19 de febrero de 2014

Dinoficha: Mapusaurio roseae

Saludos, estimados lectores.

Hoy les dejo con una dinoficha de un terópodo muy poco conocido, pero que ha sido objeto de gran interés tanto para los paleontólogos como para el público general, pues ha abierto las puertas a nuevas teorías sobre el comportamiento social de los terópodos de gran tamaño. Se trata del Mapusaurio roseae.

Mapusaurio
Ilustración de Vitor Silva

Localización: Sudamérica
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Carcharodontosáurido
Especies: M. roseae
Significado del nombre: Lagarto de la Tierra
Tamaño: 10 a 13.5 metros de largo (especulación)
Período: Cretáceo
Dieta: Carnívoro

Características
El Mapusaurio es uno de los mayores dinosaurios carnívoros conocidos. Basándose en los especímenes más grandes encontrados, los paleontólogos estiman que el animal superaba ligeramente los 12 metros de largo y que llegaba a pesar cerca de 5 toneladas. El Mapusaurio comparte muchas similitudes con su popular relativo, el Giganotosaurio carolinii. Al igual que éste, tiene un cráneo profundo pero liviano en el que presenta una pequeña elongación ósea que se extiende a lo largo del nasal en ambos lados del cráneo, formando lo que probablemente fue una cresta, aunque más pequeña que la de su relativo. Sus ojos estaban situados a ambos lados en la cabeza y posicionados casi en dirección opuesta uno del otro, privándolo de una visión binocular estereoscópica, por lo que probablemente debía girar la cabeza de un lado a otro para aumentar su campo visual. Presenta además una especie de diastema entre el morro y el maxilar, rasgo típico en la familia de los carcharodontosaurios. Sin embargo, difiere en tener nasales más rugosas y surcadas que no están fusionadas y que se hacen más estrechas al acercarse a la unión de éstas con el maxilar y el lagrimal. Presenta también una fosa antorbital más extensa y ventanas maxilares más pequeñas, además de barras más amplias entre las ventanas antorbital y maxilar. La estructura del cráneo y de sus mandíbulas sugiere que estas últimas no eran demasiado fuertes. Además, sus dientes achatados y pequeños con relación al tamaño de las mandíbulas no estaban diseñados para matar a su presa por asfixia de un solo mordisco, por lo que es probable que el animal atacara sus víctimas una o varias veces con el objeto de desangrarla hasta que ésta se desplomara debilitada y exhausta. Como todo allosauroide, el Mapusaurio posee un cuerpo de contextura poco robusta, lo que lo haría más ligero. También presenta brazos relativamente largos que probablemente pudo utilizar como herramienta de caza o de combate y patas traseras fuertes y aptas para correr a gran velocidad.

Descubrimiento e Historia
Los primeros y hasta ahora únicos fósiles de Mapusaurio registrados fueron excavados en la Formación de Huincul de Neuquén, Argentina entre 1997 y 2001 por la expedición argentino-canadiense conocida como el "Proyecto Dinosaurio", liderada por los paleontólogos Philip J. Currie de Canadá y Rodolfo Coria de Argentina, quienes lo describirían más tarde, en 2006. El hallazgo fue sorprendente no sólo por el hecho de tratarse de una nueva especie de terópodo gigante, sino también porque consistía en un grupo de sobre siete individuos de la misma especie, tratándose de lo que los científicos llaman "una cama de huesos". Los huesos recuperados entre todos los especímenes conforman la mayor parte del esqueleto, proporcionando así una visión bastante certera de cómo lucía el animal. En la publicación de 2006, Currie y Coria nombran a su descubrimiento "Mapusaurus roseae", aludiendo a la etnia mapuche (que significa "de la Tierra") que habita la zona donde fue encontrado.

