiene registro. Puede leer más al respecto aquí.

Espinosaurio nadando
Representación de Masato Hattori

Sin embargo, el Espinosaurio no fue el único terópodo afectado por una revolución. Un mes después, se le uniría el Deinocheirus mirificus, del cual se habían estado revelando nuevos detalles desde el pasado verano tras la recuperación de nuevos especímenes. Ahora sabemos que esta criatura fue más rara de lo previamente supuesto. Su tamaño, anteriormente objeto de polémica, se estimó en unos 11 metros de largo y a pesar de ser un ornithomimosaurio, tenía una constitución notablemente robusta y contaba con características que nunca se hubieran sospechado de no haber sido descubierto el nuevo material. Entre ellas, una joroba que recorría su lomo y un cráneo más similar al de un hadrosaurio que al de un ornithomimosaurio. Además, se encontraron gastrolitos entre las costillas de unos ejemplares y junto a éstos, vértebras de peces, lo que sugiere una dieta variada que incluía plantas blandas y fauna acuática. Puede leer más sobre este tema aquí y aquí.

Deinocheirus alimentándose junto a un par de Saurólophus
Ilustración de Vitor Silva

Por otra parte, un tercer terópodo antiguamente descubierto sería parte de las revoluciones paleontológicas del 2014, el famoso Archaeopteryx lithographica. Tras la recuperación de un nuevo ejemplar en 2011, se ha estado realizando una serie de estudios sobre el mismo. El nuevo estudio, llevado a cabo por el Dr. Oliver Rauhut de la Ludwig Maximilians Universität de Munich, Alemania ofrece nueva información sobre el patrón del plumaje de esta criatura. El estudio da a conocer que inicialmente, los primeros terópodos emplumados habían desarrollado una capa de plumas para propósitos de termorregulación y exhibición y posteriormente, para levantar el vuelo. En el caso del Archaeopteryx, se conserva un patrón en el que se observan varios tipos de plumas que muestra esta transición. Del mismo modo, el estudio reveló nuevos detalles sobre la anatomía de este pequeño terópodo, como por ejemplo, el hecho de que tenía las patas traseras cubiertas por plumas que parecían formar un segundo par de alas, similar al que se ve en los microraptorinos, además de que presentaba una apertura en el abanico de plumas que recorre su cola, apreciable al final de la misma. Dicho estudio se realizó a principios de julio, pero la revolución del Archaeoteryx no termina aquí. El pasado mes de noviembre fue testigo de otra transformación de esta criatura, cuando el investigador, Ryan Carney de la Brown University, quien en 2012 había examinado un ejemplar de Archaeopyeryx, revelando que la coloración de las plumas presentaban un patrón mayormente blanco con pigmentos negros, realizó un nuevo estudio sobre los patrones de color del dinosaurio, revelando que los patrones oscuros fueron más difundidos de lo apreciado anteriormente.

Diseño más cercano al nuevo Archaeopteryx
Ilustración de Samantha Welker

Pero las sorpresas de 2014 no culminaron con la transformación del Archaeopyeryx. Curiosamente, abrimos el post con abelisáuridos y lo cerraremos con ellos. Y es que el pasado 20 de diciembre se publicó el hallazgo de restos de una nueva especie de abelisáurido en la Formación Anacleto de la Patagonia, Argentina durante una expedición italiano-argentina. El nuevo dinosaurio aún no ha sido nombrado y a pesar de ser fragmentarios, sus fósiles muestran pertenecer a un animal de tamaño medio y presentan diferencias con respecto a las especies encontradas en dicha formación, la cual data de 75 millones de años.

El 2014 nos trajo nuevos conocimientos que ayudaron a responder algunas interrogantes que nos desconcertaban sobre estas fascinantes bestias y a su vez, nos llevaron a plantearnos nuevas preguntas que nos permiten expandir nuestra búsqueda de información y abrir nuestras mentes a los misterios de los terópodos y del mundo en que éstos vivían. La interrogante ahora es ¿Qué nos depara el 2015? La respuesta será respondida eventualmente, durante el nuevo año, pero desde ya sabemos una cosa: Los terópodos seguirán sorprendiéndonos  con cada descubrimiento realizado. 