Tamaño
El Mapusaurio es uno de los terópodos más grandes encontrados hasta el momento. Sin embargo, no existe certeza sobre qué tamaño alcanzaba y sus estimaciones varían notablemente. El ejemplar más largo del cual Coria y Currie proveen una estimación consiste en un fémur cuyas medidas permiten calcular que el animal completo pudo haber alcanzado los 10.2 metros de longitud. No obstante, Coria y Currie mencionan la presencia de ejemplares más grandes. Basándose en uno de los especímenes de mayor tamaño, algunos expresan que esta criatura pudo haber alcanzado cerca de 12.2 metros de largo o incluso un poco más. Entre los especímenes más grandes, se encuentra una fíbula y un eje del pubis que parecen superar las dimensiones de los del holotipo del Giganotosaurio carolinii. De acuerdo a la estimaciones calculadas a partir de estos ejemplares, se especula que el Mapusaurio pudo alcanzar una longitud máxima de 13.4 metros, aproximadamente, rivalizando en tamaño con el T-rex, el Carcharodontosaurio y el Giganotosaurio. Sin embargo, es de reconocer que dichas estimaciones aún son objeto de debate y deben ser evaluadas con mayor precisión.

Hábitat
El Mapusaurio habitó lo que en la actualidad es Argentina hace 97 a 94 millones de años, cuando ésta consistía en un paisaje dominado de grandes bosques, valles, zonas pedregosas y amplios terrenos abiertos cercanos al océano que ocasionalmente eran afectados por actividad volcánica. En este ecosistema variado, el Mapusaurio cazaba presas que variaban desde enormes saurópodos tinanosáuridos como el Argentinosaurio, hasta pequeños ornitópodos como el Loncosaurio, además de que probablemente encontraría competencia en otros terópodos que incluían dromeosáuridos unenlangíidos, abelisáuridos e incluso otras especies de carcarodontosáuridos como el Giganotosaurio.

Comportamiento

Cerca de siete especímenes de Mapusaurio de diversas edades fueron recuperados de la Formación de Huincul durante los cuatro años de excavación del "Proyecto Dinosaurio", sugiriendo la posibilidad de que se tratara de una familia y a su vez, de un posible yacimiento que indicaría comportamiento grupal en terópodos de gran tamaño. No obstante, no se descarta la posibilidad de que la acumulación de estos ejemplares se deba a los efectos posteriores de un fenómeno natural que ocasionara una muerte en cadena como por ejemplo, el estancamiento en un pozo de brea o el arrastre durante una inundación y que los individuos no necesariamente hayan muerto en el mismo lugar al mismo tiempo. Sin embargo, la escasez de fósiles de otras especies parece contrastar con esta hipótesis, por lo que la mayoría de los expertos coincide en que lo más probable es que los individuos formaran parte de un grupo posiblemente familiar y que hayan muerto juntos durante una catástrofe natural desatada en una zona particular. De ser esto cierto, el Mapusaurio sería el primer terópodo de gran tamaño del cual se obtiene evidencia fósil que indicaría un comportamiento social relativamente complejo. De hecho, es razonable pensar que el Mapusaurio adoptara un estilo de vida grupal que le facilitara el cuidado de las crías. Además, el congregarse en grupos le permitiría derribar presas de gran tamaño como los saurópodos con los que cohabitó. Sin embargo, considerando que esta teoría fuese cierta, es de mencionar que se desconoce cómo estarían estructurados estos grupos y por tanto, existe controversia sobre cómo sería la interacción entre los individuos que los conformaban sobre todo, durante la adquisición de alimento y la reproducción.

10 de enero de 2014

Según el Lector: La Dieta de los Oviraptóridos

Saludos, estimados lectores. Pues dado que cerramos el año pasado con una serie de dinofichas, quisiera abrir este con algo distinto. Así que hoy publico la primera entrada del 2014 como parte del proyecto "Según el Lector". Esta vez, tratando sobre un tema que se ha vuelto bastante intrigante y controversial desde los últimos años: la dieta de los oviraptóridos.