Fuentes:
  1. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/01/140107092829.htm
  2. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/02/140224204737.htm
  3. http://www.sci-news.com/paleontology/science-torvosaurus-gurneyi-giant-dinosaur-portugal-01794.html
  4. http://www.sci-news.com/paleontology/science-nanuqsaurus-hoglundi-tyrannosaur-alaska-01803.html
  5. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/03/140319195817.htm
  6. http://fundaciondinosaurioscyl.blogspot.com/2014/03/cientificos-descubren-restos-de-un.html
  7. http://news.nationalgeographic.com/news/2014/05/140507-pinocchio-rex-dinosaurs-tyrannosaurus-science-new-species/
  8. http://www.sci-news.com/paleontology/science-changyuraptor-yangi-feathered-dinosaur-china-02065.html
  9. http://www.lanacion.com.ve/regional/el-laquintasaura-y-el-tachiraptor-los-dos-tachirenses-prehistoricos/
  10. http://www.en.uni-muenchen.de/news/press-services/press-releases/2014/archaeopteryx.html
  11. http://www.sciencedaily.com/releases/2014/11/141105084824.htm
  12. http://theropoda.blogspot.com/2014/12/un-nuovo-abelisauride-dalla-formazione.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FaJKG+%28Theropoda%29

30 de diciembre de 2014

Dinoficha: Carcharodontosaurio

Muy buenas a todos, apreciados lectores.

Pues luego de unas pequeñas vacaciones, vuelven las dinofichas. En esta ocasión, cerramos el año con la dinoficha de uno de los terópodos más grandes conocidos, pero también uno de los más intrigantes y misteriosos. La forma de sus dientes inspiró su largo y fascinante nombre y a su vez, le ha dado el apodo de "El tiburón de tierra". Así es, estamos hablando del Carcharodontosaurio.

Carcharodontosaurio


Localización: África
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Carcharodontosáurido
Significado del nombre: Lagarto con Dientes de Tiburón
Tamaño: 12 a 14 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Carnívoro

Características
El Carcharodontosaurio es uno de los dinosaurios carnívoros más grandes conocidos, llegando a medir entre 12 y 14 metros de largo, 4.5 de alto y pesando de 4 a 6 toneladas. Sin embargo, su cuerpo era de contextura esbelta, lo que probablemente le daba agilidad. Su cráneo era enorme, llegando a medir hasta 1.53 metros de largo. No obstante, su cavidad cerebral era pequeña aún comparada con la de otros terópodos similares en tamaño, como el Tiranosaurio. Como otros allosauroides, el Carcharodontosaurio tenía una cresta poco prominente que se extendía desde el lagrimal (la parte frontal de la fosa orbital) hasta la nariz. La característica más resaltante en esta criatura eran sus grandes mandíbulas provistas de dientes largos, finos, aserrados y levemente curvados hacia atrás, los cuales estaban bordeados por surcos, siendo este diseño similar al visto en los dientes de los tiburones. De ahí, su nombre (Carcharodontosaurio significa "dientes de tiburón"). Cada mandíbula superior contenía hasta 18 dientes, mientras que en las inferiores se podrían observar hasta 14 dientes, sumando un total de 64 dientes. La estructura de la mandíbula y de los dientes, sin embargo, no estaba hecha para causar una mordida letal, sino más bien, para arrancar grandes trozos de carne, por lo que se sugiere que este animal mataba a sus presas por desangramiento, mordiéndolas una o varias veces hasta que ésta cayera debilitada por la pérdida de sangre. Como todo carnosaurio, el Carcharodontosaurio poseía miembros delanteros relativamente largos en los que presentaba afiladas garras que probablemente utilizaría como arma a la hora de cazar o de luchar. También presentaba patas traseras largas y fuertes con un diseño formidable a la hora de correr, que le permitiría alcanzar quizá velocidades de entre 30 o casi 50 km/h, según algunos expertos.

Descubrimiento e Historia
Los primeros fósiles de Carcharodontosaurio fueron excavados en Algeria, África en 1925 por los paleontólogos franceses, Charles Depéret y Justin Savornin. Estos primeros fragmentos consistían en un maxilar parcial, un nasal y un hueso parietal, algunos dientes, vértebras cervicales y caudales, un ungueal manual, un hueso ilíaco, un pubis, un fémur y un peroné. En 1927, los propios Depéret y Savornin lo describirían como una especie de Megalosaurio, nombrándolo "Megalosaurio saharicus", que significa "Gran lagarto del Sahara". No obstante, en 1931, Ernst Stromer revisaría los fósiles y renombraría a la especie como "Carcharodontosaurio saharicus", literalmente "Lagarto con dientes de tiburón del Sahara" debido a la forma de sus dientes, los cuales eran casi bilateralmente simétricos y tenían bordes convexos, asemejándose a los del gran tiburón blanco de la actualidad. Este primer ejemplar de Carcharodontosaurio fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente, un nuevo espécimen caracterizado por un cráneo parcial fue extraído en 1995 de una formación en Kem Kem, Marruecos por un equipo de la Universidad de Chicago, liderado por Paul Sereno, quien más tarde, en 2007, describiría una segunda especie de Carcharodontosaurio junto a Stephen Brusatte, a la que llamaría "Carcharodontosaurio iguidensis". Esta segunda especie se conoce por varios fragmentos del cráneo y una pequeña porción del esqueleto descubiertos en 1997 en la Formación de Echkar, en Níger.

Tamaño Polémico
Los pocos huesos de Carcharodontosaurio hallados hasta hoy revelan que éste se encuentra entre los terópodos más grandes conocidos. De hecho, cuando Paul Sereno anunció el hallazgo de un nuevo cráneo a mediados de la década de 1990, el Carcharodontosaurio ganó fama como uno de los primeros dinosaurios carnívoros en superar las dimensiones del célebre Tiranosaurio rex. Sin embargo, muchos afirman que el material recopilado no es suficiente para establecer estimaciones sólidas. La parte del cráneo hallada por Sereno y sus colegas en 1995 representa el espécimen de mayor tamaño hasta ahora estudiado. Las reconstrucciones del cráneo completo oscilan entre 1.53 y 1.60 metros de largo. Relacionando estas estimaciones con otras partes del esqueleto y comparándolas con las de otros dinosaurios similares, se cree que el Carcharodontosaurio alcanzaría una longitud de entre 12 y 14 metros de largo, rivalizando en tamaño con el T-rex y con su relativo de mayor tamaño, el Giganotosaurio por el segundo o tercer lugar en la escala del terópodo más grande conocido (siendo éstos superados por el Espinosaurio, cuya logitud actualmente se estima en poco más de 15 metros). Sin embargo, las estimaciones actualmente propuestas para el Carcharodontosaurio son frecuentemente cuestionadas y es necesaria la obtención de más material fósil para corroborarlas y proponer medidas precisas, lo que significa que las dimensiones del animal podrían ser mayores o menores de lo que actualmente se especula. No obstante, no hay duda de que éste es uno de los terópodos más grandes de los que se tiene evidencia.

Hábitat
Lo que hoy es el Desierto del Sahara en el Norte de África, hace de 110 a 93 millones de años, a mediados del Cretáceo, cuando el Carcharodontosaurio habitaba la Tierra, era un lugar muy diferente, cubierto de planicies inundables, ciénagas y bosques tropicales poco extensos. También existían zonas poco exuberantes que incluían vastas sabanas, bosques secos e incluso áreas mayormente rocosas y casi desérticas. Esta amplia diversidad de hábitats probablemente se debió a la ubicación geográfica del continente en aquel entonces, así como al hecho de que el norte del mismo colindaba con el mar por el Norte, el Este y el Sudoeste, dotándolo de un clima más variado. Es probable que el Carcharodontosaurio habitara las zonas menos frondosas, pues sería aquí donde abundaban las presas más grandes que incluían saurópodos como el Paralititán y el Rebbachisaurio. Probablemente, también daba caza a terópodos más pequeños como el Deltadromeus y el Rugops, por nombrar algunos ejemplos. Del mismo modo, ocasionalmente encontraría competencia en otros depredadores de gran tamaño, como el Sauroniops, con el cual estaba estrechamente emparentado y posiblemente, en el Espinosaurio, el cual lo superaba en tamaño y probablemente poblaba las zonas más húmedas y que por lo general, se concentraba en presas distintas a las suyas, aunque no es de sorprender que en circunstancias adversas, es posible que se desataran enfrentamientos entre estos dos titanes con el objeto de ganar acceso a una fuente de alimento común.