Desde que el Oviraptor fue descubierto, se pensó que éste era un animal exclusivamente carnívoro que incluso osaba a robar nidos de otros dinosaurios para alimentarse de sus huevos, ya que el primer ejemplar fue encontrado sobre un nido erróneamente asignado al género Protoceratops. Eventualmente, se descubriría que el mismo pertenecía al propio "ladrón de huevos" (significado del nombre 'Oviraptor') y que éste en lugar de robarlos, en realidad los estaba empollando en el momento en que murió. No obstante, la idea de que el Oviraptor y sus relativos se alimentaban de huevos no fue descartada y aún hoy es bastante aceptada entre la comunidad científica. La mayoría sugiere que los picos de los oviraptóridos pudieron haber sido utilizados para romper la cáscara de un huevo y otros tipos de cascarones, tales como la concha de algunos invertebrados, permitiéndole alimentarse de éstos. Sin embargo, algunos observadores han advertido que los picos de los oviraptóridos son más semejantes a los de los dicynodontes que vivieron entre el Pérmico y el Triásico y a los de otros animales que generalmente se consideran herbívoros, tales como las tortugas y los loros.

Ilustración de Fabio Pastori

De hecho, hay quien sostiene que los oviraptóridos pudieron haber empleado sus picos para mordisquear semillas o arrancar tubérculos de plantas en lugar de quebrar cascarones de huevos y conchas, ya que los animales con adaptaciones especializadas para comer alimentos acorazados suelen presentar picos gruesos o dientes amplios para triturar. Las fauces de los oviraptóridos en cambio, tenían bordes finos y sus picos eran relativamente estrechos y afilados. Por lo tanto, hay quien  duda que éstos fueran muy aptos para quebrar cascarones, contrario a lo que se suele pensar.

Ilustración del usuario Yoult de Deviantart

Esta línea de pensamiento es reforzada por el hecho de que, como lo han demostrado algunos hallazgos, la mayoría de los oviraptorosaurianos basales, como el Caudipteryx y el Incisivosaurio eran principal o exclusivamente herbívoros. De modo que no es de sorprender que los más avanzados, como los oviraptóridos también lo fuesen. No obstante, existen pruebas que éstos últimos también asumían una dieta carnívora. Un ejemplo puede verse en  el hallazgo de huesos de una lagartija primitiva en la cavidad estomacal de un ejemplar de Oviraptor y otro en el hallazgo de cráneos de crías de Byronosaurios (una especie de troodóntido) dentro de un nido de Citipati. Estos ejemplares sugieren que los ovirraptóridos o al menos, algunos de ellos se alimentaban de otros animales, indicando hábitos carnívoros, lo cual no es extraño al considerar que pese a que sus picos y dientes quizá no estuviesen diseñados para quebrar material de coraza, eso no significa que no lo estuviesen para penetrar carne o incluso huesos de animales pequeños en comparación. Por otra parte, hay quien sostiene que los picos, pese a su diseño, eran lo suficientemente fuertes como para triturar el cascarón de un huevo o la concha de varios invertebrados que pudieran encontrarse en su entorno y que si bien eran capaces de triturar semillas y cortezas duras, también lo serían de romper cascarones y por lo tanto, es probable que el grupo tuviera bien merecida su reputación de "ladrones de huevos".

Ilustración de Todd Marshall

Estos hallazgos y estudios han dado lugar a una nueva teoría que se ha estado discutiendo con bastante esmero desde los últimos años: los oviraptóridos fueron probablemente omnívoros. Sin embargo, es difícil determinar si su dieta carnívora estaba sustituyendo a la dieta herbívora de sus antepasados. Aquellos que sugieren que los oviraptóridos conservaban y continuaban desarrollando un hábito principalmente herbívoro sostienen que el grupo se desarrolló de esta manera desde un principio, como lo han demostrado los miembros primitivos del grupo y que esto les permitiría encontrar alimento con mayor facilidad y reduciría los riesgos que exige la zoofagia en su ecosistema. Los que sostienen que su alimentación carnívora estaba empezando a convertirse en su hábito principal de adquisición de comida, exponen que el grupo había perfeccionado aquellas características que le permitieran adaptarse mejor a su entorno, el cual se hacía cada vez más cálido y más escaso en vegetación, lo que aumentaría la competencia con dinosaurios estrictamente herbívoros. Los expositores de esta teoría sugieren que ésta habría sido una de las razones por la que algunos miembros de la familia comenzaron a presentar un aumento drástico de tamaño, como lo es el caso del Gigantoraptor. Hay incluso algunos que tomando esta aseveración como punto de partida, especulan que el grupo ya estaba diseñado para llevar una dieta completamente carnívora y que estaba en vías de desarrollar adaptaciones que le permitieran llevar un estilo de vida más arriesgado y cazar presas más avanzadas como consecuencia de la rivalidad con otros depredadores.