Comportamiento
Es poco lo que se conoce sobre el comportamiento del Carcharodontosaurio. Sin embargo, al considerar el tipo de presas con las que compartía su entorno y al compararlo con otros dinosaurios similares, muchos paleontólogos sugieren que éste se reunía en pequeños grupos de dos o más individuos. Este estilo de vida grupal no sólo le ayudaría a abatir grandes presas como el Paralititán y otros saurópodos, sino que le facilitaría el cuidado de sus crías. De hecho, hay quien sugiere que estos grupos podrían tratarse en su mayoría de clanes familiares. No obstante, existe controversia sobre esta teoría y hay quien sugiere que debido a la hostilidad de su entorno, el Carcharodontosaurio preferiría adoptar un estilo de vida solitario y un comportamiento territorial. Los partidarios de esta línea de pensamiento sugieren que el Carcharodontosaurio se limitaría a cazar presas similares o menores en tamaño, como los ornitópodos, los terópodos más pequeños o incluso saurópodos jóvenes que no superaban la mitad del tamaño de los adultos. Es probable que de asumir esta conducta, la reproducción se llevara a cabo con mucha cautela y que una vez efectuada, las crías quedaran temporalmente bajo el cuidado exclusivo de la hembra, de forma similar a lo que ocurre con algunas aves y cocodrilos en la actualidad.

22 de octubre de 2014

Secretos del Deinocheirus Finalmente Revelados

Bueno, seguro que muchos recordarán la entrada "Deinocheirus:De Ornithomimosaurio a Anatomomosaurio" publicada el pasado verano y ya están al tanto del nuevo aspecto del Deinocheirus, pero hoy el material que nos revelaría la extraña apariencia de este animal ha sido oficialmente publicado y el resultado es mucho más sorprendente de lo que imaginábamos.

Ilustración de Michael Skrepnick

El autor primario del artículo, publicado en la revista Nature, es Yuong-Nam Lee del Instituto de Ciencias Geológicas y Recursos Minerales de Korea.

Anteriormente, se nos había anunciado que este dinosaurio tenía una peculiar elevación en las espinas neurales y un cráneo pequeño, angosto y desdentado, pero aplanado y extendido en el frente, siendo diferente al de cualquier otro terópodo. Pero el artículo de Lee y sus colegas nos dice aún más.

Ahora sabemos que el Deinocheirus era un animal de 11 metros de largo y 6 toneladas de peso con mandíbulas inferiores relativamente profundas. Sin embargo, la forma de su cráneo y su tamaño con respecto al resto del cuerpo indica que éste no estaba hecho para ejercer demasiada fuerza.

 Los nuevos fósiles sugieren que el Deinocheirus no era estrictamente carnívoro, como la mayoría de los terópodos. La forma de su cuerpo no lo hacía un corredor rápido, como sus relativos, por lo que es poco probable que fuese capaz de perseguir una presa huyente. Además, el diseño de sus mandíbulas desdentadas no era el apropiado para un depredador.


Según Lee, el Deinocheirus se alimentaba principalmente de vegetación blanda. Sobre todo, de plantas acuáticas. Su pico está perfectamente diseñado para arrancarlas, mas no para masticarlas. No obstante, el hallazgo de 1,400 de piedras dentro del torso de los especímenes ofrece una respuesta más clara de cómo el animal se alimentaba. Este hallazgo llevó a los expertos a teorizar que como algunas aves y otros dinosaurios herbívoros, el Deinocheirus ingería piedras para moler la vegetación en su estómago, adoptando éstas el nombre de "gastrolitos".

Pero eso no es todo. Restos de peces fueron encontrados entre las piedras. Esto apoya la idea de que Deinocheirus era omnívoro y que aparte de plantas, también se alimentaba de peces y otros vertebrados pequeños.

De acuerdo a este planteamiento, es posible que las "manos terribles" que le dieron su nombre fuesen utilizadas para excavar en busca de alimento o atraer ramas altas hacia su boca, como se ha sugerido para los therizinosaurios.

El equipo de Lee también demostró que los huesos al final de la cola del Deinocheirus estaban fusionados en una sola estructura llamada "pigóstilo", la cual es común en las aves modernas y funciona como soporte para plumas largas en el extremo de la cola. Teniendo esto en cuenta, los expertos ahora indican que es probable que el Deinocheirus tuviera una especie de "abanico de plumas" al final de su cola.

Sin embargo, el misterio del Deinocheirus sólo está empezando a aclararse. Aún hay muchas interrogantes por responder y numerosos secretos por revelar sobre este asombroso terópodo. 

Fuente: 
http://phenomena.nationalgeographic.com/2014/10/22/deinocheirus-exposed-meet-the-body-behind-the-terrible-hand/

6 de octubre de 2014

T-Rex: ¿Monarca Solitario o Dinasta Sociable?

Saludos, estimados lectores.

 Como ya saben, hoy es 6 de octubre y Mundo Terópodo se complace en presentar una entrada dedicada a nuestro querido rey de los dinosaurios en el Aniversario #109 de su descripción y nombramiento. Este año, hablaremos de un tema bastante controversial sobre el comportamiento del Tiranosaurio: ¿Adoptaba éste un estilo de visa gregario o prefería vivir como un ermitaño? Pero antes de comenzar...
Dicho esto, ahora hablemos sobre el comportamiento social del T-rex.

Durante mucho, se ha visto al T-rex como un cazador solitario y altamente territorial, pero en tiempos recientes, una nueva imagen está saliendo a la luz. Ésta consiste en que el Tiranosaurio rex pudo haber empleado una conducta social más compleja y que incluso, haya practicado la caza colectiva. Sin embargo, ¿cómo pasó el T-rex de ser un violento acechador solitario a una criatura sociable?

La idea surgió tras una serie de impactantes descubrimientos que han tenido lugar durante los últimos años. Hasta el día de hoy, se han identificado varios yacimientos de fósiles de grandes terópodos en los que se han encontrado huesos de múltiples individuos de la misma especie en la misma zona. Entre éstos, resaltan las camas de hueso en las que se han encontrado conjuntos de diversos individuos pertenecientes a la familia de los tiranosáuridos, como el propio T-rex.

A partir de 1997, por ejemplo, comenzaron a extraerse huesos pertenecientes a numerosos esqueletos de Albertosaurio en el Parque Provincial de Dry Island Buffalo Jump, en Alberta, Canadá. Posteriormente, en 2000, en la Formación Nemegt en Mongolia, se encontró un depósito de múltiples esqueletos de Tarbosaurio, siendo éste uno de los parientes más cercanos del Tiranosaurio. En cada uno de los casos, el yacimiento resalta por la presencia de individuos de diversas edades, además de por la escasa o bien, ninguna presencia de fósiles de otras especies. Estos hallazgos llevaron a paleontólogos como Philip Currie, quien dirigió estas expediciones, a pensar que como sus parientes, el Tiranosaurio quizá se haya movido e incluso, haya cazado en grupos. Esta hipótesis comenzó a fortalecerse cuando un conjunto de cinco esqueletos de T-rex fue descubierto en Montana también en el año 2000, aunque bien esta vez no se trataba de una cama de huesos como en los casos anteriores, sino que los especímenes se encontraron a poca distancia unos de los otros.

Representación de un par de Albertosaurios de Dinoraul de renderosity.com

Sin embargo, siempre ha habido un problema con esta teoría y es que no existe prueba alguna de que los individuos en realidad hayan convivido grupalmente. Hay quien piensa que la acumulación de los esqueletos en los lugares donde fueron encontrados pudo deberse a que un fenómeno natural, como una inundación haya arrastrado los cuerpos hasta el lugar o que incluso los haya sepultado mientras los animales aún vivían. No obstante, tampoco existe evidencia de que este haya sido el caso, por lo que la idea de la conducta gregaria en estos dinosaurios no ha sido descartada. En cambio, esto ha generado un intenso debate entre los científicos que continúa hasta el día de hoy. Sin embargo, recientemente se encontró una nueva pista que podría inclinar la balanza.

En octubre de 2011, un par de huellas de terópodo fueron descubiertas en la Formación Wapiti de Colombia Británica, Canadá. La forma de las huellas y su edad permitieron identificarlas fácilmente como las huellas de un tiranosáurido. Cuando continuaron excavando, se encontró una tercera huella en la misma secuencia. La búsqueda continuó el siguiente año cuando más huellas fueron descubiertas, pero esta vez encontraron algo inesperado. Ya no se trataba de una secuencia de huellas, sino de tres secuencias distintas una al lado de la otra (separadas por 2.4 y 5.5 metros una de la otra) en direcciones paralelas. En otras palabras, es probable que estas huellas hayan sido dejadas por tres animales que se movían juntos. Por supuesto, hay quien piensa que estos animales, a los que se les ha dado el nombre de Bellatoripes fredlundi, no necesariamente dejaron las huellas al mismo tiempo, sino que una de las secuencias pudo haber sido hecha minutos, horas o incluso días después de la otra, mas para muchos, el hecho de que éstas sigan un patrón en paralelo es indicativo de que estos tres tiranosáuridos andaban en grupo.