Ilustración de Zhao Chuang y Xing Lida

¿Qué piensas tú? ¿Consideras que los oviraptóridos eran meramente carnívoros? ¿Opinas que eran omnívoros? De ser así, ¿crees que se alimentaban principalmente de carne o de vegetación? ¿Piensas que un hábito alimenticio estaba sustituyendo al otro? ¿Crees que sus picos eran aptos para quebrar el cascarón de un huevo? ¿Tienes alguna otra teoría sobre su alimentación? No dudes en compartir tu opinión.

31 de diciembre de 2013

Dinoficha: Espinosaurio

Muy bien, estimados lectores. El 2013 está llegando a su fin y quisiera cerrarlo con algo grande. Y ¿qué mejor forma de hacerlo que con la dinoficha del terópodo más grande hasta ahora conocido? Sabrán que me refiero también a un dinosaurio bastante reconocido desde los inicios de este siglo. Así es. Hablo de...¡El famoso Espinosaurio!

Espinosaurio


Localización: África del Norte
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Espinosáurido
Especies: S. aegyptiacus, S. marocannus
Significado del nombre: Lagarto con Espinas
Tamaño: 16 a 18 metros de largo (especulación)
Período: Cretáceo
Dieta: Combinación de Piscívora y Carnívora

Características
El Espinosaurio es un dinosaurio tan bizarro como enigmático. Se conoce sólo por una pequeña cantidad de fósiles, pero su aspecto ha sido descifrado con precisión gracias a algunos registros de fósiles y documentos recopilados. Éstos sugieren que el Espinosaurio era miembro del grupo al que pertenecían el Baryonyx, el Suchomimus y otros terópodos similares, los cuales se caracterizan por poseer mandíbulas estrechas y achatadas, con una estructura similar a la de los cocodrilos. Además de presentar estas características, algunos restos de las mandíbulas del Espinosaurio nos dicen que ésta constaba de una cantidad aproximada de 38 dientes en la mandíbula superior y 30 en la inferior, sumando un total de 68 dientes. Los dientes eran cónicos y poco curvados y, a diferencia de la estructura dental observada en la mayoría de los terópodos, el extremo del hocico del Espinosaurio contenía dientes sumamente largos. Tras éste se situaba una especie de diastema con una escasa presencia de dientes y terminaba uniéndose a los maxilares. Estos pocos fósiles de mandíbula hallados también han permitido calcular que la longitud del cráneo de este animal fue probable y aproximadamente de 1.75 metros, lo que a su vez, permite deducir que el animal completo pudo haber alcanzado una longitud oscilante entre 16 y 18 metros, siendo el mayor terópodo hasta ahora encontrado. Al igual que el Baryonyx y el Suchomimus, es probable que el Espinosaurio poseyera brazos largos y fuertes, provistos de enormes garras curvas, siendo la del primer dígito, particularmente, muy larga y en forma de garfio, además de presentar una cresta estrecha en la parte superior del cráneo. Sin embargo, la característica más destacada de esta criatura y la que le dio su nombre fueron las sorprendentes elevaciones que sobresalían de sus vértebras (Espinosaurio significa “lagarto con espinas”). Éstas están formadas por espinas neurales, algunas de las cuales se extienden casi 2 metros sobre el lomo el animal, formando una estructura ósea similar a una vela o a una joroba en forma de semicírculo.

Descubrimiento e Historia
Los primeros fósiles de Espinosaurio fueron descubiertos en 1912 por el paleontólogo alemán Ernst Stromer von Reichenbach y su asistente de campo, Richard Markgraf, en una expedición realizada a la Formación Bahariya, en Egipto. Su hallazgo incluía huesos maxilares fragmentarios, un dentario incompleto de 75 cm de largo, 19 dientes, 2 vértebras cervicales incompletas, varias costillas, una gastralia, 8 centros caudales y lo más impresionante, 7 vértebras dorsales con largas espinas neurales bien conservadas. Más tarde, en 1915, el mismo Stromer nombró su descubrimiento “Spinosaurus aegyptiacus”, literalmente, “Lagarto con Espinas de Egipto”, aludiendo a la asombrosa longitud de las espinas neurales. Debido a los pocos restos hallados, en su descripción, Stromer ilustró al Espinosaurio como un carnosaurio similar al Megalosaurio, con un cráneo profundo y brazos relativamente cortos. No sería hasta 1989 que Gregory S. Paul propusiera un aspecto diferente para este terópodo. El espécimen de Stromer fue exhibido en Museo de la Alte Academie, en Munich, Alemania, pero lamentablemente, fue destruido junto con el museo en 1944 por los bombardeos en la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, algunas fotografías y documentos pudieron recuperarse.

En 1996, un descubrimiento sin precedentes tuvo lugar cuando Dale Russel estudiaba unos huesos provenientes de una formación en Kem Kem, Marruecos. Éstos consistían en una vértebra cervical central, un dentario anterior y otro central y un arco neural dorsal. El único dinosaurio al que parecían asimilarse era al Espinosaurio descubierto casi un siglo antes por Ernst Stromer. De esta forma, Russel lo asignó al género Spinosaurus, aunque propuso que se trataba de una especie diferente a la que llamó “Spinosaurus marocannus”, que significa “Lagarto con Espinas de Marruecos”. Posteriormente, en 1998, junto a Philippe Taquet, Russel describió otro ejemplar que incluía un premaxilar parcial, un maxilar parcial, el vómer y fragmentos del dentario. Este nuevo ejemplar confirmaría la verdadera apariencia del Espinosaurio, sugerida por Paul 9 años antes: un dinosaurio muy similar al Baryonyx, siendo más grande y con espinas neurales de gran longitud.

Más tarde, en 2005, Cristiano Dal Sasso y sus colegas del Museo Cívico de Historia Natural en Milán, describieron otro espécimen proveniente Kem Kem. Este hallazgo, a pesar de que sólo consiste en un premaxilar, un maxilar parcial y partes del nasal, tenía la particularidad de pertenecer a un ejemplar adulto, lo que permitió a los paleontólogos ampliar sus estimaciones para el tamaño del Espinosaurio. No obstante, la imagen del Espinosaurio se definiría aún más con una cresta encontrada en un segundo ejemplar descrito por Dal Sasso ese mismo año.

Elevaciones Vertebrales
La característica que más resalta en el Espinosaurio son las sorprendentemente largas espinas neurales que forman grandes elevaciones en sus vértebras, las cuales podían extenderse casi 2 metros sobre el dorso del animal. La función de estas prolongaciones sigue siendo un misterio para los paleontólogos, pero se han propuesto varias teorías. La más aceptada hasta el momento es que éstas estaban unidas por una fina capa de piel que cubría una serie de vasos sanguíneos, formando una especie de vela. Esta “vela dorsal” pudo haber servido como un aparato biológico de termorregulación que liberaba o absorbía calor gracias a la presencia de los vasos sanguíneos. Otra teoría sobre el uso de esta vela sugiere que ésta servía para comunicación corporal, de modo que pudo haber sido una estructura de coloración brillante, aunque hay quien teoriza que el Espinosaurio pudo haber tenido la capacidad de bombear sangre hacia la vela mediante los ductos sanguíneos, permitiendo que ésta cambiara de color para atraer la atención del sexo opuesto o bien, para intimidar a sus rivales, aparentando ser más grande de lo que es. No obstante, otra línea teórica sugiere que las elevaciones vistas en el lomo del Espinosaurio sostenía, más que una vela, una especie de joroba que le permitía almacenar grasa, dándole al animal la capacidad de acumular grandes cantidades de energía aún cuando no dispusiera de mucho alimento. El mayor exponente de esta teoría es el paleontólogo Jack Bowman Bailey, quien consideró que la estructura ósea observada en las espinas neurales del Espinosaurio se asemeja a la observada en el lomo de animales con joroba, como el bisonte.