Huellas de Bellatoripes 

Si bien es cierto que el descubrimiento de estas huellas no resuelve el misterio, representa una prueba más confiable de comportamiento gregario en este tipo de dinosaurios con relación a la mayoría de los hallazgos hechos hasta el momento. Pero aún si se probara que los responsables de las huellas hayan conformado un grupo que se movilizaba gregariamente, ¿cómo saber por qué lo hacían? Es decir, ¿cómo saber si se trataba de una familia, de individuos en busca de una pareja o más impresionante, de una presa potencial?

Es muy difícil contestar estas preguntas aún con suficiente material para fundamentar semejante teoría. Y si este es el caso de especies de las que se puede sugerir que se movían en grupo a partir de material encontrado, ¿cuánto más polémico es el caso del T-rex? De hecho, esto nos lleva a otra pregunta que de hecho, quizá sea la más importante: ¿Para qué vivir en grupos sociales?

Tal vez, la respuesta no la hallemos en el registro fósil, sino en el mundo salvaje de la actualidad. Muchos animales viven en grupo principalmente como una medida de protección. De esta forma, proveen mayor seguridad en especial, a los individuos más jóvenes y aumentan las probabilidades de supervivencia de las generaciones futuras, pues es de notar que todos los animales, incluyendo a los grandes depredadores, tienden a ser más vulnerables durante la juventud temprana. Este patrón de conducta ha resultado muy efectivo y existen pruebas de que ha sido implementado durante millones de años. Es probable que de igual forma, el Tiranosaurio rex y sus relativos convivieran en grupos sociales con el propósito de brindar protección a los jóvenes y así garantizar el desarrollo de la próxima generación, pues su entorno estaba repleto de amenazas para sus crías. No obstante, coexistir en grupo implica pensar y actuar como grupo y es aquí donde se hace inevitable la pregunta: ¿Es posible que los tiranosaurios cazaran en manada? De ser así, ¿Por qué un depredador ápice como el Tiranosaurio rex practicaría la caza colectiva?

Imagen tomada del documental Dinosaur Revolution

Hoy en día, es común ver algunos depredadores en la cima de la cadena alimenticia aglomerarse en grupos sociales al menos, ocasionalmente. Por ejemplo, tenemos cocodrilos, tiburones, cetáceos (específicamente, orcas), leones e incluso, aves de rapiña que trabajan en conjunto para capturar o derribar presas que de otra forma, resultarían muy difíciles de cazar ya sea porque son demasiado fuertes, rápidas o grandes.

En el caso del T-rex, la situación no era muy diferente. De hecho, se podría decir que era peor. En su ecosistema habían ceratópsidos que se defenderían con cuernos y ankylosaurios con mazas óseas en la punta de la cola que podían golpear con una fuerza de dos toneladas y media. Si bien es cierto que un T-rex contaba con las herramientas necesarias para hacer frente a estas presas, es de tener en cuenta que aún para el depredador en la cúspide de la cadena alimenticia, cada enfrentamiento con una de éstas podría ser el último. Especialmente, si lo hacía de forma solitaria. A la hora de defenderse, estos tipos de presa podrían causarle heridas graves o incluso una muerte instantánea.