¿El Terópodo más Grande Conocido?
A pesar de la escasez de material fósil, recientemente los expertos han sido capaces de realizar varias investigaciones sobre el tamaño del Espinosaurio. De hecho, incluso el ejemplar de Stromer, tratándose de un espécimen sub-adulto, mostraba ser un terópodo de grandes proporciones. Actualmente, algunos expertos le han asignado una longitud de 14 metros basándose en los documentos que aún se conservan sobre éste. Teniendo esto en cuenta, entre las décadas de 1980 y 1990, varios paleontólogos sugirieron que un ejemplar adulto pudo haber alcanzado una longitud cercana a los 15 metros. No obstante, hallazgos y estudios más recientes han dado lugar a estimaciones más osadas. El cráneo parcial descrito por el equipo de Cristiano Dal Sasso en 2005, por ejemplo, pertenecía a un animal adulto y mide cerca de 1.75 metros. Basándose en estas medidas, Dal Sasso y su equipo dedujeron que el animal completo pudo haber alcanzado los 16 o incluso, los 18 metros de longitud, además de llegar a un peso oscilante entre las 7 y las 9 toneladas (algunos, incluso, han propuesto un peso de hasta 14 toneladas), convirtiéndolo en el mayor terópodo conocido, superando al Carcharodontosaurio, con el cual compartió su hábitat, e incluso al Gigantosaurio carolinii, el terópodo más grande del cual se tiene buena evidencia (rivalizando éstos con el T-rex). De acuerdo a estos estimados, la altura de este terópodo oscilaría entre 4 y 4.5 metros hasta las caderas (aproximadamente, 6 metros hasta la punta de la vela). Sin embargo, estas estimaciones y el estudio de Dal Sasso en sí han sido objeto de polémica desde su publicación. Diversas estimaciones para la longitud de esta criatura se han propuesto durante la última década y éstas varían desde medidas moderadas de, aproximadamente, 13 metros hasta los exorbitantes 18 metros propuestos por Dal Sasso y otros investigadores (hasta ahora, las mayores estimaciones sugeridas para un terópodo). Hasta no encontrarse más material fósil de buena calidad, el tamaño del Espinosaurio y su lugar en la escala como el terópodo más grande continuarán siendo un enigma. Aún así, es sabido que el Espinosaurio es uno de los mayores terópodos conocidos por la paleontología, si no el mayor.

Hábitat
El Espinosaurio vivió en lo que hoy es el Desierto del Sahara, en el Norte de África, desde hace 112 a 94 millones de años atrás, a mediados del Cretáceo. Durante ese tiempo, lo que en la actualidad es el desierto más grande y cálido del planeta, estaba compuesto por llanuras inundables, pantanos e incluso pequeñas selvas tropicales. No obstante, también había extensas sabanas, terrenos áridos y bosques secos, en los que abundaban las grandes manadas de saurópodos migrantes, siendo perseguidas por enormes carnosaurios como el Carharodontosaurio. Lo más sorprendente, sin embargo, es que esta parte del continente colindaba con el mar por el Norte, el Este y el Sudoeste. Lo más probable es que el Espinosaurio habitara en las zonas más húmedas, en las que se alimentaba de los peces y animales pequeños que aprovechaban los recursos que proveían estos paisajes. No obstante, debido a la ubicación geográfica de de estas llanuras, la estación seca en las mismas tendía a ser muy intensa, por lo que es probable que los habitantes de estas áreas húmedas y exuberantes, como el Espinosaurio, se vieran obligados movilizarse a las costas marítimas, en busca de su principal fuente de alimento.