Ilustración de Mohamad Haghani

No obstante, el contar con refuerzos podría aumentar sus probabilidades. Mientras un miembro del grupo distraía a la presa, otro podría asestar un golpe mortal. También podrían separar a los miembros más débiles de las manadas y acorralarlos, facilitando la cacería. Por otra parte, es de notar que presa que no se defiende, huye, lo que implicaría una persecución. Entre estas presas, entrarían los hadrosaurios y también otros dinosaurios más pequeños que abundaban en el entorno del T-rex, como los ornithomimosaurios, troodóntidos, ovirraptóridos e hypsilophodóntidos, que si bien no tenían muchas defensas contra un gran depredador, lo compensaban con un diseño corporal hecho para la velocidad. Para un Tiranosaurio adulto, sería muy difícil seguirles el paso. De hecho, perseguirlos representaría un riesgo, pues una caída a toda carrera podría ocasionarle heridas severas. Al practicar la caza coordinada, sin embargo, la captura de estas presas sería más sencilla. Un miembro del grupo podría conducir a las inadvertidas presas hacia los otros y de esta forma, acorralarlas y capturarlas. Ahora bien, esto requeriría de tácticas de caza coordinada, lo que lleva a la interrogante: ¿Tenía el Tiranosaurio la astucia para emplearlas? De hecho, ¿tenía siquiera la inteligencia para adoptar una conducta social compleja?

Ilustración de Brian Franczak

Según algunos paleontólogos, la respuesta a estas preguntas es afirmativa. Tras observar resultados de CT-Scans del endocasto del cráneo de varios tiranosaurios, los científicos no sólo notaron que el cerebro de éstos era tres veces mayor al de otros dinosaurios de la época, sino también que tenía la potencia suficiente para emplear un comportamiento grupal coordinativo.

Partiendo de esta premisa, Philip Currie incluso se atrevió a concluir que estos animales se reunían en grupos familiares con un orden social estructurado en el que cada miembro desempeñaba tareas determinadas. Los miembros más jóvenes proveerían la velocidad y se encargarían de perseguir a la presa y de conducirla hacia los adultos, los cuales proveían la fuerza y estarían encargados de derribarla. Sin embargo, hay quien piensa que de haberse movido y cazado en grupos familiares, los tiranosaurios quizás, no adoptaban un orden social tan sofisticado, sino que todos los miembros del grupo asumirían roles similares, como ocurre con algunos cocodrilos y aves en la actualidad. No obstante, algunos sugieren que es posible que estos clanes fuesen liderados por  un individuo o bien, una pareja dominante.

Imagen tomada del documental Dino Gangs

Sin embargo, si bien es cierto que el T-rex y sus parientes tenían los atributos necesarios para llevar una vida social compleja, hay quien se pregunta si éstos vivían en grupo o si sólo se conglomeraban durante un período determinado. Algunos creen que el Tiranosaurio se reunía en parejas durante la época de reproducción, las cuales permanecerían unidas hasta que las crías nacieran o bien, hasta que éstas maduraran lo suficiente como para valerse por sí mismas.  Algunos incluso sugieren que éstos permanecerían viviendo en un grupo familiar hasta que cada miembro del clan empezara a verse el uno al como competencia. Otros inclusive opinan que estos grupos estaban unidos de forma permanente, contando con individuos de diversas generaciones. No obstante, es de tener en cuenta que cada una de estas líneas de pensamiento es producto de la especulación.

Ilustración de Luis V. Rey

Entonces,  ¿vivía y cazaba el Tiranosaurio en manadas? Responder a esta pregunta no es una tarea fácil. Pese a la cantidad de pistas encontradas que sugieren que este gigante adoptaba un patrón de vida gregario, existe mucha polémica sobre el asunto y si en algo coinciden los expertos es en que para determinar el comportamiento de un animal extinto, hace falta mucho más que estudiar sus fósiles y deducir teorías a base de éstos, lo cual no facilita la búsqueda de una respuesta. De hecho, es posible que el tiempo haya enterrado la contestación a esta interrogante, aunque también lo es que el propio tiempo la desentierre eventualmente.

Sin embargo, una  cosa es clara: Un Tiranosaurio rex es una fuerza a tener en cuenta, pero un grupo de ellos sería una a considerar dos veces... o quizás, varias más. Si en algún momento, un nuevo descubrimiento nos ofrece una prueba sólida de conducta gregaria en esta fascinante bestia, podremos estipular que el T-rex pudo haber sido más letal de lo que habíamos pensado.

Fuentes:
  1. http://www.dailymail.co.uk/sciencetech/article-1388574/Tyrannosaurus-rex-hunted-bloodthirsty-packs-researchers-claim.html
  2. http://phenomena.nationalgeographic.com/2014/07/23/tracks-hint-at-the-social-life-of-tyrant-dinosaurs/
  3. http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/nature/965609.stm