Comportamiento
Poco se sabe sobre el comportamiento del Espinosaurio debido a la escasez de material fosilizado. Sin embargo, al considerar que esta criatura, como todos los espinosáuridos, parece compartir varias características con los cocodrilos y que su dieta era mayormente piscívora, los paleontólogos especulan que pasaba la mayor parte de su vida cerca de los grandes cuerpos de agua, alimentándose de los enormes peces que en ellos abundaban y del mismo modo, de los pterosaurios y dinosaurios de pequeño tamaño que se beneficiaban de estos recursos de agua.  En cuanto a su comportamiento social, teniendo en cuenta la probabilidad de que este terópodo haya sido el mayor depredador de la zona, considerando además el tipo de presas del que se alimentaba, algunos especulan que el Espinosaurio fue un animal mayormente solitario y territorial. Si bien es cierto que otros terópodos de gran tamaño tendían a cazar en grupo y que incluso los cocodrilos lo hacen en la actualidad, es de reconocer que el tipo de presas que cazaba el Espinosaurio era muy distinto al de los anteriores. Es decir, mientras algunos carnosaurios grandes como el Carcharodontosaurio debían atacar grupalmente a presas imponentes como el Paralititán y otros saurópodos, el Espinosaurio se limitaba a peces, pterosaurios y dinosaurios mucho más pequeños que él debido a su delicada estructura mandibular, siendo éstas presas por las que es preferible competir que compartir. Es probable, sin embargo, que, durante la época de reproducción, hubiera algún tipo de agrupación en el que se llevaba a cabo la selección de pareja. Probablemente entre los machos surgirían confrontaciones consistentes en mostrar las velas dorsales con el objeto de intimidar a los oponentes y ganar acceso a las hembras. Un macho se reproduciría con varias hembras y, de igual forma, las hembras tendrían múltiples parejas, similar a como ocurre con los cocodrilos. Al finalizar la época de reproducción, estos grupos se dividirían y las hembras quedarían a su propio destino para desovar y cuidar individualmente de sus crías durante un corto período de tiempo.

22 de noviembre de 2013

Dinoficha: Megaraptor

Saludos, estimados lectores. Lamento todo este tiempo sin publicar nada en el blog, pero hoy vuelvo con la dinoficha de un terópodo con una historia muy peculiar que vale la pena conocer. Esta entrada será de gran interés para muchos de ustedes, pero quizá especialmente, para nuestros lectores de Argentina, tierra que hace millones de años fue el hogar de impresionantes especies de dinosaurios, incluyendo al que hoy dedicamos esta nueva ficha: El Megaraptor namunhuaiquii.

Megaraptor
Ilustración de Christopher Chávez

Localización: Sudamérica
Clasificación: Saurischia, Terópodo, Neovenatórido
Significado del nombre: Gran Ladrón
Tamaño: 8 metros de largo
Período: Cretáceo
Dieta: Carnívoro

Características
Dado que el Megaraptor sólo se conoce por unos pocos esqueletos incompletos, es escasa la información que se tiene sobre su apariencia física, pero sus restos revelan que fue un dinosaurio carnívoro de mediano tamaño, alcanzando una longitud de hasta 8 metros. Por otra parte, gracias al conocimiento que se tiene de otros terópodos que junto con él conforman la familia de los neovenatóridos, los expertos especulan que debió contar con fuertes patas traseras que le permitirían desplazarse velozmente durante un corto período de tiempo, pese a que en contraste con otros miembros de dicha familia, su contextura corporal era bastante robusta, lo que sugiere que se trataba de un género avanzado de la misma, siendo clasificado en una subfamilia de neovenatóridos llamada precisamente, megaraptora. La característica más resaltante del Megaraptor es una enorme garra de 42 centímetros ubicada en el primer dedo de cada pata delantera, lo que lo asemejaba a los espinosáuridos. Estas garras, sin embargo, eran más curvas que las que presentaban éstos últimos, tenían forma de hoz, siendo bastante similares a las que presentan los dromeosáuridos en el segundo dedo de sus patas traseras. No es de sorprender que sus brazos también fueran inusualmente largos y que estuvieran provistos de fuertes músculos, lo que indica que las patas delanteras eran una herramienta de gran importancia para el Megaraptor a la hora de derribar a sus presas o de luchar contra un posible rival.

Descubrimiento e Historia
El Megaraptor fue descubierto en 1996 por el paleontólogo argentino, Fernando E. Novas. Este primer fósil sólo consistía en una garra, siendo la más grande vista en un dinosaurio carnívoro. Basándose en la forma y el tamaño de la garra, Novas clasificó al nuevo terópodo como el mayor dromeosaurio jamás encontrado y así lo publicó en su descripción en 1998 con el nombre “Megaraptor namunhuaiquii”, que significa “ladrón gigante con lanza en el pie”. Se pensó que el Megaraptor pertenecía al grupo de los unenlangíidos (una rama de la familia de los dromeosaurios muy poco conocida entonces) e incluso, se consideró como la versión adulta del Unenlagia comahuensis. No fue hasta 2004 que Novas, junto a varios colegas, incluyendo a Jorge O. Calvo descubriera y describiera un ejemplar que consistía en un brazo completo, el cual revelaría que la garra en realidad pertenecía a las patas delanteras y no a las traseras como en los dromeosáuridos. El hallazgo de este nuevo fósil desmintió la idea de que el Megaraptor fue el dromeosaurio más grande conocido, pero abrió paso a un intenso debate sobre su clasificación, ya que los pocos fósiles conocidos presentaban características de diversos tipos de terópodo. Finalmente, en 2010, Roger Benson, Matthew T. Carrano y Stephen L. Brusatte describieron una nueva familia de terópodos allosauroides a la que nombraron “neovenatóridos”, familia a la que fue asignado el Megaraptor tras el hallazgo de un miembro de este grupo descubierto en Australia, el cual presenta múltiples características que lo asemejan al Megaraptor. Sin embargo, en 2012, Novas estipuló que, a diferencia de sus parientes más primitivos, el Megaraptor compartía más rasgos con los coelurosaurios que con los carharodontosáuridos, lo que de probarse, lo ubicaría fuera de la familia de los neovenaóridos.

Garras en Forma de Hoz
El Megaraptor es conocido por sus garras inusualmente largas en el primer dedo de sus patas delanteras. Éstas llegaban a medir hasta 42 centímetros de largo y eran considerablemente gruesas. Por si fuera poco, es probable que estuviesen cubiertas por una capa de queratina, lo que las haría aún más voluminosas, alargadas y puntiagudas. Estas garras eran, sin duda, un arma letal que el dinosaurio utilizaba para rasgar a sus víctimas. Se cree que el Megaraptor se valía de éstas para desgarrar la carne de grandes presas, como los saurópodos, rasgándola continuamente y de esta forma, desangrarlas hasta que cayeran debilitadas y exhaustas. Es probable que también la utilizaran contra miembros de su propia especie en competencias por el alimento o por el derecho a reproducirse.

Hábitat
Hace aproximadamente 90 millones de años, en la época del Megaraptor, Argentina estaba cubierta de grandes bosques, valles y terrenos abiertos cercanos al océano, el cual servía de desembocadura para numerosos y prominentes ríos que abastecían la zona. En ese entonces, el entorno era afectado por una actividad volcánica irregular que gradualmente contribuía a la transformación del paisaje. El Megaraptor compartía este hábitat cambiante con herbívoros que incluían enormes saurópodos como el Futalognkosaurio y con diversos tipos de ornitópodos, además de hacerlo con otros terópodos que incluían alvaresáuridos como el Patagonikus, dromeosaurios unenlangíidos, como el Unenlagia y con abelisáuridos y allosauroides carcharodontosáuridos en los que encontraría competencia por el alimento.

Comportamiento
Poco se conoce sobre los hábitos de este enigmático dinosaurio. Sin embargo, basándose en el hallazgo de fósiles de otros neovenatóridos pertenecientes a varios individuos y considerando que los dinosaurios herbívoros más abundantes de la zona eran saurópodos de gran tamaño, los científicos teorizan que el Megaraptor pudo haber adoptado una conducta grupal. Esto le facilitaría la caza de presas de gran magnitud y les proporcionaría mayor seguridad a los individuos jóvenes a fin de garantizar la supervivencia de las próximas generaciones.